Muchos pacientes con intestino irritable culpan al trigo o al gluten, pero los investigadores no encontraron diferencias en los síntomas al dar barritas sin gluten haciéndolas pasar por normales

El efecto «nocebo» es el reverso oscuro del efecto placebo. Si el placebo es una pastilla de azúcar que cura al paciente, a pesar de no tener ningún ingrediente activo, solamente por el efecto psicológico, el nocebo es lo contrario. La creencia de que algo les va a hacer daño hace que tengan síntomas, a pesar de que no se les ha dado el compuesto dañino.

Un equipo liderado por Caroline Larissa Seiler en la Universidad McMaster quiso separar expectativas y biología en pacientes con síndrome de intestino irritable (IBS, por sus siglas en inglés) que creían mejorar al quitar el gluten de su dieta. El trabajo fue un ensayo aleatorizado, doble ciego, cruzado y controlado con “sham”, es decir, un tratamiento que supuestamente contiene la sustancia dañina, pero en realidad no la tiene. En este diseño cada persona actúa como su propio control y ni participantes ni investigadores saben qué se administra en cada fase.

Reclutaron adultos con IBS que decían aliviarse con una dieta sin gluten. Veintiocho completaron el protocolo. Cada participante afrontó tres periodos de desafío de siete días, separados por lavados de dos semanas manteniendo la dieta sin gluten. Durante cada semana de desafío, consumieron una barrita al día, idénticas en aspecto, sabor y olor.

Había tres barritas. Una contenía harina de trigo integral, con gluten y otras proteínas como los inhibidores de amilasa tripsina. Otra llevaba gluten purificado con la mayoría de otras proteínas del trigo retiradas. La tercera era un “sham”, hecha con harinas sin trigo ni gluten.

El orden de consumo se asignó al azar. La medida principal fue el empeoramiento de síntomas de al menos 50 puntos en la escala IBS-SSS, un estándar para severidad del IBS. Así evaluaron si cada desafío provocaba un brote clínicamente relevante.

La barrita falsa también producía síntomas de intolerancia al gluten

El resultado principal fue claro. No hubo diferencias estadísticamente significativas en el empeoramiento de síntomas entre los tres desafíos. Tras el desafío con trigo, el 39% experimentó un empeoramiento relevante. Con el de gluten, el 36%. Con el “sham”, que no contenía ni trigo ni gluten, aun así el 29% empeoró. Las diferencias fueron pequeñas y no alcanzaron significado estadístico, lo que sugiere que ni el trigo ni el gluten fueron los desencadenantes específicos para la mayoría.

Los efectos adversos fueron frecuentes y similares en las tres condiciones. El 93% reportó hinchazón, dolor abdominal o cambios del hábito intestinal tanto con trigo, como con gluten, como con el placebo. El hecho de que los síntomas negativos aparecieran con la barrita inactiva apunta a un potente efecto nocebo, donde la anticipación de molestias parece generarlas.

El estudio también midió el cumplimiento con marcadores objetivos. Se pidieron muestras de heces para detectar péptidos inmunogénicos del gluten, un indicador fiable de ingesta reciente. Aunque los participantes informaron un alto cumplimiento, con un 97% de barritas consumidas, los análisis contaron otra historia.

El 57% tuvo gluten detectable en momentos en que debían estar en dieta estricta sin gluten, como antes de un desafío o durante la semana “sham”. En cambio, el 25% no mostró gluten detectable tras los desafíos con trigo o gluten, lo que sugiere que no consumieron todas las barritas. En conjunto, los datos objetivos indicaron que solo alrededor de un tercio cumplió plenamente el protocolo.

El equipo realizó un seguimiento para ver si conocer sus resultados personales cambiaba creencias y conductas. Tras el ensayo, cada participante recibió su perfil de respuesta a trigo, gluten y “sham”. Aun con esa información, la mayoría no modificó su dieta. De los 26 que recibieron resultados, 17 siguieron con la dieta sin gluten.

La decisión de continuar se explicó sobre todo por la creencia persistente de que la dieta mejoraba sus síntomas y su calidad de vida. Incluso quienes vieron que sus síntomas aparecían con el placebo o que no reaccionaban al gluten mantuvieron la restricción. Este hallazgo subraya lo arraigadas que están las creencias sobre los “disparadores” alimentarios y lo difícil que es moverlas, incluso con evidencia personal directa.

Aun con las limitaciones del estudio, las implicaciones son relevantes. Para una proporción considerable de pacientes con IBS y sensibilidad autopercebida al gluten, la creencia sobre el gluten, y no el gluten en sí, podría estar impulsando los síntomas. El trabajo demuestra lo poco fiable del autoinforme de adherencia y refuerza la necesidad de incluir marcadores objetivos, como el análisis de heces, en ensayos de nutrición.

También sugiere que ayudar a los pacientes a manejar su condición exige más que consejos dietéticos. El apoyo psicológico para reevaluar creencias sobre desencadenantes y reintroducir alimentos de forma segura puede ser un componente clave de la atención. La comunicación clara, el uso de objetivos medibles y una estrategia gradual podrían desactivar la trampa del nocebo.

REFERENCIA

Effect of gluten and wheat on symptoms and behaviours in adults with irritable bowel syndrome: a single-centre, randomised, double-blind, sham-controlled crossover trial