Los mosquitos pican durante un tiempo, pero luego dejan de hacerlo, ahora un nuevo estudio ha revelado que el interruptor que apaga el hambre de los mosquitos no está en su cabeza, sino en el recto
La ciencia siempre ha asumido que los mosquitos regulaban su apetito desde el cerebro, como nosotros, sin embargo, un estudio reciente publicado en Current Biology ha revelado que en realidad lo hacen con el ano.
Cuando una hembra de mosquito nos pica, su abdomen se hincha como un globo porque la sangre entra a presión en su tubo digestivo. Los científicos saben desde hace años que las hembras de mosquito, las únicas que pican, dejan de buscar sangre después de alimentarse, pero hasta ahora no se entendía como sabían que estaban llenas.
Este estudio muestra que existe un sensor situado al final del intestino, cerca del ano, que detecta cuánto de lleno está el sistema digestivo con sangre. Cuando ese sensor se activa el mosquito deja de succionar y se aleja.
La investigación describe un cetro de control en el recto del mosquito, concretamente en unas estructuras llamadas “almohadillas rectales”, donde se encuentran unas células especializadas con receptores que detectan cambios tras ingerir sangre, haciendo que su propio sistema digestivo le avise directamente de que ha comido suficiente.
Este mecanismo tiene un sentido evolutivo, después de alimentarse, al abdomen del mosquito se hincha de forma drástica. Al saber cuándo parar evitan que un exceso de sangre les dificulte el vuelo aumentando el riesgo de morir antes de reproducirse.
Los mosquitos pican… y contagian
El estudio, liderado por la Dr Duvall, se ha llevado a cabo con el mosquito Aedes aegypti, famoso por transmitir el dengue y el Zika, el cual presenta una amenaza real para la salud pública. Este hallazgo no solo cambia lo que sabíamos sobre la biología de estos insectos, sino que abre una vía para combatir enfermedades que se cobran millones de vidas cada año.
Las hembras de mosquito pican porque necesitan sangre para producir huevos, y es en ese proceso es cuando pueden transmitir patógenos. Cada picadura es una oportunidad de contagio, y si un mosquito pica a varias personas en una noche multiplicará el riesgo de transmisión.
Por esa razón, cualquier forma de reducir el número de picaduras puede tener un gran impacto en la salud pública. Hasta ahora, la mayoría de las estrategias se centraban evitar que se acerquen, con repelentes y mosquiteras, o matarlos directamente con insecticidas y trampas.
Sin embargo, al conocer cómo funciona el sistema que “sacia” la sed de sangre de los mosquitos, ahora se abren nuevas vías de investigación para engañar ese sensor de saciedad para hacer que se sientan llenos antes siquiera de llegar a alimentarse realmente.
Cómo aprovechar las almohadillas rectales de los mosquitos para engañarlos
Un mosquito que se siente lleno deja de buscar nuevas “víctimas” durante un tiempo. Al acortar o directamente impedir ese periodo de alimentación se conseguiría una gran ventaja para luchar contra las enfermedades que transmiten.
Al centrarse en el sensor de saciedad que los mosquitos tienen en el recto, los científicos tendrían una ventaja táctica decisiva, ya que los tejidos del intestino son mucho más fáciles de alcanzar con fármacos o intervenciones químicas que el complejo y protegido cerebro de un insecto.
Además, muchos de estos patógenos requieren de una cantidad determinada de sangre para que el mosquito los transmita, si se logra activar de forma artificial el sensor rectal antes de que absorba esa cantidad de sangre, es posible que no alcance el umbral mínimo para que la enfermedad se contagie.
Estas medidas no sustituirían a las medidas clásicas, como eliminar aguas estancadas, usar mosquiteras o repelentes cutáneos entre otras, pero proporcionaría una nueva herramienta que podría marcar una gran diferencia.
La idea es sencilla pero práctica, utilizar moléculas pequeñas (agonistas, que provocan la misma señal) que puedan ser ingeridas por los mosquitos a través de cebos o soluciones de azúcar. Estas sustancias activarían de forma artificial el sensor de saciedad del recto, engañando al mosquito para que crea que se ha dado el festín de su vida cuando en realidad no ha picado a nadie.
No solo evitaríamos la picadura, sino que además podríamos reducir las poblaciones de mosquitos de forma selectiva. En la lucha contra las epidemias globales la respuesta podría haber estado siempre en el lugar menos esperado: el ano de los mosquitos.
REFERENCIA
A signaling hub in the mosquito rectum coordinates reproductive investment after blood feeding