Por qué plantar robles puede frenar el cambio climático más que otros árboles
Un estudio con 137 bosques de Estados Unidos revela que los robles continúan capturando dióxido de carbono durante meses después de que su tronco haya dejado de engrosar.
Durante décadas, los modelos climáticos han dado por hecho algo que parecía de sentido común: que un árbol absorbe dióxido de carbono más o menos al mismo ritmo en que produce madera nueva. Si el tronco deja de crecer, se asumía, la absorción de carbono también debería frenarse. Un estudio liderado por Mukund Palat Rao demuestra que esa suposición es, en el caso de los robles, bastante menos cierta de lo que se pensaba.
Fotosíntesis y crecimiento, dos relojes distintos
El equipo combinó cuatro fuentes de datos muy diferentes entre sí: imágenes por satélite, mediciones de dióxido de carbono a nivel de dosel forestal, sensores instalados directamente en los troncos capaces de detectar variaciones mínimas en su grosor, y registros de anillos de crecimiento que se remontan hasta 1950. Con todo ese material analizaron robles en 137 puntos repartidos entre el este de Estados Unidos y California, dos regiones con climas y calendarios estacionales muy distintos.
El patrón que emergió fue sorprendentemente consistente: en el este del país, los robles crecen principalmente entre mayo y julio, pero su actividad fotosintética se prolonga hasta octubre. Alrededor del 36% de todo el carbono que absorben a lo largo del año lo capturan después de que el crecimiento del tronco ya se ha detenido por completo. En California, donde el crecimiento ocurre entre diciembre y abril y se frena hacia agosto por el calor del verano, la fotosíntesis también continúa más allá de esa fecha, y en torno al 26% de la absorción anual de carbono ocurre igualmente una vez terminado el crecimiento.
Adónde va el carbono si no se convierte en madera
Si el árbol sigue absorbiendo dióxido de carbono pero no lo está usando para engordar el tronco, la pregunta obvia es qué hace con él. Según los investigadores, buena parte de ese carbono adicional se destina a otros procesos vitales que no dejan un rastro visible en el grosor del tronco: reservas de azúcares almacenadas en raíces y ramas, mantenimiento del propio tejido foliar, o compuestos de defensa química frente a plagas y enfermedades. Todos esos usos son legítimos desde el punto de vista biológico del árbol, pero no se traducen en el tipo de almacenamiento de carbono a largo plazo, en forma de madera sólida, en el que se basan buena parte de los modelos climáticos actuales.
Esta desconexión entre fotosíntesis y crecimiento del tronco implica que estimar cuánto carbono retiene un bosque simplemente midiendo cuánta madera produce puede llevar a errores sistemáticos, ya sea por exceso o por defecto, dependiendo de qué fracción de ese carbono termine realmente inmovilizada en tejido leñoso duradero.
Por qué esto importa para las previsiones climáticas
Los bosques templados, y los robledales en particular, se cuentan entre los sumideros de carbono más citados a la hora de diseñar estrategias de mitigación del cambio climático, desde programas de reforestación hasta mercados de créditos de carbono. Si los modelos sobreestiman sistemáticamente cuánto carbono queda realmente atrapado en la madera, las previsiones sobre la capacidad futura de estos bosques para absorber las emisiones humanas podrían resultar demasiado optimistas.
Los propios autores señalan que este hallazgo no significa que los robles vayan a almacenar menos carbono en términos absolutos, sino que ese carbono podría repartirse de forma distinta a la asumida hasta ahora, con una fracción mayor destinada a procesos que no generan madera permanente.
Qué viene ahora
El equipo plantea ampliar este mismo enfoque combinado de sensores de tronco, satélites y anillos de crecimiento a otras especies forestales dominantes en climas templados, para comprobar si esta desconexión entre fotosíntesis y crecimiento es una peculiaridad de los robles o un patrón mucho más extendido entre los árboles de hoja caduca, lo que obligaría a revisar a fondo los modelos actuales de secuestro forestal de carbono.
REFERENCIA
- Decoupled carbon assimilation and growth responses to aridity in temperate deciduous oaks (Mukund Palat Rao et al., Science Advances, 2026)
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