Cuando nació a finales de 2017 sin un predecesor directo en la gama, el Volkswagen T-Roc de primera generación buscaba hacerse un hueco en un segmento muy competido. Hoy, su evolución mecánica va un paso más allá: utiliza algoritmos predictivos para anticipar los riesgos del asfalto antes de que el ojo humano los perciba.

Un conductor tarda, de media, un segundo en reaccionar ante un peligro. A 120 km/h, ese único segundo supone que se recorren 33 metros sin llegar ni siquiera a pisar el pedal del freno. Para evitarlo, hay modelos como el Volkswagen T-Roc e-TSI que atacan de raíz ese punto débil de nuestra biología.

En el caso del Volkswagen, lo hace combinando tres herramientas: los mapas digitales del GPS, una cámara en el parabrisas y un control de velocidad inteligente.

Volkswagen T-Roc

A diferencia de otros modelos, el coche no espera a que el vehículo delantero frene para empezar a actuar. Sabe exactamente por dónde se va conduciendo y cómo es la carretera en tiempo real. Si el coche se aproxima a una curva cerrada, a un cruce o a una rotonda, deja de acelerar por sí solo y empieza a frenar de forma suave y automática. Es tecnología que se adelanta a tu propia mirada.

Preparando el cuerpo para el impacto

En ciudad, el Volkswagen T-Roc activa un «escudo invisible». Sus sensores calculan si un peatón o un ciclista cruzan la calle con riesgo de atropello. Si es así, da un pequeño aviso (como un sutil tirón en el freno) y prepara los mecanismos internos para que, en cuanto tú pises el pedal, el coche se detenga con la máxima fuerza posible para evitar siniestros.

Y si los números dicen que el choque es inevitable, el cerebro del Volkswagen T-Roc toma el control en milisegundos: tensa los cinturones de seguridad para pegar al conductor en el asiento y cierra las ventanillas y el techo, en caso de que sea abrible, para que los airbags salten en la posición perfecta.

El motor de 150 CV: el camaleón de la mecánica moderna

En la versión e-TSi microhíbrida, lo hace alojando bajo el capó un motor de 150 CV. Se trata de un propulsor que esconde una de las historias más exitosas de la industria del automóvil. Sus «antepasados» fueron los primeros motores TSI pequeños del grupo, que revolucionaron el mercado al demostrar que un motor pequeño y ligero, bien ayudado por un turbo, podía jubilar a los motores antiguos, grandes y tragones de toda la vida.

Hoy en día, este motor que se obtiene con una cilindrada de apenas 1.5 litros, es el auténtico comodín del Grupo Volkswagen. Su diseño es tan equilibrado que se monta en múltiples coches: desde el mítico Volkswagen Golf o el Tiguan, hasta el Audi A3, el SEAT León, el Cupra Formentor o el Skoda Octavia. Es el motor universal por excelencia.

El motor de 150 CV del grupo es una obra maestra de la ingeniería modular, capaz de transformarse según el coche que lo monte, desde un compacto deportivo hasta un SUV familiar.

Planeando por la autopista sin gastar una gota

La versión e-TSI añade un aliado definitivo: un pequeño motor eléctrico. No estamos ante esos coches híbridos pesados con baterías gigantescas; aquí la electricidad no busca mover el coche por sí sola, sino hacerle el «trabajo sucio» al motor de gasolina.

La microhibridación de 48 voltios permite al T-Roc apagar su motor térmico por completo, planeando a vela sin gastar una sola gota de combustible cuando las condiciones son favorables.

Lo notarás sobre todo al levantar el pie del acelerador cuando vas de viaje. En ese momento, el motor de gasolina del Volkswagen T-Roc se apaga por completo y el coche se pone a «rodar a vela». Te deslizas por el asfalto por pura inercia, a coste cero, pero sin que el aire acondicionado deje de funcionar. Todos los sistemas siguen funcionando perfectamente. Al rozar el acelerador, el motor de gasolina arranca de nuevo de forma instantánea y tan suave que el conductor ni se entera.

El nuevo T-Roc incorpora un selector de modos de conducción que permite transformar el comportamiento del coche según el escenario o el estado de ánimo de quien se sienta al volante. El modo Eco es ideal para el día a día o viajes largos por autopista en los que se quiera contener el consumo porque suaviza la respuesta del acelerador y del cambio automático. Para las situaciones en las que prime la comodidad, el modo Comfort ofrece un buen compromiso entre consumo y prestaciones. Cuando la carretera se revira o se busca un extra de diversión, el modo Sport hace más rápida la respuesta al acelerador y el controlador del cambio automático revoluciona el motor para ofrecer un tacto más deportivo. Además, el coche se adapta sin problemas a terrenos complicados como caminos de grava o asfalto mojado gracias a la tracción inteligente que asegura un buen agarre en cada momento.

Adiós a los botones de siempre

Al volante, la tecnología domina el interior del Volkswagen T-Roc. Las agujas de plástico de los relojes analógicos de siempre han dejado paso a una pantalla de alta definición. Incluso los clásicos botones del aire acondicionado han evolucionado. Ahora se manejan a través de superficies táctiles: basta con pasar el dedo por encima para subir o bajar la temperatura. El Volkswagen T-Roc ya no es solo un SUV compacto; es la prueba de que los coches han dejado de ser simples máquinas de engranajes para convertirse en ordenadores sobre ruedas diseñados para hacernos la vida mucho más fácil y segura. PVP, 38.500 euros.