En los trazados rápidos, la mayor altura de la carrocería penaliza en principio la estabilidad, pero ¿y si resultara que lo mejor para circular por algunas autopistas fuera un SUV?

Sobre el papel, un coche como el Mercedes-Benz GLE 350 de no es el típico tragamillas. De hecho, la teoría nos dice que los coches bajos son los reyes de la autopista. Cuanto mayor capacidad de penetración en el aire, menos gasto y más estabilidad. Es pura física: una carrocería pegada al suelo corta el viento con más facilidad, ofrece menos resistencia, tiene el centro de gravedad más bajo y permite una dirección más precisa.
A velocidades sostenidas, esa estabilidad se nota: menores movimientos de carrocería, escaso balanceo y una sensación más directa con el asfalto. De ahí que los turismos sigan siendo las referencias en largas distancias.

Pero todo eso funciona mientras el firme acompañe. Cuando aparecen grietas, juntas o baches la ecuación cambia.

La realidad del asfalto es otra

Según la Asociación Española de la Carretera, más de la mitad de las vías españolas presentan un deterioro mayor que hace 30 años. Son datos preocupantes por lo que indicen en la seguridad, en el confort y en el consumo

Ahí es donde los coches bajos, con suspensiones firmes y poco recorrido, pueden empezar a sufrir. Cada irregularidad se transmite al volante y al asiento, y mantener una velocidad constante ya no es tan relajado. En cambio, los SUV —que nacieron para moverse por terrenos complicados— se encuentran más cómodos de lo que parece en esas condiciones. Paradojas del mundo del automóvil.

Su suspensión neumática acomoda la altura de la carrocería según el tipo de firme

Un ejemplo claro de cómo la tecnología puede dar la vuelta al guion es el Mercedes-Benz GLE 350 de. Su suspensión neumática, disponible en opción,acomoda la altura de la carrocería según el tipo de firme. Si el asfalto está bacheado o con badenes indeseados, el coche se eleva ligeramente para amortiguar los impactos. Cuando la vía no presenta problemas, sin embargo, reduce unos milímetros la altura de la carrocería al suelo para ganar estabilidad y reducir la resistencia al aire.

En autopistas con tramos mixtos —esas que combinan un pavimento nuevo con zonas envejecidas— el sistema ajusta la altura sobre la marcha. No hace falta tocar nada: el coche lee el terreno y decide. Lo interesante es que, incluso con más masa y más altura, el GLE consigue mantener un paso por curva y una sensación de control que no desentona con turismos de menor tamaño.

Pero donde se encuentra a sus anchas el Mercedes-Benz GLE 350 de es fuera del asfalto. Aunque de serie lleva unos neumáticos que no son los más apropiados para la práctica de todoterreno, el coche es capaz de sortear pendientes complicadas sin inmutarse. En estos casos, el conductor puede elevar manualmente la altura de la carrocería hasta 90 mm y evitar así que el chasis roce con el suelo.

Consumo, regeneración y pequeños trucos de conducción

Mover casi 2,7 toneladas tiene un precio. Aunque el GLE 350 de 4MATIC homologa unos 2,3 L/100 km gracias a su mecánica híbrida enchufable, el consumo, una vez que se ha agotado la capacidad de la batería, sube a 7,8 l/100 km en autopista. La cosa cambia cuando aún se puede exprimir la batería y el motor eléctrico ayuda al de combustión; ahí el consumo se queda en 4,7 l/100 km, aunque lo mejor llega cuando se utiliza en modo solo eléctrico. 106 km es capaz de recorrer sin recurrir a una sola gota de diésel, aunque el dato puede variar ligeramente si se circula por ciudad o autopista y de la gestión que se haga de las leves de retención de energía situadas en el volante.

En cuanto al interior, Mercedes ha mantenido el diseño horizontal y el clásico trackpad central. Puede parecer algo conservador, pero el sistema sigue funcionando bien. Lo importante está debajo: motor revisado, cambio automático de nueve marchas y tracción total 4MATIC. Mecánica moderna vestida con traje conocido.

Mercedes-Benz GLE de

Cuando la altura deja de ser un problema

Después de varios tramos de autopista, la conclusión es sencilla: un SUV moderno ya no es un invitado fuera de lugar en los grandes trayectos. Su mayor altura no lo penaliza tanto como antes, y la electrónica compensa buena parte de las diferencias con un turismo.
En un país donde las carreteras no siempre están en su mejor momento, tener un poco más de recorrido en la suspensión puede ser más útil que un coeficiente aerodinámico perfecto.

La teoría dice que lo ideal para una autopista es un coche bajo. La práctica, sin embargo, demuestra que un SUV bien afinado como el Mercedes-Benz GLE 350 de puede ofrecer algo que muchos conductores valoran aún más: la tranquilidad de saber que el coche se adapta, sea cual sea el estado del asfalto.