De la preocupación por la superpoblación hemos pasado al riesgo de la extinción silenciosa, el ratio de 2,1 hijos por mujer ya no es suficiente
En los años 60, la preocupación social era el crecimiento demográfico. Como consecuencia, las campañas de control y el acceso a los anticonceptivos redujeron de forma drástica la natalidad global. La tasa de fertilidad mundial pasó de 5,3 hijos por mujer en los años 60 a apenas 2,3 en 2023. Parecía que estábamos equilibrando la balanza. Pero tal vez nos fuimos demasiado lejos.
Un nuevo estudio publicado en PLOS One, liderado por el investigador Takuya Okabe, plantea un giro inquietante: la cifra de reemplazo poblacional que siempre se ha tomado como referencia (2,1 hijos por mujer) no es suficiente para asegurar la supervivencia a largo plazo.
Un mundo real, no una simulación perfecta
La cifra de 2,1 hijos parte de un escenario ideal: estabilidad social, buena salud, distribución equilibrada entre sexos y muy poca mortalidad infantil. Pero la vida real está llena de variables. No todas las personas tienen hijos. Algunas mueren antes de reproducirse. Y muchas otras simplemente deciden no hacerlo.
El equipo de Okabe desarrolló modelos que simulan generaciones completas considerando todas esas incertidumbres. ¿El resultado? Si el promedio de hijos por mujer no llega a 2,7, muchas líneas familiares y finalmente sociedades enteras tienden a desaparecer.
La extinción aquí no sería súbita ni espectacular. Sería una desaparición lenta de apellidos, lenguas, culturas. Una especie de erosión demográfica que nadie ve venir hasta que es demasiado tarde. Tal como explicamos en Quo en La población mundial empezará a descender en 2060, y ya estamos entrando en esa fase de envejecimiento, menos nacimientos, y más preguntas sobre cómo sostener nuestras sociedades.
Más allá de las cifras: infertilidad, estrés y desigualdad
A todo esto, se suma otra verdad poco visible: uno de cada seis seres humanos es infértil, según un informe reciente de la OMS. Las tasas son similares en todo el mundo, pero el acceso a tratamientos es profundamente desigual. Mientras algunos pueden costearse tratamientos de fertilidad, millones no tienen siquiera acceso a un diagnóstico.
Y si a eso le añadimos el estrés, el panorama se complica. Como ya contamos,los altos niveles de ansiedad pueden reducir la probabilidad de concepción, especialmente en mujeres jóvenes. Modernidad, precariedad y salud mental también afectan a la natalidad.
Okabe y su equipo sugieren incluso que, en momentos de crisis, el cuerpo humano responde con una mayor proporción de nacimientos femeninos. Este sesgo biológico parece dar ventaja a la especie: más mujeres, más potencial de continuidad. Es una adaptación sutil, pero poderosa.
Sus simulaciones, que abarcan miles de generaciones, muestran que incluso con una fertilidad de 2,1 hijos por mujer, la extinción sigue siendo probable. La cifra de 2,7 no es una meta arbitraria: es la línea mínima para no desaparecer lentamente.
Lo que está en juego no es solo la supervivencia de la especie, sino también la de las historias, los idiomas, las culturas. No se trata solo de mantener la población estable: se trata de no borrar el pasado por falta de futuro.
REFERENCIA
Threshold fertility for the avoidance of extinction under critical conditions