¿El futuro de los antivirales podría estar en tu bolsillo? Un chicle hecho con unas judías especiales podría frenar la transmisión de virus como la gripe y el herpes.
Los virus como la gripe y el herpes simple se transmiten principalmente por vía oral, lo que significa que muchos de ellos se multiplican y diseminan desde la boca y la garganta. Esto plantea un desafío importante para frenar su contagio. Los antivirales tradicionales suelen administrarse en forma de inyecciones, aerosoles nasales o comprimidos, pero todos tienen limitaciones en cuanto a su facilidad de uso y efectividad localizada. Recientemente, ha surgido un enfoque innovador: usar la acción de masticar como vehículo para liberar proteínas antivirales. El chicle, además de ser familiar para el público, puede ofrecer una forma sostenida y localizada de tratamiento. En este caso, los científicos se han centrado en una proteína natural, FRIL, con propiedades antivirales, que se encuentra en una legumbre conocida como lablab o frijol jacinto.
Un equipo de investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad de Pensilvania ha desarrollado un chicle con capacidades antivirales que promete revolucionar la forma en que tratamos infecciones comunes pero altamente contagiosas como el herpes y la gripe. Este chicle, lejos de ser uno cualquiera, está hecho con polvo de judía lablab (Lablab purpureus), una legumbre poco conocida en Europa pero utilizada en otras partes del mundo por sus propiedades nutricionales y medicinales.
El ingrediente estrella del chicle es una proteína llamada FRIL, que tiene la capacidad de atrapar y neutralizar ciertos virus. Lo más interesante de esta proteína es que se mantiene estable incluso después de convertir la legumbre en polvo, lo que la hace ideal para integrarse en productos como un chicle. En las pruebas realizadas, el chicle liberó más del 50% del FRIL en los primeros 15 minutos de masticación, una señal prometedora para su uso real. La prueba se realizó en un simulador de masticación llamado ART-5, que recrea las condiciones de la cavidad oral, incluidas las posibles interacciones con compuestos que podrían degradar el FRIL.
¿Chicle contra la gripe aviar?
Los resultados fueron sorprendentes: solo 40 miligramos de este polvo de judía en una tableta de dos gramos lograron reducir la carga viral de herpes y gripe en más del 95%. Aunque el estudio aún no se ha probado en humanos, los resultados están en línea con investigaciones anteriores del mismo equipo, quienes ya habían creado un chicle antiviral para el COVID-19, actualmente en fase de ensayos clínicos.
La elección de la boca como foco de acción no es casual. Como explican los investigadores, «la transmisión oral de virus es varios órdenes de magnitud mayor que la nasal». Esto significa que tiene sentido centrarse en frenar la propagación desde la boca, donde comienza una gran parte del contagio. En comparación con aerosoles nasales o vacunas que no siempre evitan la transmisión, un chicle antiviral podría actuar directamente en el lugar de origen del virus.
Además, la accesibilidad de un producto como el chicle podría facilitar su aceptación por parte del público, sobre todo en el caso del herpes, que afecta al 27% de la población adulta en Estados Unidos y puede transmitirse sin síntomas. Aunque no existe cura para el virus del herpes, tanto el tipo 1 (oral) como el tipo 2 (genital) pueden causar complicaciones crónicas. El HSV-1, por ejemplo, es la principal causa de ceguera infecciosa en los países occidentales.
En palabras del investigador Henry Daniell, «el control de la transmisión de virus sigue siendo un gran desafío mundial». Según él, el uso de una proteína antiviral de amplio espectro como el FRIL, presente en un alimento natural, no solo puede neutralizar virus humanos como la gripe común, sino también cepas de gripe aviar como el H5N1. La posibilidad de utilizar algo tan cotidiano como un chicle para frenar pandemias representa, en su opinión, una innovación muy oportuna.
El siguiente paso para el equipo es probar el chicle en ensayos clínicos con humanos. Además, ya están trabajando en una nueva versión dirigida al virus de la gripe aviar, que preocupa cada vez más por su potencial de transmisión a humanos.
Si bien aún queda camino por recorrer, esta investigación abre la puerta a una nueva generación de antivirales que, literalmente, podrías llevar en el bolsillo.
REFERENCIA
Fuente: University of Pennsylvania