Un nuevo estudio revela que las hojas de las plantas pueden absorber microplásticos directamente del aire. Y sí, esto también termina en tu ensalada.

Una mañana cualquiera en Tianjin, China, un grupo de investigadores salió al parque con guantes y tijeras de podar. Recogieron hojas de todo tipo: arbustos, césped, hortalizas. Nada alarmante a primera vista, pero lo que encontraron en el laboratorio sí lo fue.

Dentro de esas hojas, escondidos en su estructura, había fragmentos diminutos de plástico. Inhalados por la planta como si fueran parte del aire que respiran. El nuevo estudio, publicado en Nature, es el primero en demostrarlo con claridad: las plantas pueden absorber microplásticos por sus hojas, a través de las estomas, esos pequeños poros por donde respiran e intercambian gases.

Esto ya no va solo de lo que hay en el suelo o en el agua. Ahora el plástico también cae del cielo.

Una entrada silenciosa por las hojas

El equipo expuso plantas de maíz a polvo plástico en condiciones controladas. En solo 24 horas, encontraron partículas de PET y PS dentro del tejido vegetal. También analizaron muestras de zonas urbanas, agrícolas, industriales y más limpias y en las más contaminadas, las concentraciones eran altísimas: hasta 10.000 nanogramos por gramo de hoja seca.

Las hojas más viejas (esas que comemos crudas en ensaladas) tenían la mayor carga. Las plantas de exterior mostraban entre 10 y 100 veces más microplásticos que las de invernadero.

La absorción no es masiva. Apenas un 0,05 % de lo que entra en contacto. Pero el aire está lleno de estas partículas. Y las hojas, ahí fuera, expuestas todo el día. La acumulación llega

El plástico ya no está solo en los océanos

Durante años, la conversación sobre microplásticos se centró en los mares. Luego vinieron los peces. Después, el agua que bebemos. Y más tarde, la información más incómoda: los tenemos en el cuerpo.

En Quo, ya hablamos de que podrías estar acumulando hasta 79.000 partículas al año. También contamos que ya hay plástico en el cerebro. Un estudio de 2024 encontró microplásticos en tejidos cerebrales, algunos con niveles tan altos como para comparar con una cucharadita de plástico por gramo de masa cerebral.

No es ciencia ficción. Es el aire que respiramos y lo que comemos cada día. Otra investigación reciente, demostró que los microplásticos flotan en la atmósfera y ayudan a formar nubes. Literalmente, actúan como núcleos para que el vapor se condense y se congele.

Esto podría cambiar la forma en que llueve, cómo se comportan las tormentas o incluso alterar el equilibrio térmico del planeta. Y todo por unas partículas tan pequeñas como una bacteria.

¿Y ahora qué?

No se trata de alarmismo. Se trata de realidad. Ya no hay lugar limpio. Los microplásticos están en el agua, en el aire, en el suelo, en los alimentos y, ahora lo sabemos, en las hojas de las plantas. ¿Es peligroso? Todavía no hay consenso.

¿Es preocupante? Quizás ya no podemos evitar que el plástico esté en todas partes. Pero sí podemos cambiar lo que hacemos con él: reducir, repensar, regular. Porque si lo que comemos respira plástico y nosotros respiramos eso, algo hay que hacer.

REFERENCIA

Plants and Vegetables Can Breathe In Microplastics Through Their Leaves and It Is Already in the Food We Eat