Las olas de calor disparan los ingresos psiquiátricos

ingresos psiquiátricos

Un análisis de más de 2,6 millones de hospitalizaciones en cuatro países confirma que el calor extremo y sostenido aumenta el riesgo de ingreso por trastornos mentales y de conducta

El calor extremo se asocia habitualmente a golpes de calor, deshidratación o descompensación de enfermedades cardiovasculares, pero su impacto sobre la salud mental recibe mucha menos atención. Un equipo internacional liderado por Yuming Guo y Shanshan Li ha analizado datos de 852 localidades de Brasil, Canadá, Chile y Nueva Zelanda para cuantificar, con una muestra muy amplia, hasta qué punto las olas de calor sostenidas elevan los ingresos hospitalarios por motivos psiquiátricos.

Índice
  1. Más de dos millones de ingresos analizados
  2. Por qué el calor nocturno es el más peligroso
  3. Implicaciones para los sistemas de salud ante un clima más cálido
  4. Referencia

Más de dos millones de ingresos analizados

El estudio publicado en Nature Health, firmado en primer lugar por el investigador Y. Liu, examinó más de 2,6 millones de hospitalizaciones registradas durante las estaciones cálidas entre los años 2000 y 2019. Los autores cruzaron esos datos con registros meteorológicos detallados para distinguir entre episodios de calor puntuales y periodos de calor sostenido, es decir, varios días seguidos de temperaturas elevadas tanto durante el día como durante la noche.

El resultado mostró que la exposición prolongada al calor extremo se asocia de forma consistente con un mayor riesgo de ingreso hospitalario por trastornos mentales y de conducta, un vínculo que se mantuvo incluso al ajustar los datos por edad, nivel socioeconómico y otros factores que podrían distorsionar la comparación entre localidades. El efecto resultó especialmente marcado cuando el calor se mantenía también durante la noche, impidiendo el descanso reparador que normalmente permite al organismo recuperarse del estrés térmico diurno.

Por qué el calor nocturno es el más peligroso

Los investigadores explican que las noches cálidas interrumpen el sueño, y la falta de sueño está a su vez relacionada con un peor control emocional, mayor irritabilidad y un riesgo más alto de crisis en personas que ya conviven con trastornos psiquiátricos previos. A eso se suma el efecto directo del calor sobre la fisiología cerebral, que altera la regulación de neurotransmisores implicados en el estado de ánimo y puede agravar cuadros de ansiedad, depresión o incluso psicosis en personas vulnerables.

Los adultos mayores resultaron ser el grupo con mayor riesgo relativo de ingreso durante las olas de calor sostenidas, en parte porque su capacidad para regular la temperatura corporal disminuye con la edad y en parte porque suelen convivir con otras enfermedades crónicas que se descompensan con más facilidad. Este dato coincide con lo observado en estudios previos sobre mortalidad asociada al calor, en los que los adultos mayores también encabezan siempre las listas de riesgo.

Implicaciones para los sistemas de salud ante un clima más cálido

Con el calentamiento global provocando olas de calor cada vez más largas, frecuentes e intensas en gran parte del planeta, los autores advierten de que los sistemas de salud mental deberían incorporar de forma explícita el riesgo climático en su planificación, algo que hasta ahora ha quedado casi siempre reservado a los servicios de urgencias generales y cardiovasculares.

Entre las medidas que proponen figuran el refuerzo de los equipos de salud mental comunitaria durante los avisos de ola de calor, la identificación proactiva de pacientes psiquiátricos vulnerables que viven solos o sin acceso a aire acondicionado, y campañas específicas de concienciación que adviertan de que el calor extremo pone en riesgo tanto el corazón como el equilibrio mental de quienes lo sufren.

Los propios autores reconocen que hacen falta más estudios en regiones con climas y sistemas sanitarios distintos, incluidas zonas de Europa y Asia con estaciones estivales cada vez más largas, para comprobar si el patrón se repite con la misma intensidad fuera de los cuatro países analizados. Mientras tanto, los datos disponibles ya bastan para justificar que los protocolos de respuesta ante olas de calor incluyan de forma explícita a los servicios de psiquiatría, algo que todavía no ocurre en la mayoría de los planes nacionales de emergencia climática.

Referencia

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