Este es el número de bacterias que se intercambian las parejas al besarse
Un beso de 10 segundos transfiere millones de bacterias, y las parejas que se besan varias veces al día terminan con una microbiota bucal prácticamente idéntica
Diez segundos. Es la duración exacta que un equipo de microbiólogos de los Países Bajos escogió para medir algo que ninguna pareja se plantea mientras se besa: cuántas bacterias cambian de boca en ese gesto. La cifra que obtuvieron fue contundente. En un beso íntimo de esa duración viajan, de media, 80 millones de bacterias de una boca a otra, junto con 0,74 mililitros de saliva. El dato, publicado en la revista Microbiome, ayuda a entender qué ocurre de verdad, a nivel biológico, cuando dos bocas se encuentran.
Un yogur probiótico como chivato para contar bacterias
¿Cómo se cuentan bacterias que se mueven de una boca a otra en cuestión de segundos? El equipo, liderado por el microbiólogo Remco Kort, ideó un truco elegante. Antes de un segundo beso experimental, uno de los miembros de cada pareja bebía un batido probiótico cargado de Lactobacillus y Bifidobacterium, dos géneros de bacterias que apenas aparecen de forma natural en la boca humana.
Al besarse, esas cepas, es decir, esas variedades concretas de bacteria, pasaban a la saliva de la otra persona, y los investigadores solo tenían que rastrearlas después. El resultado fue que la cantidad de bacterias probióticas en la saliva de quien recibía el beso se triplicaba. Así confirmaron, con nombres y apellidos bacterianos, algo que hasta entonces era solo intuición.
Besarse mucho sincroniza las bocas, no solo los sentimientos
El hallazgo más interesante no fue la cifra de los 80 millones, sino lo que ocurría con la frecuencia. Cuarenta y dos personas (21 parejas, de entre 17 y 45 años) rellenaron cuestionarios sobre sus hábitos de besos y cedieron muestras de lengua y saliva antes y después de besarse. Las parejas que declaraban besarse al menos 9 veces al día tenían una microbiota salival, el conjunto de bacterias que viven en la saliva, mucho más parecida entre sí que las que se besaban menos.
En otras palabras, cuanto más se besa una pareja, más se parece la composición bacteriana de sus bocas, hasta casi fundirse en una sola comunidad microbiana compartida. Ese parecido, además, es frágil: se diluye en poco más de una hora y 45 minutos sin volver a besarse, porque la saliva se renueva sin parar y arrastra consigo a los microbios recién llegados.
"Queríamos averiguar hasta qué punto las parejas comparten su microbiota oral, y resulta que cuanto más se besan, más se parecen", resumió Kort al presentar los resultados. El estudio también reveló una asimetría curiosa en la percepción: el 74% de los hombres decía besar a su pareja con más frecuencia que ella a él, con una media declarada de 10 besos diarios frente a los 5 que reportaban las mujeres, una diferencia que probablemente dice más sobre cómo cada sexo recuerda y cuenta sus besos que sobre la biología. Sobre los mecanismos hormonales y afectivos que hacen que besar resulte placentero ya hablamos en los mecanismos del beso.
La lengua no juega al mismo juego que la saliva
Aquí aparece el matiz que conviene no pasar por alto antes de sacar conclusiones demasiado rápidas. Mientras la saliva de las parejas se sincronizaba con la frecuencia de los besos, la microbiota de la lengua no mostró ninguna relación con cuánto se besaban. Los investigadores creen que la capa bacteriana de la lengua es más estable y depende más de lo que se come, se fuma o se convive, una dieta compartida, el mismo cepillo de dientes, el mismo baño, que de los besos en sí. La saliva, en cambio, es un fluido de paso que se renueva sin parar y por eso refleja mejor los intercambios recientes.
Conviene recordar también que la muestra era pequeña y muy concreta, 21 parejas neerlandesas, sin representación de otras poblaciones ni edades más avanzadas, así que el umbral exacto de 9 besos diarios no debería tomarse como una receta universal, sino como una señal de que la intimidad física deja una huella medible en el cuerpo. Conviene no olvidar, hablando de bacterias en la boca, que también viajan las que no interesan tanto: los besos pueden contagiar la caries, y cuidar el aliento antes de besar sigue siendo buena idea, como recogíamos al hablar de cómo conseguir un aliento más limpio.
Da qué pensar: cada persona con la que compartes besos habituales deja una firma bacteriana en tu boca, y tú dejas la tuya en la suya. La mayoría de esas bacterias son inofensivas, parte habitual de la flora bucal, así que no hay motivo de alarma. Sí hay, en cambio, un recordatorio curioso: la intimidad tiene una dimensión microscópica y medible. ¿Cuánto de lo que sientes como cercanía con alguien tiene, literalmente, un componente compartido de bacterias?
REFERENCIAS
- Kort, R., Caspers, M., van de Graaf, A., van Egmond, W., Keijser, B., Roeselers, G. (2014). "Shaping the oral microbiota through intimate kissing". Microbiome, 2, 41. PMID: 25408893. https://doi.org/10.1186/2049-2618-2-41
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