Un estudio en Cataluña revela que casi una de cada cuatro personas infectadas con SARS-CoV-2 desarrolló COVID persistente, con síntomas prolongados en más de la mitad de los casos.

El COVID persistente (long COVID) es una condición en la que los síntomas del COVID-19 continúan o reaparecen meses después de la infección inicial. Puede incluir fatiga, problemas respiratorios, neurológicos y digestivos. Aunque muchos estudios se han centrado en pacientes hospitalizados, investigaciones como la del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) permiten entender mejor su impacto en la población general. Factores de riesgo como el género, la gravedad de la infección y enfermedades preexistentes pueden influir en su desarrollo, mientras que la vacunación y un estilo de vida saludable parecen ofrecer cierta protección.

Un estudio del ISGlobal, en colaboración con el Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y dentro del proyecto europeo END-VOC, ha analizado la persistencia del COVID persistente en la población catalana. Según sus conclusiones, publicadas en BMC Medicine, el 23% de las personas infectadas con SARS-CoV-2 entre 2021 y 2023 desarrollaron COVID persistente. De ellas, el 56% seguía experimentando síntomas hasta dos años después.

El estudio utilizó datos de la cohorte COVICAT, un proyecto diseñado para evaluar el impacto de la pandemia en la salud de la población en Cataluña. Se realizó un seguimiento a 2.764 adultos que respondieron a cuestionarios en 2020, 2021 y 2023, además de proporcionar muestras de sangre y registros médicos.

Factores de riesgo y protección

Según Marianna Karachaliou, coautora del estudio, ser mujer, haber padecido una infección grave por COVID-19 y tener enfermedades crónicas como el asma aumentan el riesgo de desarrollar COVID persistente. También se observó que las personas con obesidad y niveles elevados de anticuerpos IgG antes de la vacunación tenían más probabilidades de desarrollar síntomas prolongados. Esto sugiere que una hiperactivación del sistema inmunológico tras la infección inicial podría estar relacionada con la persistencia de los síntomas.

Por otro lado, el estudio identificó factores protectores. Vacunarse antes de la infección y mantener un estilo de vida saludable, con actividad física regular y sueño adecuado, parecen reducir el riesgo de COVID persistente. Además, las personas infectadas después de la aparición de la variante Ómicron tuvieron menos probabilidades de desarrollar síntomas prolongados, lo que podría explicarse por la menor gravedad de las infecciones o por una mayor inmunidad general a la enfermedad.

Tres tipos de COVID persistente

A partir de los síntomas reportados y los historiales médicos de los participantes, los investigadores clasificaron el COVID persistente en tres subtipos clínicos:

  1. Neurológico y musculoesquelético
  2. Respiratorio
  3. Grave y multisistémico

Los resultados muestran que un porcentaje significativo de la población sigue lidiando con síntomas de larga duración, lo que puede afectar su calidad de vida. Judith Garcia-Aymerich, investigadora del ISGlobal y última autora del estudio, enfatiza la importancia de colaborar con otros países para determinar si estos hallazgos pueden aplicarse a otras poblaciones.

Por su parte, Rafael de Cid, director científico del proyecto GCAT en el IGTP, destaca que, aunque se ha avanzado en la comprensión del COVID-19 en estos cinco años, su impacto en la salud mental, el trabajo y la calidad de vida sigue siendo profundo. Señala que el estudio de la cohorte COVICAT ha sido clave en la investigación y agradece la contribución de los voluntarios y del Banco de Sangre y Tejidos, especialmente en los momentos más difíciles de la pandemia.

Este estudio resalta la necesidad de seguir investigando el COVID persistente para mejorar la atención a los pacientes y encontrar estrategias efectivas para su prevención y tratamiento.

REFERENCIA

Risk, determinants, and persistence of long-COVID in a population-based cohort study in Catalonia