La base lunar de la NASA tiene reactores nucleares y drones saltarines
El plan 'Ignition' contempla 79 lanzamientos y reactores nucleares para establecer una colonia permanente en el polo sur de la Luna antes de 2036.
En el polo sur de la Luna hay cráteres que llevan miles de millones de años sin ver la luz del sol. En esa oscuridad perpetua las temperaturas caen hasta 170 grados bajo cero. La NASA quiere instalar su primera base permanente precisamente ahí, en uno de los entornos más inhóspitos del sistema solar. El plan tiene nombre propio: "Ignition", y la agencia acaba de revelar sus detalles más concretos desde que se anunció el retorno humano a la Luna bajo el programa Artemis.

Tres fases y 79 lanzamientos hasta 2036
La arquitectura de la base se divide en tres fases. La primera (2026-2029) se centra en demostrar que es posible aterrizar de forma fiable en la Luna y sentar las bases tecnológicas. La segunda (2029-2032) construirá la infraestructura básica operativa. La tercera fase, a partir de 2032, instalará una presencia humana semipermanente con astronautas que realizarán estancias de hasta seis meses. El objetivo final es un puesto avanzado completamente operativo en 2036.
Para alcanzarlo, la NASA prevé 79 lanzamientos, 73 módulos de aterrizaje, 10 vehículos de superficie (rovers), 12 drones de salto, cuatro módulos de hábitat y un reactor nuclear de 20 kilovatios. La cifra total estimada supera los 30.000 millones de dólares en once años.
«No vamos a dar el salto directamente a la cúpula de cristal de la base lunar. La base es tan bella como inhóspita», advirtió el administrador de la NASA, Jared Isaacman.
El polo sur, elegido por el agua helada de sus cráteres
La elección del polo sur responde a razones científicas de peso. Los cráteres permanentemente en sombra (denominados "trampas de frío") preservan hielo de agua y materiales del sistema solar primitivo que los científicos llevan décadas deseando analizar. Ese hielo podría transformarse en oxígeno respirable e hidrógeno para combustible, dos recursos fundamentales para cualquier presencia humana prolongada.
El terreno de la zona es el más exigente que ha afrontado la NASA en misiones lunares. A diferencia de los sitios de aterrizaje de las misiones Apolo (elegidos en parte por su topografía llana), el polo sur está plagado de pendientes abruptas y bloques rocosos. La dificultad es tal que, en el siglo XXI, solo ha tenido éxito la mitad de los intentos de aterrizaje no tripulado en la Luna.
Drones saltarines, rovers y un reactor a un kilómetro de distancia
La infraestructura prevista es más compleja que cualquier instalación humana fuera de la Tierra. Los hábitats se situarán en la cima de colinas para maximizar la exposición solar de los paneles fotovoltaicos. El reactor nuclear (20 kilovatios de potencia) se colocará a más de un kilómetro de distancia para reducir la exposición a la radiación.
Los "drones saltarines" de la misión MoonFall (a cargo de Firefly Aerospace, con un contrato de 75 millones de dólares) explorarán la región del polo sur antes de la llegada de los astronautas, saltando de cráter en cráter mediante pequeños cohetes. Para la movilidad en superficie, dos empresas construyen rovers: Astrolab ("Flex") por 219 millones de dólares y Lunar Outpost ("Pegasus") por 220 millones. Blue Origin suministrará los módulos de aterrizaje tripulados con un contrato de 234 millones de dólares por unidad.
Las temperaturas en la superficie van de los 120 grados centígrados bajo la luz directa del sol hasta 170 grados bajo cero en las zonas de sombra permanente. Entre ambos extremos acecha un peligro invisible: el polvo lunar, un regolito cargado electrostáticamente que cubre el suelo en una capa de hasta 20 metros de profundidad, provoca averías en sensores y resulta irritante para los pulmones. Un ingeniero de la agencia lo describió así: «No hay corrientes de aire... el polvo flota ahí como una niebla».
Un calendario con muchos interrogantes
La NASA ya ha afrontado algunos contratiempos. Los dos módulos de hábitat del proyecto Gateway (construidos por Thales Alenia Space para orbitar la Luna) aparecieron corroídos durante la inspección previa y tendrán que repurposarse en lugar de desplegarse según el plan original.
Expertos en política espacial advierten de que el historial del programa no invita al optimismo. La fecha de aterrizaje tripulado se fijó inicialmente para 2024, se desplazó a 2026 y ahora se prevé para 2028. «Hay muchos 'si' ahí dentro... y nunca hay tiempo suficiente», señaló Wendy Whitman Cobb, especialista en política espacial.
Isaacman reconoció que la sostenibilidad del proyecto depende de la participación privada: «No creo que vayamos a tener el tipo de mundo auténticamente espacial que deseamos si se financia perpetuamente con dinero público». El plan Ignition integra contratos con empresas privadas desde la fase de diseño inicial, siguiendo el modelo que la NASA ya aplicó con éxito en el transporte a la Estación Espacial Internacional. El resultado, si todo va según lo previsto, sería la primera colonia humana permanente fuera de la Tierra antes de que acabe la próxima década.
Referencia
- Ignition: NASA's Plan for The Moon — NASA, 2026
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