Más de 1.300 estudiantes se conectaron por videollamada con científicas en la Antártida, descubriendo el impacto del cambio climático y cómo pueden ser parte de la solución.

Un abrigo, varias capas de sudaderas y un gorro de lana eran el uniforme de la oceanógrafa biológica Mya Sharpe mientras transmitía en directo desde la Estación Palmer, en la isla Anvers, junto a la Península Antártica. Desde allí, a más de 9.000 kilómetros de distancia de sus espectadores, respondía con entusiasmo las preguntas de los estudiantes: «¿Alguna vez has visto a hermanos pingüinos pelear por comida?», «¿Cómo afecta la gripe aviar a los pingüinos?», «¿Qué podemos hacer desde aquí para frenar el deshielo allá?».

La Antártida, ese continente helado y remoto del extremo sur del planeta, es clave para entender el cambio climático. Sus glaciares y su vida marina actúan como indicadores de los efectos del calentamiento global.

Durante seis semanas, más de 1.300 estudiantes de 27 escuelas y clubes juveniles de todo Estados Unidos participaron en esta experiencia inmersiva, que les abrió una ventana virtual al continente más austral del planeta. El programa, llamado Palmer Long-Term Ecological Research (LTER) Live Video Teleconference (VTC), ofreció a los alumnos una oportunidad única: interactuar en tiempo real con científicas que estudian el clima antártico.

La oceanógrafa biológica de Rutgers Mya Sharpe (izquierda) y la estudiante de doctorado del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia Maya Thomas responden en la Antártida a las preguntas de estudiantes, algunos de ellos a 9.000 kilómetros de distancia.

La oceanógrafa biológica de Rutgers Mya Sharpe (izquierda) y la estudiante de doctorado del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia Maya Thomas responden en la Antártida a las preguntas de estudiantes, algunos de ellos a 9.000 kilómetros de distancia.

Organizado por el Departamento de Ciencias Marinas y Costeras (DMCS) de la Universidad Rutgers, el ciclo de videollamadas no solo mostró paisajes congelados y pingüinos curiosos. Según Janice McDonnell, agente de desarrollo juvenil STEM del programa 4-H de Rutgers, el objetivo más ambicioso es que los estudiantes se vean a sí mismos como científicos en potencia y defensores del clima.

Junto a Sharpe estuvieron Maya Thomas, del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia, y Abby Tomita, de la Universidad Estatal de Oregón. Todas transmitieron desde un afloramiento rocoso de la Península Antártica Occidental, respondiendo preguntas sobre cómo es trabajar en uno de los lugares más extremos del planeta.

Una de las mayores sorpresas para los estudiantes fue descubrir que, como era verano en el hemisferio sur, había mucho menos hielo del que imaginaban.

Menos hielo que el que imaginaban

Sharpe sabe de primera mano cómo la curiosidad puede transformar vidas. De niña, sin acceso al mar, creaba piscinas de marea improvisadas durante los viajes familiares a la playa. Hoy investiga cómo el retroceso de los glaciares altera las floraciones de fitoplancton, organismos microscópicos que forman la base de la red alimentaria en la Antártida y, en última instancia, influyen en los sistemas alimentarios globales.

Este programa de videollamadas está estrechamente ligado a una iniciativa educativa llamada “Data to the Rescue: ¡Los pingüinos nos necesitan!”, también impulsada por el DMCS y la Extensión Cooperativa 4-H de Nueva Jersey. Durante ocho semanas, los estudiantes planean una expedición científica, arman su equipo de investigación, recopilan y analizan datos, y comunican sus hallazgos.

Con actividades en línea, tarjetas postales científicas y lecciones guiadas, los jóvenes no solo aprenden sobre ciencia polar, sino que desarrollan una nueva confianza en su capacidad para convertirse en investigadores. Al final del programa, muchos sienten que la ciencia es una opción de vida real, no solo una materia más en la escuela.

Para muchos educadores, esta experiencia ha sido transformadora. Linda Horner, coordinadora del programa 4-H en el condado de Cape May, describió la actividad como “emocionante y poderosa”. Hasta los niños de jardín de infancia de su club “Science Rocks” se sintieron completamente inmersos en el espectacular y austero mundo antártico, desarrollando una preocupación genuina por el futuro del pingüino Adelia.

Andi Twiss, profesora de ciencias de secundaria en Minnesota, afirmó que la participación en las VTC cambió la mentalidad de sus alumnos y también su propia carrera. “He visto cómo mis estudiantes dejaron de verse como simples alumnos y comenzaron a verse como científicos”, dijo. “Cuando un científico en terreno se toma el tiempo de responder a sus preguntas, ellos empiezan a entender de otra forma su capacidad para aprender. ¡Es algo muy potente!”.

Inspirada por la experiencia, Twiss se postuló y fue seleccionada para trabajar como educadora en la Estación Palmer a través del programa Polar STEAM. Desde allí, planea seguir conectando a sus estudiantes con la investigación antártica a un nivel aún más profundo.

“Pude referirme directamente a mi experiencia con el trabajo del LTER de Palmer durante la entrevista para Polar STEAM”, explicó. “Ahora tengo la oportunidad de acercar aún más a mis alumnos a esta parte crucial del planeta y ayudarles a responder sus muchas preguntas científicas”.

Cada videollamada termina con una inquietud compartida por los jóvenes: “¿Qué podemos hacer para ayudar?”.

Los investigadores les recuerdan que el conocimiento es poder. Aprender sobre ciencia, compartir lo aprendido y, en el futuro, ejercer su derecho al voto, son acciones que pueden marcar la diferencia. Cuantas más personas comprendan el impacto del cambio climático, mayores serán las posibilidades de actuar.

Como resume Janice McDonnell, los programas del LTER y “Data to the Rescue” están diseñados para dar a los estudiantes las herramientas y la confianza necesarias para convertirse en científicos… y en parte de la solución.

REFERENCIA

2025 Palmer LTER Video Teleconferences