¿Qué eran los puntos rojos en la corona del sol durante el eclipse?
Durante el eclipse del 12 de agosto se pudieron observar a simple vista puntos rojos brillantes en la corona solar, un fenómeno frecuente pero normalmente invisible
La superficie del Sol no es un sitio tranquilo. El horno nuclear que alimenta nuestra estrella alcanza los 15 millones de grados, pero ese calor se apaga (ligeramente) al llegar a la superficie, que "solo" está a 5.000ºC.
Pero igual que la atmósfera terrestre tiene turbulencias, la del Sol tiene las suyas. Las corrientes de plasma, que se han podido ver estos días como nunca antes gracias al telescopio Inouye en Hawái, son como una olla en lenta ebullición, que de vez en cuando produce espectaculares borbotones: las llamaradas y las eyecciones solares. Precisamente, esas llamaradas son los puntos rojos que se pudieron observar durante el eclipse, y que hacen que la corona pueda alcanzar una temperatura de uno o dos millones de grados.
Las llamaradas solares son explosiones masivas de energía y radiación en la superficie del Sol. Ocurren cuando los campos magnéticos cerca de las manchas solares se retuerce y reconectan de forma repentina. Duran desde minutos hasta horas y liberan luz y partículas a gran velocidad.
Además, también se puede producir una eyección de masa coronal, una enorme nube de plasma, gas caliente y cargado, que el Sol expulsa con fuerza hacia el espacio. Estas explosiones gigantescas expulsan miles de millones de toneladas de materia solar, van a dos mil kilómetros por segundo y pueden cruzar el sistema solar.
Una erupción solar ocurrida el 8 de agosto produjo una eyección que llegó a la Tierra el 11 de agosto de 2026, lo que que provocó tormentas geomagnéticas moderadas. Los astrofísicos del Centro de Estudios del Cosmos de Aragón (CEFCA) desde donde Quo cubrió el eclipse pudieron detectar esta llamaradas poco antes del eclipse, visible en uno de sus instrumentos:
Cuando se dirigen hacia la Tierra, las eyecciones de masa coronal pueden suponer graves riesgos para las infraestructuras tecnológicas, las redes eléctricas y los satélites. Aunque el campo magnético terrestre protege a los seres humanos en la superficie de cualquier daño directo, existe el riesgo de que afecten a los instrumentos electrónicos.
La tormenta G5 de mayo de 2024 («tormenta Gannon») due la tormenta geomagnética más intensa del siglo XXI, que provocó auroras generalizadas en las bajas latitudes, pequeñas alteraciones en la precisión del GPS para la agricultura y obligó a realizar una maniobra masiva de ajuste orbital de los satélites de todo el mundo.
Las tormentas solares calientan y expanden la atmósfera exterior de la Tierra. Esta expansión aumenta la fricción del aire (resistencia atmosférica) sobre las naves espaciales en órbita baja, lo que reduce su velocidad y provoca que pierdan altitud. Los operadores deben reubicar o impulsar los satélites utilizando el combustible a bordo para evitar que se estrellen o choquen con residuos espaciales.
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