La sertralina, un antidepresivo de prescripción muy habitual, podía reducir la reincidencia y combatir la violencia doméstica en hombres impulsivos.
Imagen: MChromatique – Obra propia/Wikimedia Commons, CC BY
Tony Butler, UNSW Sydney; Emaediong I. Akpanekpo, UNSW Sydney; Lee Knight, UNSW Sydney; Peter William Schofield, University of Newcastle y Rhys Mantell, UNSW Sydney
En abril de 2024, el primer ministro del Reino Unido Anthony Albanese declaró la violencia doméstica y familiar una “crisis nacional”, pidiendo respuestas proactivas que “se centren en los agresores y en la prevención”.
El problema no ha mejorado realmente desde entonces.
Pero un ensayo pionero a nivel mundial de la Universidad de Nueva Gales del Sur y la Universidad de Newcastle, que probó si un medicamento puede reducir la violencia y la violencia doméstica, podría ofrecer una nueva vía a seguir.
Un enfoque integral para un problema complejo
El ensayo probó si la sertralina – un antidepresivo de prescripción muy habitual – podía reducir la reincidencia violenta en hombres impulsivos.
Evaluamos a 1.738 hombres en Nueva Gales del Sur entre 2013 y 2021, y finalmente aleatorizamos a 630 participantes para recibir sertralina o placebo en un ensayo “doble ciego”. Esto significa que investigadores, enfermeras, psiquiatras y participantes no sabían qué hombres tomaban sertralina y cuáles placebo.
La mayoría de los participantes fueron reclutados a través de oficinas de correcciones comunitarias y tribunales.
Los resultados sobre el efecto de la sertralina en la violencia en general fueron inconcluyentes.
Sin embargo, quienes tomaron sertralina mostraron reducciones significativas en la reincidencia en violencia doméstica:
- a los 12 meses, la reincidencia fue menor en el grupo de sertralina (19,1%) en comparación con el grupo placebo (24,8%)
- a los 24 meses, la reincidencia fue menor en el grupo de sertralina (28,2%) en comparación con el grupo placebo (35,7%).
En los hombres que tomaron su medicación de forma más constante, la reducción de la reincidencia llegó al 30% a los 24 meses.
¿Cómo funciona la sertralina?
El antidepresivo sertralina actúa potenciando la función de la serotonina en el cerebro, que desempeña un papel crucial en la regulación del control de los impulsos y las respuestas emocionales.
En hombres altamente impulsivos, esto aborda directamente uno de los principales motores de la violencia: la incapacidad para detenerse y regular las reacciones emocionales.
La violencia doméstica implica con frecuencia reacciones impulsivas y cargadas de emoción en las relaciones íntimas. Se teoriza que el tipo de enfado y agresión que se da en estos contextos reactivos es el más sensible a la regulación de la neurotransmisión de serotonina en el cerebro.
La violencia en general es mucho más diversa e incluye actos premeditados que suelen ser menos reactivos.
Durante un periodo inicial de cuatro semanas antes de la aleatorización, todos los participantes recibieron sertralina y observamos una:
- reducción del 55% en la depresión
- del 44% en el malestar psicológico
- del 35% en la ira
- del 25% en la irritabilidad
- del 20% en la impulsividad.
Estos cambios se produjeron antes de que la mayoría de los apoyos psicosociales del ensayo pudieran desplegarse plenamente, lo que demuestra el impacto directo del medicamento.
Un participante con un largo historial de condenas de prisión nos contó:
Estaba en una situación de ira al volante, un tipo se bajó del coche, se vino encima de mí, y en cualquier otro momento le habría dado una paliza. Pero simplemente le dije: “tío, vete antes de que llamen a la policía”. Estoy completamente convencido de que fue por la medicación. Me siento orgulloso, ha pasado mucho tiempo pero, oye, por fin he conseguido controlarme.
El papel crucial de un apoyo integral
La eficacia de la medicación dependía de que los participantes se la tomaran realmente y permanecieran implicados el tiempo suficiente para que funcionara. Aquí es donde el apoyo integral proporcionado resultó esencial.
Muchos participantes tenían problemas como sinhogarismo, trastornos de salud mental sin tratar, consumo de sustancias, crisis de pareja, desvinculación de los servicios sanitarios y conflictos con instituciones públicas.
Muchos hombres “se habían caído por las grietas”, porque sus casos eran demasiado complejos para los servicios de salud mental o los programas correccionales estándar. Esto, a su vez, significa que no podían acceder al apoyo que necesitaban.
Nos dimos cuenta de que administrar medicación sin abordar estas necesidades psicosociales más amplias supondría incumplir nuestro deber de cuidado.
Así que nuestro estudio evolucionó hasta incluir un modelo de apoyo integral, que combinaba farmacoterapia con asesoramiento clínico informado por el trauma, seguimiento proactivo de los participantes, apoyo en crisis las 24 horas, ayuda a los hombres para navegar por los servicios de apoyo y planificación de la seguridad de las parejas.
Esto resultó crucial para lograr una mayor implicación, que se tradujo en mejores resultados.
Quizá lo más llamativo sea que la sertralina redujo en un 44% la tasa de reincidencia en violencia doméstica (más de un delito en 24 meses) en comparación con el placebo.
Estos hallazgos revelan una relación clave: la sertralina mejora toda una serie de medidas de conducta y reduce la impulsividad. Mientras tanto, el apoyo psicosocial integral aborda el trauma, la desventaja social y las necesidades no cubiertas que mantienen los patrones de reactividad emocional y violencia.
Como reflexionó un participante:
He evolucionado […] De hecho, me detenía y escuchaba lo que los demás tenían que decir antes de explotar.
¿Y qué pasa con las parejas y los familiares?
Nuestra investigación reveló que el 96% de las parejas informó de una seguridad mantenida o aumentada, el 85% observó cambios de conducta positivos (en los hombres) y el 77% declaró una mejora de su propio bienestar.
Una pareja señaló:
Antes dormía con un martillo debajo de la cama. Desde que él empezó a tomar esta medicación, puedo dormir más fácilmente y ya no necesito dormir con el martillo.
Replantear la violencia doméstica
Cuando ayudamos a los hombres a abordar los factores psicológicos, relacionales y sociales que impulsan su violencia doméstica, hemos demostrado que podemos prevenir el daño antes de que se produzca.
Los hombres de nuestro ensayo tenían amplios antecedentes de trauma y muchos habían sufrido abusos en la infancia, marginación y conflictos con instituciones públicas.
Esta perspectiva no disminuye en absoluto el daño devastador y el impacto de la violencia doméstica ni la necesidad de apoyos esenciales para las víctimas. Tampoco resta importancia a la necesidad de abordar los determinantes estructurales de la violencia doméstica, como la desigualdad de género o las normas culturales obsoletas.
Pero la crisis actual exige intervenciones basadas en la evidencia que puedan reducir la violencia doméstica ahora, mientras los esfuerzos complementarios siguen apoyando a las víctimas.
Un camino a seguir
Nuestro ensayo demostró que este enfoque es rentable: unos 7.000 dólares australianos por participante al año frente a 150.000 dólares por encarcelamiento.
La independencia del modelo respecto a los servicios generales resultó crucial para lograr la implicación. Operar a través de un programa de investigación universitario en lugar de sistemas gubernamentales ayudó a generar confianza entre hombres con experiencias muy negativas con las instituciones.
No afirmamos que nuestro enfoque sea una solución mágica, pero merece una consideración seria como intervención probada dentro del ecosistema de prevención de la violencia doméstica, y podría aplicarse ya.![]()
Tony Butler, catedrático y director del Justice Health Research Program, UNSW Sydney; Emaediong I. Akpanekpo, investigador posdoctoral, UNSW Sydney; Lee Knight, director académico del Programa de Práctica en Salud Mental, UNSW Sydney; Peter William Schofield, profesor asociado, School of Medicine and Public Health, University of Newcastle y Rhys Mantell, doctorando, School of Population Health, UNSW Sydney
Este artículo se vuelve a publicar desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.