Los nuevos documentos del caso Epstein que salen a la luz detallan cómo algunos investigadores pidieron al financiero condenado por pederastia favores sobre publicaciones, visados y presentaciones
El método científico es infalible, pero la ciencia la hacen personas. La relación entre grandes fortunas y ciencia tiene una historia larga, con filantropía que acelera descubrimientos y, a veces, conflictos de interés que erosionan la confianza. Los informes internos sobre donaciones a universidades ya habían señalado errores de criterio. Ahora, una nueva tanda de archivos judiciales reaviva el debate al mostrar interacciones más directas de lo esperado entre el delincuente sexual Jeffrey Epstein y miembros de la comunidad científica.
La revista Nature se hace eco de los documentos, publicados en Estados Unidos a comienzos de febrero, que apuntan a que el alcance de Epstein en la academia superó la etiqueta de “donante polémico”. Según el reportaje de Nature, varios investigadores consultaron con él decisiones sensibles, desde cómo impulsar manuscritos hasta cómo apoyar trámites de inmigración de colaboradores. La imagen que surge es la de un intermediario con agenda propia que ofrecía contactos, comentarios y cheques, y que encontró receptividad en un sistema científico muy competitivo, donde las redes y el acceso pesan tanto como la calidad del trabajo.
El artículo, firmado por Dan Garisto, sitúa estas interacciones en un contexto ya conocido de donaciones a instituciones como Harvard University y el Massachusetts Institute of Technology, que en el pasado admitieron fallos de gobernanza al gestionar aportaciones ligadas a Epstein. Lo novedoso aquí, subraya el reportaje, es el detalle de correos y notas donde científicos solicitaban consejos sobre artículos o presentaciones, o pedían a Epstein que intercediera en visados, asuntos que normalmente se canalizan por vías institucionales. Estos contactos no demuestran por sí mismos irregularidades científicas, pero sí plantean preguntas sobre independencia, influencia y percepción pública.
El caso Epstein: un patrocinador sospechoso de la ciencia
Los archivos también han obligado a corregir el registro sobre afiliaciones en momentos clave. La propia pieza incluye una fe de errores que aclara la situación académica de Martin Nowak cuando conoció a Epstein, un recordatorio de que, en casos con alto voltaje mediático, la precisión biográfica importa. Pero más allá de nombres, el corazón del asunto está en la arquitectura de incentivos. Cuando la carrera científica premia la visibilidad, los atajos sociales pueden parecer irresistibles. La frontera entre una recomendación inocua y una injerencia cuestionable se difumina, y esa ambigüedad erosiona la confianza del público.
Las universidades han respondido en años recientes con auditorías y códigos más claros. El caso del MIT Media Lab evidenció que aceptar dinero sin transparencia puede desencadenar dimisiones y dañar reputaciones, incluso si la investigación financiada es sólida. El episodio actual sugiere que la vigilancia no puede limitarse a flujos de fondos. También debe cubrir el “capital social”, esos favores que no pasan por contabilidad y que, sin embargo, influyen en carreras, concesiones y evaluaciones. Cuando una figura sin legitimidad académica opina sobre qué artículo empujar o a quién invitar, y su opinión pesa por su riqueza, el sistema pierde neutralidad percibida.
¿Qué hacer entonces? El periodismo de investigación cumple su papel al iluminar contactos y tramas. Toca a las instituciones reforzar barreras y vías formales: derivar toda cuestión de publicaciones a comités editoriales, blindar los procesos de visados con reglas transparentes y registrar reuniones relevantes en agendas públicas. A los científicos les corresponde una autorregulación exigente, consciente de que la confianza es su recurso más escaso. Aumentar la trazabilidad de interacciones con donantes y personas externas, y declarar cualquier apoyo, sea económico o relacional, ayudaría a disipar dudas. Si la ciencia aspira a servir al interés general, su gobernanza debe soportar el escrutinio más duro. Y cuando un caso como el de Epstein expone zonas grises, la respuesta no puede ser el silencio, sino reglas claras y memoria institucional.
REFERENCIA
Epstein files reveal deeper ties to scientists than previously known