Ni como un simio ni como nosotros: así caminaba el hobbit de Flores
Un nuevo análisis de la pelvis del esqueleto de Homo floresiensis indica que encaja con la anatomía de los humanos actuales y revela que caminaba erguido, aunque lentamente
En 2003, en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, apareció un esqueleto que no llegaba a un metro y medio de altura. Lo llamaron LB1: una mujer adulta con un cerebro apenas mayor que el de un chimpancé y huesos tan pequeños que, al principio, algunos investigadores pensaron que se trataba de un niño enfermo. Vivió entre hace 60.000 y 100.000 años. Desde entonces, la pregunta de fondo ha sido siempre la misma: ¿cómo se movía esta mujer diminuta, la representante de una especie a la que llamamos, con cariño, "el hobbit"?
Un hueso que llevaba veinte años dando pistas equivocadas
Durante años, buena parte de lo que se decía sobre el andar de Homo floresiensis se basaba en el pie y en fragmentos sueltos de cadera, que parecían más cercanos a los de un australopiteco (nuestros parientes de hace más de tres millones de años, de cerebro pequeño y marcha todavía poco eficiente) que a los de un humano moderno. Ahora, un equipo liderado por la antropóloga Kristi Lewton (Universidad del Sur de California) ha vuelto a examinar la pelvis de LB1 con tomografía computarizada de alta resolución, una técnica que reconstruye en tres dimensiones un hueso frágil sin manipularlo, y la ha comparado con las de humanos, simios y otras 26 pelvis fósiles de homínidos. El resultado invierte buena parte de lo que se daba por hecho: casi todas las medidas de LB1 caen dentro del rango que vemos en nuestra propia especie.
El hueso que decide si corres o si simplemente caminas
La única excepción importante es el isquion, la parte inferior y trasera del hueso de la cadera, donde se anclan los músculos isquiotibiales (los que notas tensos en la parte de atrás del muslo cuando estiras). Un isquion corto, como el nuestro, permite zancadas largas y eficientes. Uno más largo, como el de los australopitecos, favorece una marcha lenta y más uso de los brazos para trepar. El de LB1 es algo más largo que el de un humano típico, aunque el resto de la pelvis se parece mucho a la nuestra. Traducido a términos prácticos: caminaba erguida, con un paso parecido al humano, pero no estaba hecha para correr ni para recorrer grandes distancias, y es probable que conservara cierta soltura para moverse entre los árboles.
Ni simio arborícola ni corredora: una marcha propia de su isla
Este hallazgo encaja con lo que ya sabíamos de otras partes de la vida de esta especie: los hobbits de Flores se alimentaban de las sobras de los dragones de Komodo y no dominaban el fuego, lo que sugiere una vida de recursos limitados y desplazamientos cortos, no de grandes cacerías ni migraciones. Una cadera casi humana, pero con una marcha lenta, sitúa a esta especie en un punto intermedio, propio de su isla, entre el simio arborícola que algunos imaginaron al principio y la corredora eficiente que somos nosotros.
El misterio que la pelvis no resuelve: de dónde vinieron
Lo que este hueso no aclara es el origen de la especie, uno de los debates más enconados de la paleoantropología desde que se descubrió el yacimiento. Se ha propuesto que los hobbits descienden de un Homo erectus que se fue empequeñeciendo con cada generación tras quedar aislado en Flores (enanismo insular, frecuente en mamíferos de islas pequeñas), o de una especie de Homo ya diminuta llegada desde África. Lewton y su equipo se inclinan por la primera hipótesis, porque la pelvis de LB1 se parece más a la de otros Homo tardíos que a la de un australopiteco, aunque el debate sigue abierto.
Conviene no perder de vista un límite importante: todo este análisis se apoya en un único ejemplar, LB1, la única pelvis parcial conocida de toda la especie. No hay forma de saber si su anatomía representa a toda la población de Homo floresiensis o si es solo la variación individual de una mujer. Hasta que aparezca una segunda cadera en Liang Bua, cualquier conclusión sobre cómo caminaba "el hobbit" sigue siendo, en el fondo, una conclusión sobre cómo caminaba ella.
En la postura de las caderas se esconde buena parte de la historia de cómo se movían los humanos que vinieron antes de nosotros, mucho antes de que existieran las piernas largas y veloces que tenemos.
REFERENCIAS
- Comparative Morphometric Analysis of the Pelvis of LB 1 (Homo floresiensis). Kristi L. Lewton, Ashley S. Hammond, Nurdin Alamsyah, Sofwan Noerwidi, Thomas Sutikna, Matthew M. Skinner, Matthew W. Tocheri. American Journal of Biological Anthropology. 2026.
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