¿Por qué las mujeres sienten más dolor?

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Un estudio apunta a mecanismos diferentes según el sexo, aunque muchos todavía deben confirmarse en humanos.

Una migraña que vuelve con la regla, un dolor intestinal que no se va, o una molestia pélvica que acaba afectando la vida cotidiana. ¿Por qué tantos trastornos del dolor afectan especialmente a las mujeres? Las diferencias en los síntomas se conocen desde hace tiempo, pero explicar qué ocurre en las células y los tejidos sigue siendo complicado.

En una nueva revisión de la Universidad de California en San Francisco, los investigadores Archana Venkataraman, Élora Midavaine y Holly A. Ingraham reúnen avances que empiezan a aclarar cómo el sexo biológico influye en la aparición, la intensidad y la persistencia del dolor.

Este trabajo, publicado en Science, ha podido analizar la interacción entre hormonas, neuronas, células inmunitarias y microorganismos intestinales. Es una síntesis de investigaciones anteriores, muchas realizadas en roedores, que identifica posibles vías para desarrollar tratamientos más precisos para hombres y mujeres.

Índice
  1. El intestino participa en las señales de dolor
  2. Las defensas pueden amplificar el dolor pero también frenarlo
  3. Qué se ha observado en humanos
  4. REFERENCIAS

El intestino participa en las señales de dolor

Los estrógenos, las hormonas sexuales femeninas, tienen una conexión con las las células que recubren el colon. Cuando se activa el receptor de estrógenos alfa, se libera el péptido YY. Esta moléculas aumenta la señalización mediante serotonina de otras células intestinales, que a su vez activan terminaciones nerviosas próximas. El resultado puede ser una mayor sensibilidad visceral, es decir, de los órganos internos.

La microbiota también participa. Algunos productos del metabolismo bacteriano en el intestino sensibilizan las terminaciones nerviosas, y las bacterias también pueden transformar hormonas y modificar su disponibilidad.

Un experimento recogido en la revisión demuestra cómo funciona esta conexión: cuando se trasplantan bacterias intestinales de mujeres con fibromialgia a ratones, les provocan las respuestas de dolor y alteraciones inmunitarias de esta enfermedad. Aun así, esto no quiere decir que la microbiota explique por sí sola la fibromialgia.

Las defensas pueden amplificar el dolor pero también frenarlo

El sistema inmunitario influye en la actividad de las neuronas después de una lesión. Por ejemplo, al producir daño nervioso a ratones macho, se. activan las microglías, unas células inmunitarias especificas del sistema nervioso, que mantienen la hipersensibilidad al dolor. En cambio en las hembras tienen mayor protagonismo los linfocitos T del sistema inmune.

Estas diferencias hacen que los mecanismos del dolor sean diferentes en machos y hembras y, además, estas células inmunitarias cumplen funciones distintas: algunas favorecen el dolor y otras contribuyen a contenerlo.

En las hembras, los linfocitos T reguladores liberan encefalina, una sustancia opioide producida por el propio organismo, que reduce el dolor. Las hormonas ováricas favorecen la actividad de este circuito. Por eso, atribuir a los estrógenos un efecto exclusivamente perjudicial sería incorrecto. La acción depende del tejido y del estado, pueden amplificar el dolor o aliviarlo.

Qué se ha observado en humanos

Uno de los estudios revisados encontró que, semanas después de accidentes de tráfico, los hombres comunicaban menos dolor y presentaban más señales de que la inflamación se resolvía: más monocitos circulantes y mayores concentraciones de interleucina 10, antiinflamatoria. Los experimentos muestran que los andrógenos, las hormonas sexuales masculinas, pueden favorecer ese proceso antiinflamatorio.

Para Carlos Goicoechea, catedrático de Farmacología de la Universidad Rey Juan Carlos, señala que “estos conocimientos todavía no se han trasladado de forma consistente a la terapéutica, aunque los ensayos incluyen hombres y mujeres, pocas veces analizan por separado su respuesta a los fármacos”.

Javier Rivera, director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor, recuerda que “desgraciadamente, los tratamientos actuales para el dolor crónico no son capaces de controlar satisfactoriamente esta enfermedad, pero los nuevos hallazgos sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados en este proceso abren la puerta hacia nuevas estrategias prometedoras para el tratamiento del dolor crónico primario”.

Tampoco las diferencias entre sexos permiten todavía predecir la experiencia individual. Como subraya Goicoechea, el dolor tiene componentes sensoriales y emocionales que varían entre pacientes. El objetivo es identificar qué mecanismos mantienen el dolor en hombres y mujeres y comprobar si actuar sobre ellos permite aliviarlo. Para conseguirlo, será necesario conectar los resultados del laboratorio con estudios clínicos que evalúen estas diferencias.

REFERENCIAS

Venkataraman, A., Midavaine, É. e Ingraham, H. A. Sex-specific mechanisms of chronic pain. Science, 394(6819), 69–74 (2026).

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