El calor del verano triplica las muertes en 854 ciudades europeas por el cambio climático, con aumentos de hasta 3,6 °C atribuibles a actividades humanas.

Un nuevo informe, publicado en septiembre de 2025, concluye que el cambio climático intensificó las temperaturas estivales en Europa y provocó 16.500 muertes adicionales frente a un verano sin calentamiento provocado por actividades humanas. Los autores estudiaron 854 ciudades y estimaron 24.400 fallecimientos por calor durante el verano. Según sus cálculos, el calentamiento de origen humano explica el 68 por ciento de ese total.

El aumento térmico modelizado llegó hasta 3,6 °C en algunos lugares. Esa subida no se reparte de forma uniforme, y pequeñas diferencias pueden convertir un día muy caluroso en un día peligroso. A 40 °C, el margen entre tolerable y letal se mide en grados y a veces en décimas.

El trabajo lo lideran investigadores del Imperial College London y la London School of Hygiene & Tropical Medicine. El equipo advierte que estas cifras son una instantánea, no un censo completo. Las ciudades analizadas representan cerca del 30 por ciento de la población europea, de modo que el balance continental probablemente sea mayor.

Los métodos combinan modelos matemáticos, registros históricos de mortalidad y protocolos estadísticos. Esta aproximación permite generar estimaciones tempranas antes de que lleguen los datos oficiales. Las estadísticas gubernamentales suelen tardar meses, cuando llegan, y muchas muertes relacionadas con el calor no se codifican como tales.

Los autores subrayan por eso que el calor extremo actúa como “asesinos silenciosos”. La mayoría de los fallecimientos se ocultan entre diagnósticos previos, desde cardiopatías hasta patologías respiratorias. Cuando el termómetro sube, los sistemas de salud lo notan enseguida, aunque el papel tarde en contarlo.

2841 muertos por el calor en España

El reparto por países muestra el alcance. Italia concentra 4.597 muertes por calor atribuibles al cambio climático. España suma 2.841. Alemania registra 1.477 y Francia 1.444. En el Reino Unido se estiman 1.147, en Rumanía 1.064, en Grecia 808, en Bulgaria 552 y en Croacia 268. Las notas técnicas incluyen el desglose completo para todos los países y sus intervalos de confianza.

Las capitales ilustran otra cara del problema. Roma acumula 835 fallecimientos adicionales por el componente climático. Atenas añade 630. París alcanza 409, Madrid 387, Bucarest 360, Londres 315 y Berlín 140. La isla de calor urbana, los edificios mal ventilados y la menor presencia de vegetación hacen que la ciudad, en verano, sea menos refugio y más trampa.

La vulnerabilidad por edad se impone en los datos. Las personas de 65 años o más representan el 85 por ciento del exceso de muertes. Con una población europea que envejece, veranos más cálidos implican riesgos crecientes. El calor no negocia y castiga sobre todo a quienes ya cargan con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.

El estudio llega poco después de otro trabajo del mismo equipo que evaluó una ola de calor de julio y concluyó que el cambio climático pudo triplicar su mortalidad. Es un patrón que se repite. La frecuencia y la intensidad de los episodios extremos aumentan, y con ellas la probabilidad de impactos letales.

Los autores piden medidas de protección inmediatas. Los planes deben incluir alertas tempranas, espacios de refrigeración, horarios laborales adaptados, aislamiento térmico en viviendas y atención a personas mayores y trabajadores expuestos. Abrir una biblioteca fresca puede salvar tantas vidas como una intervención hospitalaria, con menos titulares y el mismo efecto.

La mitigación marca la diferencia a medio y largo plazo. Reducir rápidamente la quema de combustibles fósiles es la vía más eficaz para evitar veranos más calurosos y mortales. Cada décima de grado que no sumamos al termómetro es una ambulancia que no hace falta.

Las cifras de este verano deben leerse con cautela y con urgencia. Son estimaciones tempranas basadas en evidencia sólida, útiles para orientar respuestas mientras llegan los registros oficiales. Si esperamos a tener todos los formularios, llegamos tarde por definición.

El informe recuerda además que la mortalidad por calor no se distribuye de manera equitativa. La renta, la calidad de la vivienda, el acceso a aire acondicionado eficiente y la disponibilidad de zonas verdes modulan el riesgo. La adaptación funciona, pero no sustituye la mitigación.

La ciencia de atribución ofrece un lenguaje común para responsables públicos y sanitarios. Permite separar qué parte del daño obedece a un clima alterado por el ser humano. Con esa información se priorizan inversiones y se verifican resultados, algo tan prosaico como necesario.

Europa dispone de conocimiento y herramientas para reducir el riesgo. Falta llevarlas a escala con la velocidad que marca el termómetro. El calor ya no es solo un tema de conversación, es un problema de salud pública con números y nombres.

REFERENCIA

Summer heat deaths in 854 European cities more than tripled due to climate change