Un libro meticuloso y combativo rescata a 16 pioneras de la física cuántica, invisibles durante décadas por la etiqueta de “Knabenphysik”, la física de chicos, que dominó el relato.
Durante años, la historia popular de la cuántica se redujo a puñado de nombres masculinos y jóvenes. Ese sesgo, bautizado en los años 20 como Knabenphysik (la física de los chicos, en alemán), dejó fuera a muchas científicas que hicieron un trabajo imprescindible, diseñaron experimentos clave y pelearon con los prejuicios de la época y nóminas más bajas. Los estudios recientes y la historiografía feminista han ido corrigiendo el relato, pero quedan muchas historias por contar. Un nuevo volumen colectivo propone otra mirada, apoyada en documentos, archivos y, sobre todo, biografías rigurosas.
La colaboración Women in the History of Quantum Physics (WiHQP) se fundó a principios de 2021, en preparación para el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas. Está formado por un equipo internacional de historiadores, científicos, escritores y filósofos de la ciencia que trabajaron para reconstruir y analizar las vidas y contribuciones de docenas de mujeres, incluidas aquellas que trabajaron durante los primeros días de la antigua teoría cuántica y las que contribuyeron posteriormente a la teoría cuántica de campos.
El resultado de la colaboración de este panel es el volumen, editado por Patrick Charbonneau, Margriet van der Heijden, Michelle Frank y Daniela Monaldi, que reúne 16 biografías de mujeres de distintas épocas y países. La propuesta es una historia situada y relacional: situada, porque cada científica miró su campo desde su experiencia y posición social; relacional, porque entender cómo se conectaron personas, experimentos, teorías e instituciones permite medir su aportación real. Esa lente cambia el mapa del siglo XX.
Las «computadoras» de la física cuántica
La astrónoma escocesa Williamina Fleming abre camino en este retrato coral. Llegó a Boston en 1878, fue abandonada por su marido y acabó trabajando en la casa del director del Harvard College Observatory. Allí, gracias a Lizzie Sparks Pickering, pasó a ser “computadora”, el cargo reservado a mujeres que hacían cálculos y clasificaban espectros. Fleming no dirigía proyectos, redactaba informes y preparaba artículos para sus colegas varones. Aun así, identificó una serie de líneas espectrales del helio ionizado en estrellas calientes que luego resultó crucial para extender el modelo atómico de Niels Bohr más allá del hidrógeno neutro. La serie, sin embargo, quedó para la posteridad como “de Pickering”. Murió en 1911, sin el crédito que merecía. Su trabajo pertenece a la historia de la teoría cuántica y de la astronomía, y el libro lo coloca donde debe.
Para comprender los experimentos que dieron el Nobel de Física de 2022 a John Clauser, conviene leer el trabajo de la científica Chien-Shiung Wu. En 1949, junto a su estudiante Irving Shaknov, Wu publicó la que hoy se reconoce como la primera evidencia experimental de entrelazamiento entre fotones. En los años 70, ya en Columbia, repitió la prueba con mejoras técnicas para poner a examen las teorías de variables ocultas locales, hipótesis que intentaban explicar la cuántica con parámetros no visibles. Clauser criticó los supuestos y el diseño del grupo de Wu, lo que revela la complejidad que ella y sus estudiantes llevaron a la discusión. Aun así, la memoria colectiva recuerda más a Clauser que a Wu. El libro corrige esa asimetría.
La historia incompleta de la física cuántica
Las autoras y autores no se esconden. Reclaman que también los historiadores admitan su papel en lo que escriben y en lo que omiten. El desafío es claro: cómo encajan estas trayectorias en nuestras tesis sobre la física cuántica, y cuánto cambia el relato cuando aparecen voces nuevas. La historia estaba incompleta.
El sesgo no afectó por igual a todas. Muchas protagonistas blancas sufrieron discriminación, salarios menores y carreras lentas, pero bastantes acabaron con plaza estable. Para las mujeres negras el techo descendía aún más. La carrera de Carolyn Parker, primera afroamericana con posgrado en física en Estados Unidos, lo ilustra con crudeza.
Ingresó en 1951 en el doctorado de física del MIT, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, para estudiar interacciones entre partículas subatómicas y núcleos y afinar el conocimiento de la interacción fuerte propuesta por Hideki Yukawa, Nobel en 1949. En verano trabajaba en el Geophysics Research Directorate del Air Force Cambridge Research Center, contribuyendo a un nuevo sistema de defensa aérea. Obtuvo un segundo máster en 1953, pero su salud truncó el doctorado. Murió de cáncer con 48 años. Para recuperar su trayectoria, la historiadora educativa Charnell Long emplea una tradición de contraarchivo negro, con censos, anuarios, directorios, prensa y testimonios orales de familia y comunidad, más allá de los archivos blancos convencionales. La física cuántica también se escribió ahí.
El libro admite que las científicas de comunidades no blancas o de regiones fuera de Norteamérica y Europa occidental siguen siendo más difíciles de rastrear. Por eso su invitación final es práctica: ampliar archivos, cruzar fuentes, escuchar a las familias, revisar nuestras certezas. Las 16 protagonistas no solo subvirtieron la etiqueta de Knabenphysik, también dejaron en evidencia a la historiografía que no supo verlas. Perdieron ellas, y perdió la historia de la cuántica. Ahora, por fin, empezamos a recuperarla.
REFERENCIA
Women in the History of Quantum Physics: Beyond Knabenphysik
Imagen: Margriet van der Heijden con un ejemplar recién desembalado de Women in the History of Quantum Physics (Las mujeres en la historia de la física cuántica), que ha coeditado. Foto de Iris Rijsman, cortesía de Margriet van der Heijden.