Dos investigadores han sido acusados de transportar el virus mpox en un avión comercial sin los permisos necesarios incurriendo en un posible delito de contrabando biológico
Lo que parecía un viaje de investigación rutinario ha terminado en un escándalo federal que sacude los cimientos de la comunidad científica estadounidense. Dos destacados investigadores de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), se enfrentan ahora a cargos graves después de ser acusados de introducir ilegalmente viales del virus mpox, conocida anteriormente como la viruela del mono, en Estados Unidos y, lo que es peor, mentir descaradamente a las autoridades fronterizas para lograrlo.
La historia comenzó en enero, cuando Vincent Munster, de 53 años, y Claude Kwe, de 38, aterrizaron en el Aeropuerto Metropolitano de Detroit procedentes de Brazzaville, República del Congo, tras una escala en París. Al ser interrogados por los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza sobre una maleta de plástico negro de grandes dimensiones, los científicos afirmaron que solo transportaban equipos de diagnóstico y material de laboratorio. Sin embargo, al abrir la maleta lo que encontraron fueron 113 viales empaquetados en neveras portátiles de poliestireno. Tras realizar pruebas de laboratorio, el FBI confirmó que al menos 17 de los viales contenían el virus de la viruela del mono desactivado, mientras que otros contenían virus de la varicela y material genético humano.
¿Qué es el Mpox y por qué tanto control?
El mpox es una enfermedad viral zoonótica causada por un ortopoxvirus emparentado con el virus de la viruela, es decir, es una enfermedad infecciosa causada por un virus de la misma familia que la viruela humana. Identificado por primera vez en 1958, el virus provoca síntomas como fiebre, dolores musculares y erupciones cutáneas que se convierten en lesiones llenas de líquido y posteriormente en costras. Aunque normalmente es leve, puede causar complicaciones graves en poblaciones vulnerables.
La OMS recuerda que existen distintas variantes del virus, con diferente gravedad, y que algunas han motivado emergencias sanitarias internacionales en los últimos años, como en 2022 cuando este virus saltó a los titulares internacionales tras un brote global que afectó a más de 70 países. En este caso el virus estaba desactivado, es decir, tratado para que no pueda replicarse ni causar infección, técnicamente no supone el mismo riesgo que un virus vivo, pero los expertos en bioseguridad son claros: eso no justifica saltarse los protocolos de importación, que exigen permisos específicos, declaración obligatoria ante las autoridades sanitarias y condiciones de transporte reguladas.
¿Contrabando biológico y mentir a los federales?
No se trata de investigadores novatos, Vincent Munster, de origen neerlandés, es el jefe de la Sección de Ecología de Virus de los Laboratorios Rocky Mountain en Montana, una instalación de bioseguridad de nivel 4 y Claude Kwe, camerunés, trabajaba directamente con él en este centro de alta seguridad dedicado al estudio de patógenos emergentes.
Lo más sorprendente para los investigadores fue la actitud de Munster durante el interrogatorio, según informes del FBI, el científico llegó a decir que todos los documentos necesarios estaban en su portátil, pero que los agentes «no los necesitaban», añadiendo con naturalidad: «hago esto todo el tiempo». Para la fiscalía, estas declaraciones sobre la posesión de la documentación requerida fueron «sustancialmente falsas».
No existe una explicación oficial sobre por qué los científicos intentaron introducir los viales sin declararlos. Ambos han trabajado extensamente en investigación sobre mpox, por lo que es posible que pretendieran analizarlos en su laboratorio, pero incluso en ese caso, los protocolos son claros: deben declararse, documentarse y transportarse siguiendo normas internacionales.
Un portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) lo resumió con contundencia: “Cualquier intento deliberado de ocultar y contrabandear material biológico sin autorización es una violación de la confianza pública y podría haber puesto en riesgo a la población” calificando el incidente como un acto de contrabando de patógenos en un avión comercial lleno de pasajeros. Ahora, ambos científicos se enfrentan a cargos de conspiración para traficar con el virus y hacer declaraciones falsas, lo que podría acarrearles una pena máxima de cinco años de prisión.
En enfermedades emergentes o de alto impacto, los controles existen para evitar riesgos y garantizar que el trabajo científico sea transparente y seguro. Este caso plantea una duda preocupante: ¿Cuántas veces se habrán ignorado estos protocolos en nombre de la investigación científica?