Un estudio en Estados Unidos muestra que los grandes incendios disparan el ozono troposférico y agravan la contaminación, con efectos respiratorios incluso muy lejos del frente de llamas.

Imagen: El humo del incendio Elkhorn en Idaho se extiende sobre el río Salmon, 31 de julio de 2023. Créditos: Brian Maffly

Cuando arde el bosque, no solo hay llamas, también hay química. El humo libera compuestos que, con la luz del sol, forman ozono a nivel del suelo, un gas irritante distinto del ozono de la estratosfera que nos protege de la radiación. Ese ozono se mide en partes por mil millones, abreviado ppb, es decir, cuántas moléculas hay en cada mil millones. En Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental fija un estándar de salud de 70 ppb para el aire ambiente. Rebasarlo implica más tos, más sibilancias y más visitas al médico.

A medida que los incendios forestales crecen en tamaño y frecuencia en el Oeste de Estados Unidos, un equipo de Colorado, Utah y California ha analizado cómo el humo modifica el aire y, en consecuencia, nuestra salud. Su trabajo ofrece una mirada directa a un problema que ya no es estacional, sino crónico. Las conclusiones señalan efectos que se notan a cientos de kilómetros.

Los síntomas van desde tos hasta enfermedades pulmonares y cardiovasculares y, en algunos casos, muerte prematura

El estudio, publicado en la revista Atmospheric Environment, muestra que los grandes incendios, como los de Colorado, Oregón y California en los últimos años, generan grandes cantidades de ozono en la atmósfera cercana a la superficie. Ese incremento no solo castiga los pulmones y agrava otras afecciones, también contribuye al calentamiento del planeta.

El equipo se centró en los grandes incendios de 2020 que afectaron a gran parte del Oeste estadounidense. Entre el 15 y el 26 de agosto de 2020, las llamas arrasaron más de un millón de acres en siete condados del norte de California y causaron daños por 12.000 millones de dólares. Ese periodo también estuvo marcado por docenas de incendios en otros estados.

En 2025, España ha vivido los peores incendios forestales de su historia reciente, con casi 400.000 hectáreas quemadas según datos de finales de agosto, superando el récord de 2022. El fuego ha sido especialmente grave en el noroeste peninsular, Cataluña y Extremadura, a pesar de haberse dado con menos incendios que en años anteriores. Las olas de calor extremo y el calor duradero han sido los principales factores que han exacerbado estos desastres, que han causado muertes, desalojos y graves daños ambientales.

Las simulaciones de los investigadores estadounidenses conectaron la actividad de las llamas con la formación de ozono en áreas pobladas, a veces muy alejadas del frente. El enfoque integró química atmosférica y meteorología para seguir las plumas de humo en el espacio y el tiempo. Así, los investigadores pudieron cuantificar cuánto sube el ozono cuando aparece el humo.

El ozono, por encima de los límites aceptables también en España

“Los incendios forestales no emiten ozono directamente”, dijo Mandel, autor principal del estudio. “El humo de los incendios forestales contiene compuestos químicos que reaccionan con la luz del sol para producir ozono, a menudo lejos del propio incendio. Modelar esto requiere software sofisticado de química atmosférica y de predicción del tiempo, que integramos con nuestro modelo de incendios”.

El artículo concluye que, de media, la presencia de humo de incendios incrementa las concentraciones de ozono en 21 partes por mil millones. Esa cifra se suma a niveles ya altos en el Oeste, por lo que empuja las concentraciones por encima del estándar de salud de 70 ppb fijado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. El resultado es un margen de seguridad más estrecho para millones de personas.

Los datos también son extensibles a España. Según el informe de Evaluación de la Calidad del Aire en España del Ministerio para la Transición Ecológica, la mayoría del país, el 90% de la superficie, se encuentra por encima de los niveles seguros marcados por la OMS de 60 µg/m3.

El ozono a nivel del suelo es un peligro para la salud. Irrita las vías respiratorias, empeora el asma y añade estrés al sistema cardiovascular. Cuando sube, el aire se vuelve más difícil de respirar para niños, mayores y quienes tienen enfermedades previas.

En Estados Unidos, el Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de Colorado advierte que los síntomas van desde tos hasta enfermedades pulmonares y cardiovasculares y, en algunos casos, muerte prematura. Los días de mucho humo, el riesgo se multiplica.

Los investigadores también subrayan la dimensión climática. El ozono es un gas de efecto invernadero de vida corta que atrapa calor. Si el humo lo alimenta, los grandes incendios no solo son un síntoma del cambio climático, también refuerzan el problema.

El trabajo conjunto entre matemáticos, meteorólogos y químicos permite mejorar las predicciones. Un modelo que describe el fuego, los vientos y las reacciones químicas ayuda a anticipar picos de ozono y a emitir avisos con más precisión. Esa anticipación puede reducir la exposición de la población.

El estudio no dice que cada incendio provoque los mismos aumentos, pero sí que los megaincendios crean condiciones propicias para subir el ozono. Los autores ven el avance como una base para afinar políticas de calidad del aire. Si se conocen los episodios de humo con antelación, se pueden ajustar advertencias y protocolos sanitarios. La ciencia, bien aplicada, da tiempo y margen de maniobra.

REFERENCIA

Simulating the impacts of regional wildfire smoke on ozone using a coupled fire-atmosphere-chemistry model