Mar Sánchez Somolinos, microbióloga: "Hay mucha pseudociencia sobre todo esto de la microbiota"

Cada vez hay más experimentos que encuentran funciones asombrosas de la microbiota intestinal, pero ¿tienen aplicación? La microbióloga Mar Sánchez Somolinos nos lo explica
En 2006 los científicos trasplantaron heces de unos ratones a otros. La idea era pasarles, junto con la caca, las poblaciones de bacterias que habitan en su intestino, igual que en el nuestro. Los ratones donantes eran obesos, los reeptores no, pero en dos semanas se volvieron obesos.
En otro experimento de 2016 se trasplantaron heces de personas deprimidas a ratones sanos. Los ratones empezaron a dar señales de depresión. En 2019 el trasplante de heces también alargó la vida de ratones con envejecimiento prematuro. En otro, más polémico, las heces de niños autistas fueron trasplantadas a ratones, que mostraron signos de autismo.
En un nuevo estudio, la microbiota de ratones ancianos provocó neurogeneración en ratones jóvenes, y se identificó a la bacteria responsable, llamada Parabacteroides goldsteinii, una bacteria cuya abundancia aumenta con la edad y cuya simple colonización bastó para provocar el déficit cognitivo.
Es evidente que las bacterias que habitan en nuestro intestino (y el de los ratones) hacen mucho más que provocar flatulencia. Pero, ¿quiere eso decir que tomando pastillas probióticas con una bacteria concreta nos volveremos más delgados, más inteligentes o más jóvenes? Mar Sánchez Somolinos, especialista en Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón y Jefa de la Unidad de Microbiota de la Clínica Neogenia tiene mucho que decir.
Darío Pescador: Esto de la microbiota me recuerda un poco al clima. Es un sistema con tantos factores y tantas influencias de millones de organismos que es muy difícil hacer predicciones. Solo se pueden identificar tendencias de qué es lo que hace que se mueva en una dirección u otra.
Mar Sánchez Somolinos: Soy microbióloga, he hecho muchos estudios, y parto de una hipótesis y eso te puede llevar a algo. En microbiota hay estudios muy buenos, no te digo que no, de ciencia básica, de laboratorio y de experimentos con animales, pero trasladar eso a la medicina es muy complicado. No pueden decir que vamos a encontrar la bacteria que cubre el Alzheimer, o el autismo. A mí con lo del autismo me matan.
Ya sabemos más de la microbiota a nivel intestinal, obviamente. El eje intestino-cerebro existe, hay conexiones y neurotransmisores inmunomodulados, efectos sobre el nervio vago. Pero hay muchos estudios de caso. No me puedes decir que hay un estudio que describe a un niño que le cambiaron la microbiota y mejoró el autismo. Hay miles de factores alrededor que pueden colaborar.
DP: Lo que parece es que en sentido negativo hay influencias bastante claras, por ejemplo, de la diversidad en la microbiota, que tiene efectos perniciosos.
MSS: La microbiota es un conjunto de millones y millones de bacterias. Ahora estamos dándole muchísima importancia, peor yo cuando empecé a estudiar microbiología era la flora intestinal, no hacíamos nada con ella. Pero es verdad que influye en muchísimas funciones del cuerpo.
Sabemos a nivel intestinal que tiene mucha relación con muchas funciones locales y sistémicas, a través de los ácidos grasos de cadena corta y la inflamación. Claro que tiene una relación directa con el sistema nervioso central, porque tú te pones nervioso y te duele la tripa, ¿no? Me encantaría poder decir que es una bacteria.
Por ejemplo, la kermanssia se ha puesto muy de moda. Es una bacteria que produce más mucosidad, habita en el intestino y está muy relacionada con la obesidad. Se ha visto que los pacientes que se empiezan a pinchar Ozempic tienen una kermanssia más disminuida porque son obesos. Pero ¿cómo hago para ponerle esa kermanssia a un paciente y que mejore? Ahí es donde yo veo el punto ahí de inflexión.
Hay algunas bacterias que tienen unas funciones neuromoduladoras, que te ayudan a producir más tritófano o más GABA o más serotonina, pero ¿cuánto llega de eso al cerebro? Pues un porcentaje muy bajo.
DP: Parece haber una tendencia en medicina a encontrar una solución única, un único compuesto que arregle una situación. Ha ocurrido con los antidepresivos, con los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, y se ha visto que no es la falta de serotonina la que causa la depresión. Pero hay intereses económicos para ver cierto resultado. ¿Está ocurriendo lo mismo con la microbiota?
MSS: He participado en muchos ensayos clínicos de antibióticos. Para sacar un antibiótico al mercado, se hacen estudios muy regulados donde se intentan cuantificar todas las variables posibles para ver si ese fármaco es no inferior a otro, ni siquiera ya superior.
Con un estudio no puedo inferir si, de aquí a 10 años, habrá una bacteria para los síntomas del Alzheimer o mejorar la memoria
Con la microbiota no se hace eso. Por ejemplo, los probióticos no tienen la misma regulación que un fármaco, y nadie va a poner dinero para hacer un ensayo sobre probióticos. Hay ensayos en Estados Unidos y en China ahora, pero necesitas estudios muy exhaustivos y muy caros para saber si tal bacteria puede ser buena para el intestino irritable.
Falta ciencia, falta mucha ciencia. Hay muchas revistas científicas que publican a cambio de pagar.
Hay mucha pseudociencia, en mi opinión, sobre todo esto de la microbiota. Con los estudios tan bonitos como este de los ratones y el sistema nervioso puedes decir, wow, qué chulo. Pero de ahí yo no puedo inferir si, de aquí a 10 años, habrá una bacteria que me permita controlar los síntomas del Alzheimer o mejorar la memoria.
DP: Volviendo al día a día de la gente, quizá esté más claro que una dieta de alimentos ultraprocesados es capaz de alterar la microbiota de una forma que no es saludable y puede desencadenar a largo plazo el riesgo de enfermedades neurodegenerativas o el de enfermedades metabólicas como la diabetes.
MSS: Claro, yo creo que la dieta lo más importante. Afortunadamente vivimos en España y la dieta mediterránea es la mejor, eso está clarísimo, con más fibra vegetal. Una mala alimentación provoca un estado de inflamación crónica a nivel digestivo y a nivel sistémico. Y con todo eso, la microbiota se altera, desde luego, y colabora también a ese estado de inflamación. La dieta, desde luego, es lo primero para intentar que tu microbiota sea lo más diversa posible, lo más sana posible.
Cuanto mejor te alimentes, mejor vivas y menos estrés tengas, mejor va a ser tu microbiota.
Es lo que transmito a mis pacientes. Cuando me vienen queriendo saber cómo está su microbiota les pregunto ¿Tte pasa algo en general? Si no te pasa nada, tampoco le pasa nada a tu microbiota. Lo primero es comer bien. hacer ejercicio, y bajar el estrés, que se ha visto que influye mucho para alterar la diversidad y la cantidad de microbiota.
DP: Recientemente uno de los investigadores que estaba estudiando a los cazadores-recolectores Hadzda de Tanzania, que según los estudios tienen una microbiota mucho más diversa que la de un occidental, se hizo un enema con material fecal de uno de los Hadzda intentando estar tan sano como ellos.
MSS: En el Hospital Gregorio Marañón pusimos en marcha el primer trasplante fecal para una infección en concreto que es por Clostridium difficile, que produce una diarrea que puede ser fatal para el paciente. Cambias una microbiota potencialmente dañada por una flora muy diversa de una persona sana. Pero, ¿cuánto tiempo dura?
DP: Yo supongo que este investigador en África, cuando vuelva a Estados Unidos a comer otra vez burritos y hamburguesas, su microbiota va a volver a adaptarse a lo que tiene en su entorno, y no le va a durar.
MSS: Así es. Uno de los estudios vio que a los seis meses realmente has recuperando la microbiota que tenías antes del trasplante. Influyen tus hábitos, tu dieta, tu sitio, tu forma de vivir. Entonces, cuanto mejor te alimentes, mejor vivas y menos estrés tengas, mejor va a ser tu microbiota.
DP: Hay un caso de estudio con clostridium, en el que se le hizo un trasplante de un donante sano, su hija, y se curó, pero desarrolló obesidad, porque la hija era obesa.
MSS: Claro, es que hay también un riesgo importante. A partir de este año, el trasplante fecal en España va a ser considerado como un trasplante de órganos, o sea, como un trasplante de corazón. Va a haber unos controles súper estrictos.
Falta ciencia, falta mucha ciencia. Hay muchas revistas científicas que publican a cambio de pagar. Todos lo sabemos cuáles son. Pero es verdad que esto avanzará. En el nivel del eje intestino-cerebro, seguro que saldrán cosas maravillosas, pero todavía estamos muy en pañales.
DP: ¿Es posible que con la ayuda de inteligencia artificial se pueda procesar más cantidad de datos y avanzar más rápidamente?
MSS: Para hacer un estudio de microbiota hay diferentes técnicas. Está la metagenómica, que es una locura, en el que buscas ADN en unas muestras de heces. Como microbiólogos, se nos escapan bacterias que ni hemos visto en nuestra vida porque no son patógenas. La inteligencia artificial sí que nos puede ayudar. De hecho, ya la usamos para secuenciación.
Pero a mí también me vienen pacientes con estudios de ADN asustados porque tienen muchas cosas en rojo, y dices, a ver, tú no puedes tener todo esto. Estos estudios se están vendiendo al público online, y son muy difíciles de interpretar, realmente. Y es verdad que la inteligencia artificial ahí podría ayudar muchísimo.
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