Estudio: votar a partidos de derechas, ¿cuestión de asco?

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Un estudio descubre que sentir asco más intensamente predice la identificación conservadora, sobre todo en personas desconectadas de sus señales corporales

Quienes perciben con dificultad las señales internas de su propio cuerpo (el latido del corazón, la tensión muscular, el malestar gástrico) asignan a sus emociones un significado más influido por el entorno cultural. Una investigación con 632 estadounidenses publicada en septiembre de 2026 en la revista Politics and the Life Sciences revela que este rasgo explica por qué el asco predice el conservadurismo político con más fuerza en unas personas que en otras.

Índice
  1. El asco como brújula política
  2. La interocepción, el sentido que nadie conoce
  3. Un 64% frente a un 55%
  4. El asco moral, el más político de todos
  5. REFERENCIA

El asco como brújula política

Desde principios del siglo XXI, numerosos estudios han documentado que las personas con mayor sensibilidad al asco tienden a identificarse con posturas políticas conservadoras. El patrón se reproduce en varias culturas y recibe el nombre de hipótesis del asco-conservadurismo. La explicación más extendida apunta a que el asco evolucionó como mecanismo de defensa ante agentes patógenos y, con el tiempo, se extendió a amenazas sociales percibidas: la violación de normas, la contaminación moral, lo extraño o impuro. Los estudios que sustentan esta hipótesis encuentran que las personas conservadoras muestran mayor sensibilidad a este tipo de señales de amenaza social.

La interocepción, el sentido que nadie conoce

La interocepción es la capacidad de percibir con precisión las señales que provienen del interior del propio organismo. Va más allá de notar si uno tiene hambre o dolor: incluye captar el ritmo cardíaco, la tensión muscular, la presión abdominal o el calor facial. Los investigadores midieron esta capacidad mediante el Multidimensional Assessment of Interoceptive Awareness (MAIA-2), un cuestionario validado que evalúa distintas facetas de la conciencia corporal.

La hipótesis de Von Mohr y Tsakiris era que las personas con baja interocepción, al tener menos acceso a los datos crudos de sus sensaciones, compensan interpretando sus estados emocionales con mayor peso de los marcos culturales aprendidos, incluidos los significados políticos que su entorno asocia al asco.

Un 64% frente a un 55%

Con 632 participantes reclutados a través de la plataforma Prolific (321 demócratas, 311 republicanos), los autores midieron la sensibilidad al asco con el Three Domains of Disgust Scale (TDDS), que distingue tres tipos: el asco ante patógenos, el asco sexual y el asco moral ante la violación de normas sociales.

El análisis de regresión logística mostró que las personas con alta sensibilidad al asco y baja conciencia interoceptiva tenían una probabilidad del 64,1% de identificarse como republicanas. En las personas con alta sensibilidad al asco pero también alta conciencia interoceptiva, esa probabilidad bajaba al 55,4%. La diferencia de casi diez puntos porcentuales refleja el papel modulador de la conciencia corporal.

El asco moral, el más político de todos

El análisis reveló que los tres tipos de asco no contribuyen por igual al efecto. El asco ante patógenos (comida en mal estado, animales sucios) y el asco sexual mostraron vínculos débiles con la ideología política. El protagonista fue el asco moral: la repulsión ante la traición, la hipocresía, la injusticia o la violación de convenciones sociales (percibidas por la persona, claro).

Los autores proponen que el asco moral es especialmente susceptible de ser moldeado por el contexto cultural y político, precisamente porque su objeto apunta a convenciones sociales más que a amenazas biológicas definidas. Las personas con menor conciencia interoceptiva confiarían más en lo que su comunidad cultural les dice que debe provocar repulsión, lo que amplificaría la conexión entre ese asco y la ideología.

Von Mohr y Tsakiris subrayan que los resultados son específicos para Estados Unidos y que replicarlos en otros sistemas políticos es una tarea pendiente. La exploración abre, en todo caso, una pregunta incómoda. ¿En qué medida las emociones que creemos tener son las que el cuerpo nos envía, y en qué medida son las que el entorno nos enseña a sentir?

REFERENCIA

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