Al iluminar el oído con láser infrarrojo se escuchan sonidos, ¿cómo es posible?
Investigadores japoneses han logrado que unos jerbos perciban algo parecido a un sonido iluminando su oído interno con un láser a través del tímpano, sin cirugía ni manipulación genética.
Perder el oído es quedarse poco a poco fuera de las conversaciones, y las soluciones actuales distan de ser perfectas: los audífonos solo amplifican el sonido y los implantes cocleares exigen pasar por el quirófano. Por eso resulta tan llamativo lo que acaba de conseguir un equipo japonés, que ha hecho que un animal perciba algo parecido a un sonido usando únicamente un haz de luz, sin abrir nada ni tocar sus genes. De momento, eso sí, hablamos de jerbos y de una prueba de concepto.
El problema de oír con la tecnología actual
Cuando la sordera es leve, un audífono que suba el volumen puede bastar. Pero si las células sensoriales del oído interno están muy dañadas, amplificar el sonido sirve de poco, y entonces la opción es el implante coclear, un aparato que estimula eléctricamente el nervio auditivo mediante electrodos colocados en una operación. Existe una tercera vía experimental, la optogenética, que consigue activar las neuronas de la cóclea con luz, pero tiene una pega importante: antes hay que modificar genéticamente esas neuronas para que fabriquen proteínas sensibles a la luz, algo difícil de trasladar a las personas. La gracia del nuevo trabajo es que prescinde tanto del bisturí como de la terapia génica.
Un láser que atraviesa el tímpano
La técnica se apoya en una propiedad curiosa de la luz infrarroja: es capaz de atravesar tejidos finos. Los investigadores dirigieron pulsos de láser infrarrojo a través del tímpano hasta la cóclea, el caracol lleno de líquido donde reside nuestro sentido del oído, sin necesidad de implantar nada. Para comprobar si el animal percibía realmente algo, recurrieron a un condicionamiento clásico, el de toda la vida desde los perros de Pávlov: enseñaron a los jerbos a asociar una señal con una recompensa de agua. A un grupo la señal le llegaba como un sonido normal; a otro, como un destello de láser en el oído. Los jerbos entrenados con luz empezaron a lamer en el momento justo, anticipando el agua, lo que demuestra que para ellos ese pulso de láser significaba algo. Aprendían de forma parecida a los entrenados con sonido, aunque la respuesta al sonido real seguía siendo más intensa.
¿De verdad estaban oyendo?
Aquí es donde el estudio publicado en la revista iScience se pone riguroso, porque una cosa es que el animal reaccione y otra que lo haga a través del oído y no por cualquier otro estímulo. Los autores hicieron tres comprobaciones elegantes. Primero, añadieron ruido blanco de fondo: ese ruido apagó tanto la respuesta al sonido como la respuesta al láser, pero no la respuesta a las señales visuales, lo que indica que el láser se procesaba por la vía auditiva y no como una distracción cualquiera. Segundo, al subir la energía del láser aumentaba la intensidad de la percepción, igual que un sonido más fuerte provoca una respuesta mayor. Tercero, los jerbos entrenados solo con sonido reaccionaron la primera vez que recibieron el láser, señal de que la luz genera una sensación que se solapa con la del sonido, aunque más débil y probablemente parecida a un chasquido más que a un tono limpio.
¿Cómo puede un rayo de luz convertirse en sonido dentro del oído? La explicación que se maneja en este campo es que el pulso infrarrojo calienta mínimamente el líquido de la cóclea y genera una diminuta onda de presión, un efecto optoacústico, que el oído interpreta como un clic. Es decir, la luz no sustituye al sonido, sino que fabrica uno a su manera.
De los jerbos a las personas
Conviene no dejarse arrastrar por el entusiasmo. Se trata de una prueba de concepto en animales, la percepción que genera el láser es más pobre que la audición real y aún queda por despejar una pregunta crucial: la seguridad de aplicar luz infrarroja sobre el oído a largo plazo. El propio equipo lleva años trabajando en ello, con estudios previos sobre la actividad cerebral que provoca el láser y sobre su seguridad en jerbos. Según el profesor Kohta Kobayasi, uno de los autores, en un plazo de cinco a diez años la técnica podría ofrecer una alternativa clínica que reduzca los riesgos quirúrgicos y abra la puerta a dispositivos de sustitución sensorial. Es un horizonte optimista, del tipo que conviene tomar con la cautela habitual, porque muchas promesas brillantes en roedores se apagan al llegar al ser humano.
Detrás de todo esto hay, además, una motivación muy personal. El investigador que ha liderado el trabajo, Yuta Tamai, ha contado que la idea nació al ver a familiares con pérdida de audición asociada a la edad luchar por seguir una conversación con audífonos que se les quedaban cortos. Si la técnica supera el salto del laboratorio a la consulta, un haz de luz podría convertirse algún día en una forma discreta y sin cirugía de devolverle a mucha gente el placer de oír. Por ahora, el mérito es haber demostrado que la idea, sobre el papel improbable de oír con luz, funciona de verdad en un ser vivo.
REFERENCIA
- Optical induction of auditory perception via cochlear stimulation in Mongolian gerbils without genetic modification (Tamai et al., iScience, 2026; 29: 116588. DOI: 10.1016/j.isci.2026.116588)
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