Deseo sexual masculino y testosterona: el pico no se alcanza a los 20 años, sino mucho más tarde

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El mayor estudio hasta la fecha halla que el deseo sexual de los hombres alcanza su máximo hacia los 40 años, no en la juventud

La historia es tan repetida que parece incuestionable: el deseo sexual masculino sube en la adolescencia, alcanza su cúspide a los veintipocos y a partir de ahí desciende sin remedio, siguiendo la misma pendiente que la testosterona. Los manuales de medicina, las guías clínicas y los consejos de salud han asumido durante décadas ese relato hormonal. Un estudio con decenas de miles de personas acaba de comprobarlo directamente, y los datos no lo respaldan.

Índice
  1. El pico llega hacia los 40, no a los 20
  2. Por qué la testosterona no cuadra
  3. Hombres, mujeres y datos
  4. Orientación, pareja e hijos
  5. REFERENCIA

El pico llega hacia los 40, no a los 20

Investigadores de la Universidad de Tartu, en Estonia, analizaron los datos de 67.334 adultos de entre 18 y 89 años recogidos en el Biobanco de Estonia, a los que se pidió valorar su nivel general de deseo mediante una escala validada de dos preguntas sobre pensamientos e impulsos sexuales. Al cruzar esas respuestas con la edad, el patrón masculino apenas se parecía a la curva de la testosterona.

Lejos de dispararse en la juventud, el deseo de los hombres creció de forma sostenida durante la veintena y la treintena, tocó techo a finales de los 30 y principios de los 40, y a partir de ahí decayó de manera suave. El dato más contraintuitivo llegó en el extremo de mayor edad, ya que los hombres de sesenta y tantos declaraban un deseo comparable al de los de veintitantos. El trabajo se publicó en la revista Scientific Reports.

Por qué la testosterona no cuadra

Si la hormona fuese el motor principal, la curva del deseo debería reflejar la suya, con un máximo temprano y un descenso continuo. La realidad observada, con un pico en plena madurez, tiene otra forma. Conviene matizar que la testosterona sí influye: los hombres con niveles clínicamente bajos suelen referir menos deseo, y reponerla lo recupera. Sin embargo, dentro del rango normal, las variaciones de la hormona predicen bastante poco quién siente más o menos deseo. Lo que falla, por tanto, es el modelo simplista que reduce el deseo a una lectura de testosterona.

El investigador principal, Toivo Aavik, apunta a que factores relacionales y sociales sostienen el deseo con la edad, desde la estabilidad de la pareja y la intimidad emocional hasta la menor ansiedad de rendimiento que llega con la experiencia. Los hombres de treinta y tantos y cuarenta y pocos suelen estar en relaciones más asentadas que los veinteañeros, un contexto que podría compensar en parte cualquier declive hormonal.

Hombres, mujeres y datos

El estudio también trazó la trayectoria femenina, y las diferencias fueron notables. Las mujeres alcanzaban su máximo antes, en la veintena y a comienzos de la treintena, y su deseo descendía de forma más pronunciada, con una caída marcada a partir de los 50 que encaja con los cambios de la menopausia. En promedio, los hombres declararon un deseo bastante mayor que las mujeres a lo largo de casi toda la vida adulta, una brecha más amplia que la de estudios previos. Los propios autores piden cautela con esa cifra, porque el deseo declarado por las mujeres puede estar condicionado por factores sociales y culturales.

En muchos contextos, el deseo masculino se expresa y se reconoce con más naturalidad, mientras que las mujeres podrían infrarreportarlo por normas interiorizadas o por temor al estigma. Conviene recordar, además, que se trata de deseo autodeclarado en un corte transversal, y que todas las variables demográficas juntas solo explicaban alrededor del 28% de las diferencias, de modo que la mayor parte de lo que mueve el deseo sigue sin identificarse.

Orientación, pareja e hijos

El análisis dejó otros hallazgos llamativos sobre qué acompaña al deseo. Las personas bisexuales y pansexuales declararon un deseo mayor que las heterosexuales, mientras que las asexuales lo declararon menor, como cabía esperar. La satisfacción con la relación se asoció de forma positiva con el deseo en ambos sexos, de modo que quienes se sentían más a gusto con su pareja referían también más deseo. Tener más hijos se relacionó con un deseo menor en las mujeres, pero no en los hombres. Es un fenómeno en el que el contexto relacional y social pesa tanto como la edad y el sexo, y no un simple reflejo de la química corporal.

La lectura de fondo obliga a revisar una creencia que casi todo el mundo da por buena. Un hombre que a los 40 declara un deseo intenso podría estar justo en su punto estadísticamente más alto, lejos de ser una rareza, y otro que a los 60 se siente como a los 20 se ajusta a lo que muestran los datos de la población, en vez de contradecir la biología.

El deseo a lo largo de la vida, en definitiva, se parece menos a la caída de una hormona y más al resultado cambiante de las relaciones y las circunstancias de cada etapa. Al tratarse de un retrato transversal y autodeclarado, queda margen para afinarlo, pero el viejo relato de la cuesta abajo desde la juventud sale malparado.

REFERENCIA

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