El Hubble descubre que la Vía Láctea se comió a otra galaxia
El telescopio espacial Hubble revela que apenas 2.000 millones de años después del Big Bang, la Vía Láctea absorbió una galaxia enana.
La Vía Láctea es, en el mejor sentido, una caníbal. A lo largo de su historia ha devorado galaxias menores, incorporando sus estrellas, su gas y sus cúmulos globulares como capas sucesivas de sedimento. El problema es que cuanto más atrás en el tiempo queremos mirar, más difícil resulta distinguir qué era suyo y qué era ajeno. Un equipo internacional liderado por Davide Massari, del Observatorio Astrofísico de Bolonia, acaba de extender ese límite 1.800 millones de años hacia el pasado.
Con imágenes del telescopio espacial Hubble de 39 cúmulos globulares en el núcleo galáctico, han identificado las huellas de una fusión ocurrida hace 11.800 millones de años, cuando el universo apenas tenía 2.000 millones de años de vida. La galaxia que la Vía Láctea consumió entonces se llama ahora LKH, acrónimo que rinde homenaje a tres trabajos previos que habían intuido su existencia sin poder demostrarla. El hallazgo fue publicado el 17 de agosto de 2026 en Nature Astronomy.
Los cúmulos globulares como yacimientos arqueológicos
Los cúmulos globulares son estructuras de entre decenas de miles y varios millones de estrellas muy antiguas que orbitan las galaxias. Su composición química (la abundancia de elementos más pesados que el helio, llamada metalicidad) y su edad quedan registradas en las estrellas que los componen como un sello de origen. Cuando la Vía Láctea absorbe una galaxia, sus cúmulos globulares quedan atrapados en la nueva estructura, pero conservan las características del lugar donde nacieron.
El equipo trabajó dentro del proyecto ARMA (Cluster Ages to Reconstruct the Milky Way Assembly), que utiliza imágenes del Hubble para datar cúmulos globulares con una precisión sin precedentes. Las regiones internas de la galaxia, ricas en polvo interestelar, son especialmente difíciles de estudiar con telescopios ópticos. L
os cúmulos globulares, al ser objetos muy brillantes, permiten obtener excelentes mediciones tanto de su composición como de su movimiento orbital. "El Hubble observa cúmulos globulares que nunca habían sido estudiados antes", señaló Fernando Aguado-Agelet, investigador de las universidades de Vigo y de La Laguna y coautor del trabajo. Los datos de edad y metalicidad se combinaron con mediciones de movimiento orbital del satélite Gaia, de la Agencia Espacial Europea.
Tres familias de cúmulos, tres capas de historia galáctica
Al analizar los 39 cúmulos del núcleo galáctico, el equipo descubrió que no formaban una población homogénea: se agrupaban en tres familias con características distintas. La primera correspondía a estrellas formadas en la propia Vía Láctea primitiva. La segunda se identificó con la fusión Gaia-Sausage-Enceladus (GSE), la mayor colisión galáctica conocida hasta ahora, ocurrida hace unos 10.000 millones de años. La tercera familia era más antigua y diferente en composición y dinámica de las otras dos: esas estrellas no habían nacido en la Vía Láctea ni habían llegado con el GSE. Pertenecían a algo anterior.
"Hemos podido medir la edad y el contenido metálico de estos cúmulos con una precisión sin precedentes", explicó Chiara Zerbinati, investigadora de la Universidad de Bolonia y coautora del estudio. Esa precisión fue la que permitió separar esta tercera familia de las demás y establecer que su evento de origen precedía al GSE en 1.800 millones de años.
LKH: 500 millones de masas solares depositadas en el corazón de la galaxia
La galaxia enana responsable de ese tercer grupo de cúmulos recibió el nombre de LKH. Su masa estelar se estima en unos 500 millones de masas solares, comparable a la de la propia GSE, lo que la convierte en una fusión de gran envergadura para una Vía Láctea que entonces era mucho más pequeña que la de hoy (la galaxia actual acumula cerca de 1,5 billones de masas solares). La mayor parte del material aportado por LKH quedó depositado en los 20.000 años luz interiores de la galaxia, dejando una cicatriz química y dinámica en su núcleo.
"No sabemos cómo se construyó nuestra casa", dijo Massari. "En este trabajo descubrimos de dónde llegó el primer lote importante de ladrillos: una galaxia enana que llamamos LKH."
Una pieza de la respuesta a de dónde venimos
El hallazgo tiene consecuencias para los modelos de formación galáctica. Hasta ahora se asumía que las estrellas más antiguas del interior de la Vía Láctea eran, en su mayoría, producto de la propia nube de gas que dio origen a la galaxia. Los resultados del equipo de Massari obligan a revisar esa hipótesis: una parte significativa de esas estrellas llegó de fuera, procedente de galaxias absorbidas en los primeros 2.000 millones de años de existencia del universo. Como señala el propio estudio, las estrellas nacidas en galaxias externas deben considerarse también al reconstruir la evolución más temprana de la Vía Láctea.
El proyecto ARMA continúa con planes para estudiar más cúmulos globulares y reconstruir el catálogo completo de fusiones que moldearon nuestra galaxia. "Este trabajo nos dice qué le ocurrió a la Vía Láctea en su infancia", resumió Zerbinati. Añadió que, si una de las grandes preguntas de la humanidad es de dónde venimos, este hallazgo ofrece al menos una pieza de la respuesta.
REFERENCIA
- Evidence of a massive accretion event 1.8 billion years before the Gaia-Sausage-Enceladus merger. Massari D et al. Nature Astronomy, 17 de agosto de 2026.
Imagen: Concepto artísitico de dos galaxias en plena colisión. NASA, ESA, Joseph Olmsted (STScI)
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Hubble descubre que la Vía Láctea se comió a otra galaxia puedes visitar la categoría Astro.
Artículos relacionados
Por qué los neutrinos son tan importantes como para merecer el Nobel de física
Un planeta nacido alrededor de una estrella muerta, descubierto con 25 años de retraso
El CSIC explica en qué se convierte la mitad de las estrellas que mueren en la galaxia
Continúa Leyendo