Cuando se activa el deseo sexual, hombres y mujeres dan más importancia al atractivo físico, incluso en relaciones a largo plazo.

El deseo sexual no solo impulsa encuentros pasajeros sino que también puede moldear profundamente cómo elegimos pareja a largo plazo. En psicología evolutiva, se considera que el atractivo físico es una señal de fertilidad y buena salud, y por eso influye en nuestras decisiones románticas.

Un nuevo estudio publicado en Journal of Experimental Social Psychology revela que el deseo sexual tiene un papel decisivo a la hora de decidir qué buscamos en una pareja para una relación estable. Aunque solemos decir que priorizamos cualidades como la amabilidad, el compromiso o el apoyo emocional, lo cierto es que el atractivo físico sigue teniendo un peso importante, y ahora sabemos por qué: cuando sentimos deseo sexual (tanto de forma habitual como en un momento concreto) tendemos a valorar más el atractivo de nuestra posible pareja, incluso si estamos buscando algo serio y duradero.

El equipo dirigido por la psicóloga Sierra D. Peters, de Rhodes College, quería ir más allá de las explicaciones tradicionales que dividen las preferencias amorosas según el género o la cultura. En lugar de eso, se centraron en las motivaciones inmediatas, esas que influyen en cómo evaluamos a posibles parejas cuando pensamos en relaciones duraderas. “Siempre me ha interesado saber qué rasgos buscan las personas en una pareja romántica y por qué”, explica Peters. “Hay muchos estudios que muestran que la gente quiere parejas atractivas a largo plazo (especialmente los hombres), pero el porqué de esa preferencia no se ha estudiado tanto”.

En el primero de tres estudios, se encuestó a 554 adultos mediante una tarea de presupuestación: los participantes debían repartir un número limitado de puntos entre diferentes cualidades deseables en una pareja ideal, como el atractivo, la creatividad, la vitalidad, el compromiso y el estatus social. Además, completaron cuestionarios sobre deseo sexual y sociosexualidad (es decir, su apertura a relaciones sexuales sin compromiso).

Las diferencias entre hombres y mujeres se desvanecen

Los resultados confirmaron lo esperado: los hombres priorizaron el atractivo físico más que las mujeres. Pero aquí viene lo interesante: gran parte de esa diferencia entre sexos se explicó por los niveles de deseo sexual. En promedio, los hombres reportaron mayor deseo sexual, y las personas con deseo más elevado (sin importar su género) tendieron a darle más valor al atractivo físico. Este patrón se mantuvo incluso al tener en cuenta factores como la sociosexualidad o si la persona estaba en una relación o no.

En el segundo estudio, los investigadores quisieron comprobar si activar el deseo sexual podía influir directamente en las prioridades románticas del momento. Para ello, pidieron a más de 1.000 estudiantes universitarios que escribieran sobre un momento en el que sintieron una fuerte atracción sexual o, si estaban en el grupo de control, sobre un momento en el que se sintieron felices y emocionados. Después, realizaron la misma tarea de presupuestación que en el primer estudio.

¿El resultado? Quienes fueron inducidos a sentir deseo sexual asignaron significativamente más puntos al atractivo físico de una pareja a largo plazo, en comparación con el grupo de control. Este efecto se observó tanto en hombres como en mujeres. De hecho, las mujeres del grupo de control no priorizaron el atractivo por encima del azar, pero una vez activado el deseo sexual, sus preferencias se asemejaron mucho más a las de los hombres.

Peters lo resume así: “Cuando las personas sienten deseo sexual (ya sea de forma habitual o activado en un momento determinado) dan más importancia al atractivo físico de potenciales parejas románticas. Esto ocurre tanto en hombres como en mujeres”.

Para rematar, el tercer estudio fue en la dirección contraria: en lugar de activar el deseo, se intentó suprimir su relevancia. A 469 participantes se les pidió que imaginaran una relación de pareja a largo plazo sin sexo, en una sociedad donde el sexo fuera aceptado fuera de la relación y no generara problemas emocionales. En estas condiciones, los participantes volvieron a completar la tarea de presupuestación.

Como se esperaba, al eliminar el componente sexual, se redujo la importancia asignada al atractivo físico. En su lugar, los participantes dieron más puntos a cualidades como el estatus o el compromiso. Esto sugiere que cuando el deseo sexual no está presente, el atractivo pierde peso como criterio de selección de pareja.

En conjunto, estos tres estudios muestran que el deseo sexual —tanto el que sentimos habitualmente como el que se activa en un momento puntual— puede moldear lo que valoramos en una relación. Y lo hace de forma dinámica, afectando tanto a hombres como a mujeres. Esto desafía las perspectivas evolutivas tradicionales, que tienden a ver las preferencias de pareja como rasgos fijos e invariables.

Eso sí, los propios autores reconocen algunas limitaciones. Todos los estudios se basan en escenarios hipotéticos y respuestas autodeclaradas, que no siempre reflejan cómo se elige pareja en la vida real. Las normas sociales, los sesgos personales y otras motivaciones como el deseo de formar una familia o establecer vínculos emocionales también juegan un papel relevante.

En el futuro, los investigadores quieren explorar cómo cambian las preferencias de pareja a lo largo del tiempo en relaciones reales, y si factores como el deseo de crianza o la conexión emocional tienen un impacto similar. También contemplan el uso de medidas implícitas que permitan estudiar estas preferencias de manera menos influenciada por lo que los participantes piensan que “deben” responder.

Como concluye Peters, “me gustaría examinar cómo varían otras preferencias de pareja según la situación, y qué mecanismos afectivos y motivacionales las impulsan”.

REFERENCIA

The evolved psychology of mate preferences: Sexual desire underlies the prioritization of attractiveness in long-term partners