Una nueva investigación revela que los límites de tolerancia al calor son más bajos de lo estimado y plantea dudas sobre nuestra adaptación al cambio climático
La termorregulación es el proceso mediante el cual el cuerpo mantiene su temperatura interna dentro de un rango saludable, incluso cuando el entorno se vuelve muy caluroso o húmedo. Este equilibrio depende del sistema nervioso, la circulación sanguínea y la capacidad de sudar. Pero cuando las temperaturas y la humedad superan cierto umbral, este mecanismo falla. El índice humidex, que combina calor y humedad, se usa para estimar cuánto estrés térmico experimentamos en determinadas condiciones. En esta investigación, se emplearon «protocolos térmicos escalonados», una técnica para medir cuánto calor puede soportar una persona antes de que su cuerpo ya no pueda enfriarse eficazmente.
Un nuevo estudio de la Universidad de Ottawa confirma lo que muchos expertos temían: el cuerpo humano tolera menos calor del que las investigaciones anteriores sugerían. Este hallazgo tiene implicaciones alarmantes para nuestra supervivencia en un mundo cada vez más caluroso y húmedo debido al cambio climático.
El trabajo fue realizado por la Unidad de Investigación en Fisiología Humana y Ambiental (HEPRU, por sus siglas en inglés) de dicha universidad, bajo la dirección del Dr. Robert D. Meade, exbecario postdoctoral sénior, y del Dr. Glen Kenny, profesor de fisiología en la Facultad de Ciencias de la Salud. Ambos lideraron un experimento clave para redefinir los límites térmicos que el cuerpo humano puede soportar sin que su temperatura interna se descontrole.
Solo 42º con una humedad del 57%
Utilizando protocolos térmicos escalonados, un método habitual en fisiología del calor, el equipo expuso a 12 voluntarios a diversas combinaciones de calor y humedad. El objetivo era identificar el punto exacto en el que el cuerpo deja de poder regular su temperatura. Pero esta vez fueron un paso más allá: hicieron que los participantes regresaran al laboratorio para pasar todo un día expuestos a condiciones ligeramente por encima de su límite personal de termorregulación. Eso significaba soportar temperaturas de 42 °C con una humedad del 57 %, lo que equivale a un humidex de aproximadamente 62 °C.
«Los resultados fueron claros», explica Meade. «La temperatura interna de los participantes subía sin parar, y muchos no pudieron completar las nueve horas de exposición». Este experimento proporciona la primera validación directa de los protocolos térmicos escalonados, una herramienta que se ha utilizado durante casi 50 años para estimar los límites máximos de termorregulación.
«Nuestros hallazgos son especialmente relevantes ahora que estos límites se están integrando cada vez más en modelos climáticos a gran escala», añade Meade. Esto significa que las simulaciones que predicen el impacto del calentamiento global en la salud humana pueden volverse más precisas si se ajustan a estos nuevos datos.
Por su parte, el profesor Kenny advierte que estos resultados deberían tomarse muy en serio, sobre todo en las ciudades, donde el calor se intensifica debido al efecto «isla de calor». “Nuestro estudio respalda firmemente las sugerencias recientes de que las condiciones bajo las cuales los seres humanos pueden regular su temperatura corporal son en realidad mucho más limitadas de lo que se pensaba”, afirma. “Esta información es crítica ahora que enfrentamos temperaturas globales en aumento”.
Este tipo de conocimiento puede influir directamente en la forma en que se diseñan las políticas de salud pública. Adaptar los planes de emergencia para olas de calor, repensar los horarios laborales en exteriores o diseñar edificios más resistentes al calor podrían ser algunas de las medidas necesarias.
Además de las implicaciones médicas y sociales, el estudio plantea una inquietante pregunta: ¿podrá el ser humano adaptarse lo suficientemente rápido a las condiciones extremas que el cambio climático nos impone? Por ahora, la ciencia da un paso importante al establecer con mayor precisión cuáles son nuestros verdaderos límites fisiológicos. Y, a juzgar por los resultados, esos límites están más cerca de lo que pensábamos.
En palabras de Meade: “También ponen en evidencia la tensión fisiológica que se sufre durante exposiciones prolongadas al calor extremo, algo cada vez más habitual debido al cambio climático”. Este estudio no solo refuerza la preocupación por el calentamiento global, sino que ofrece una herramienta crucial para comprender sus riesgos y proteger la salud humana en un futuro cada vez más sofocante.
REFERENCIA