¿Cómo calcula nuestro cerebro el tiempo que pasa? Depende de cómo nos movamos
Cuanto más rápido aprendes a iniciar un movimiento, más se alarga tu percepción del tiempo, según un nuevo estudio con EEG en 40 voluntarios.
¿Eres una de esas personas que es capaz de decir con precisión si han pasado 10 minutos o media hora? un nuevo estudio nos da pistas sobre cómo nuestro cerebro aprende a calcular el tiempo, y el movimiento tiene mucho que ver. Cuando aprendes a tocar un acorde de guitarra, a ejecutar un saque de tenis o simplemente a cerrar con rapidez una puerta difícil, algo en el cerebro cambia que va más allá del músculo que usamos para movernos.
El estudio publicado en iScience ha registrado por primera vez que la práctica de un movimiento nuevo distorsiona la percepción del tiempo. Las personas que aprenden a iniciar un gesto más rápidamente también empiezan a percibir los estímulos de su entorno como más duraderos de lo que son, y el efecto crece a medida que mejora la habilidad.
La percepción temporal (la capacidad del cerebro para estimar cuánto dura un evento) y el aprendizaje motor (el proceso por el que el sistema nervioso perfecciona la ejecución de movimientos) se habían estudiado durante décadas como sistemas separados. Ahora parece que comparten recursos.
La hipótesis del equipo, liderado por Nicola Binetti en la Universidad de Roma Tor Vergata, es que la preparación motora (el estado de alerta previo al movimiento, los milisegundos en que el cerebro organiza la orden antes de enviarla al músculo) actúa como referencia interna para calcular el tiempo. Si eso es así, mejorar en la preparación debería alterar la forma en que el cerebro registra la duración de lo que ocurre a su alrededor mientras se prepara.
Una tarea y una luz que hay que evaluar
Los investigadores reclutaron a 40 adultos diestros y les pidieron que alcanzaran con la mano objetivos que aparecían en pantalla. Al mismo tiempo, debían comparar la duración de una luz breve con una referencia fija de 0,84 segundos e indicar cuál les parecía más larga. Mientras practicaban, llevaban electrodos en el cuero cabelludo que registraban su electroencefalografía (EEG), la actividad eléctrica del cerebro con resolución de milisegundos.
El diseño permitía aislar el efecto de la preparación motora, porque la tarea de juzgar el tiempo era siempre la misma y solo cambiaba la condición del movimiento. Los ensayos alternaban entre dos condiciones. En una, los participantes recibían preaviso del objetivo y podían preparar el movimiento con antelación. En la otra, actuaban sin preaviso. Solo en la condición con preparación previa se observaron las distorsiones temporales.
El efecto crece con la práctica
Con la práctica, los participantes iniciaron sus movimientos más rápido, algo esperable. Lo que no era tan esperado fue que, al mismo tiempo, empezaron a percibir las luces como si duraran aproximadamente un 25% más de lo que marcaba la referencia. La distorsión se hizo más pronunciada a medida que la habilidad mejoraba. Las personas que más acortaron su latencia de inicio del movimiento (el tiempo que transcurre entre la aparición del objetivo y el comienzo del gesto) también mostraron el mayor alargamiento del tiempo percibido. La dirección y la distancia del movimiento no tenían ningún efecto. Lo que importaba era únicamente el hecho de haber preparado y perfeccionado el gesto.
El cerebro usa sus propios circuitos de acción como reloj
El EEG reveló que la preparación motora modificaba la forma en que el cerebro decodificaba la información temporal, tanto durante el intervalo de luz como después de que esta desapareciera. Los patrones de actividad cerebral asociados a la planificación del movimiento aparecían en las mismas ventanas de tiempo en que el cerebro registraba la duración del estímulo. Los autores interpretan esto como evidencia de que la preparación motora sirve de referencia interna para estimar el tiempo. El reloj cerebral no opera de forma independiente: se apoya en las señales del mismo sistema que prepara la acción.
Los terapeutas de rehabilitación saben desde hace tiempo que el entrenamiento motor mejora también funciones cognitivas aparentemente no relacionadas. Este estudio sugiere que la percepción del tiempo podría ser una de ellas. En el deporte y en el aprendizaje de instrumentos musicales, la sensación de que el tiempo se ralentiza cuando uno domina una habilidad tiene ahora una pista neural concreta. La fase de práctica, con sus torpezas y correcciones, no es solo el camino hacia el movimiento eficiente. Es también el momento en que el cerebro reescribe su reloj.
REFERENCIA
Perceptual lengthening of visual time throughout learning of hand-reaching actions. Binetti N, Mancinelli F, Zanon M, Bueti D. iScience, 2026.
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