En realidad hay más cronotipos además de buhos o alondras, trasnochadores y madrugadores, un estudio identifica cinco perfiles diferentes

Hablar de cronotipos, las preferencias naturales de sueño y vigilia, era tan sencillo como distinguir entre alondras madrugadoras y búhos nocturnos. Pero la investigación en ritmos circadianos, los relojes internos que sincronizan el cuerpo con el día, ya sugería matices. Algunos trabajos apuntaban a peores marcadores metabólicos en noctámbulos, otros destacaban su buena función cognitiva. En ese contexto, un equipo de McGill propone ampliar la clasificación.

El estudio de la Universidad McGill en Canada, publicado en Nature Communications, describe cinco subtipos biológicos dentro de las dos grandes etiquetas. El equipo combinó imágenes cerebrales, cuestionarios y registros médicos de más de 27.000 adultos del UK Biobank, el biobanco británico de investigación poblacional. Usaron IA, inteligencia artificial, y recursos del McConnell Brain Imaging Centre, con colaboradores de la Université de Montréal y la University of Oxford. Así trazaron perfiles donde el reloj interno se asocia a conductas y salud de manera específica.

Buhos, alondras y otras especies

“En lugar de preguntarse si las personas nocturnas corren más riesgo, quizá sea mejor preguntarse qué personas nocturnas son más vulnerables y por qué”, explica Le Zhou, doctorando del Programa Integrado de Neurociencia de McGill. La frase condensa el cambio: interesa menos la etiqueta gruesa y más el subtipo concreto, porque ahí se esconden riesgos y fortalezas.

El análisis reveló tres grupos de búhos y dos de alondras. Uno de los grupos madrugadores mostró el menor número de problemas de salud. El otro se vinculó estrechamente con depresión. En los noctámbulos, un perfil obtuvo mejores resultados en pruebas cognitivas, pero presentó más dificultades para regular las emociones. Otro mostró tendencia a conductas de riesgo y problemas cardiovasculares. El tercero se asoció con depresión, mayor consumo de tabaco y mayor riesgo de enfermedad cardiaca. No se trata solo de la hora a la que te acuestas, señalan los autores, sino de un mosaico que incluye genética, ambiente y estilo de vida.

“Estos subtipos no se definen solo por la hora de acostarse o levantarse. Reflejan una interacción compleja de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida”, afirma Danilo Bzdok, profesor asociado en Ingeniería Biomédica y titular de una Cátedra CIFAR de IA en Mila. Por eso, lejos de ordenar los cronotipos de mejor a peor, el trabajo propone entender cómo se distribuyen riesgos y ventajas en cada perfil.

Las implicaciones prácticas apuntan a un sueño más personalizado. Si dos personas con cronotipos distintos comparten horario, el mismo turno puede desgastar a una y beneficiar a otra. Esta diversidad biológica sugiere adaptar, cuando sea posible, horarios de trabajo y apoyo en salud mental. En la era pospandemia, con rutinas más flexibles, esa personalización puede marcar diferencia.

El equipo planea ahora explorar datos genéticos para saber si estos subtipos tienen raíces desde el nacimiento. Si se confirman, podríamos anticipar qué perfiles conviene proteger frente a turnos tempranos o tardíos, quién necesita estrategias de regulación emocional, o qué seguimiento cardiometabólico priorizar. No todo depende del reloj interno, pero ignorarlo penaliza.

El estudio no invalida las etiquetas clásicas, las hace más útiles. Las convierte en familias de perfiles con rostros propios. Si te reconoces como búho o alondra, quizá seas uno de los cinco retratos. La clave, dicen los autores, es usar ese retrato para dormir mejor, trabajar mejor y, en última instancia, vivir mejor.

REFERENCIA

Latent brain subtypes of chronotype reveal unique behavioral and health profiles across population cohorts