El carbono 14 obliga a revisar la historia del Imperio inca

Incas

Los restos arqueológicos del imperio inca cuentan una historia más larga y complicada que la de una conquista rápida e imparable de sus vecinos

En el yacimiento de Chamical, en el sur de Ecuador, el arqueólogo Dennis Ogburn encontró cerámica inca, puntas de flecha de hueso y una honda. Había poca basura doméstica, y eso quiere decir que se trataba de un puesto militar ocupado durante poco tiempo.

Según la cronología tradicional, los incas habían conquistado aquella región entre 1463 y 1471. Sin embargo, la datación de semillas, madera y carbón de los niveles más antiguos situaba la construcción del enclave probablemente entre 1432 y 1451. Los restos eran anteriores a la llegada de quienes supuestamente los habían dejado. En otras palabras, los incas parecían haber llegado antes de lo previsto.

Chamical no es un caso aislado, las nuevas dataciones están cambiando nuestra forma de entender la expansión del Imperio inca. Su crecimiento parece haber comenzado antes y haber encontrado más resistencia de la que reflejaba la historia tradicional.

Índice
  1. Un calendario construido con relatos
  2. Mucho poder inca antes de lo previsto
  3. Conquistar no era llegar y vencer
  4. Fuente

Un calendario construido con relatos

Durante décadas, los investigadores utilizaron 1438 como fecha de referencia para el comienzo de la expansión imperial, encabezada por Pachacútec. Hasta el inicio de la conquista española, en 1532, habrían pasado apenas 94 años. Este calendario fue elaborado por el arqueólogo John Rowe en la década de 1940, principalmente a partir de relatos coloniales que recogían tradiciones orales. Esas narraciones conservaban la memoria de gobernantes y conquistas, pero convertirlas en una lista de acontecimientos con fechas precisas resulta complicado.

Aquí entra en juego el carbono 14. Los seres vivos incorporan carbono mientras viven. Cuando mueren, dejan de hacerlo y el carbono 14 que contienen se desintegra a un ritmo conocido. Medir cuánto queda permite estimar cuándo murió una planta o un animal. No es un reloj perfecto, ya que la cantidad de carbono 14 presente en la atmósfera ha variado, por lo que hay que ajustar los resultados. En los Andes, la mezcla de aire de ambos hemisferios complica esa tarea. Aun así, las mejoras en estos ajustes y en los análisis estadísticos permiten reducir el error a unos veinte años.

Mucho poder inca antes de lo previsto

Otra pista aparece en Saqsaywaman, el complejo monumental situado sobre Cuzco. Sus enormes bloques de piedra impresionan a cualquiera, pero también plantean una pregunta práctica. ¿Quién organizó a toda la gente necesaria para transportarlos y colocarlos?

Las excavaciones muestran que el lugar experimentó una transformación importante. Un espacio de terrazas asociado a reuniones y banquetes dio paso a construcciones monumentales de piedra cuidadosamente trabajada. Las dataciones de carbón sitúan esa remodelación alrededor de 1400, con una aceleración de las obras desde aproximadamente 1418. Ambas fechas son anteriores al la fecha en la que se suponía que comenzó el imperio.

Movilizar trabajadores y materiales a esa escala sugiere que ya existía una considerable concentración de poder. Las obras no permiten fijar el cumpleaños del Imperio inca, pero sí nos dan a entender que su desarrollo pudo comenzar antes de lo que se pensaba.

Conquistar no era llegar y vencer

Las nuevas fechas también cuentan la historia de quienes se enfrentaron a los incas. En las tierras altas al norte del lago Titicaca, las comunidades colla construyeron poblados fortificados conocidos como pucaras.

Aerial image of a site with large stone walls on a hilltop.
El sitio inca denominado Sicllani Incacancha domina una pukara local, una fortificación donde el pueblo colla pudo haber librado su última resistencia.

La ausencia de cerámica inca había llevado a pensar que muchos quedaron abandonados antes de la llegada del imperio. Pero la arqueóloga Elizabeth Arkush revisó las dataciones y encontró un panorama diferente. Algunos de esos poblados coexistieron con asentamientos incas durante entre treinta y sesenta años. Incluso se construyeron defensas décadas después de que los incas se instalaran en la región. Todo apunta a que la incorporación de estas comunidades fue un proceso prolongado y disputado.

En el valle de Copiapó, al norte de Chile, aparecen indicios de violencia y cambios de estrategia. En Iglesia Colorada se encontraron cráneos perforados, interpretados como cabezas trofeo, asociados a remodelaciones fechadas entre 1400 y 1440.

Después de 1440, la presencia inca se concentró cerca de instalaciones de fundición de cobre. Los investigadores plantean que el imperio ajustó su forma de controlar el territorio y dejó mayor autonomía a las poblaciones vecinas.

Todavía falta un calendario completo que sustituya al anterior. Cada yacimiento necesita sus propias dataciones, Además, saber cuándo estuvo ocupado un lugar no explica por sí solo cómo fue conquistado. Pero los hallazgos muestran una expansión más temprana, desigual y disputada. Tras las grandes construcciones incas hubo un proceso de formación del imperio mucho más complejo de lo que permitía ver el antiguo calendario.

Fuente

Lizzie Wade. Bonanza of new dates rewrites the history of the Inca. Science, 15 de octubre de 2026.

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