Dismorfia algorítmica: cuando la gente pide a los cirujanos narices imposibles hechas con IA

dismorfia logaritmmica

La dismorfia algorítmica hace que las personas acudan a consultas con imágenes de caras retocadas por inteligencia artificial que ninguna anatomía real puede reproducir

¿Te gusta tu nariz? Si la respuesta es no, el móvil tiene la solución con tocar la pantalla. Los filtros de Instagram y TikTok afinan el puente, levantan la punta y borran cualquier imperfección antes de "postear" esa foto.

Pero fuera de la pantalla, la única solución para cambiar la nariz es el quirófano. Desde que la inteligencia artificial generativa se ha colado en esos filtros, los cirujanos plásticos reciben un tipo de petición nueva. Los pacientes ya no llegan con la foto de una actriz. Llegan con su propia cara pasada por un algoritmo.

Este fenómeno se empieza a llamar "dismorfia algorítmica". La dismorfia corporal es un trastorno psicológico en el que una persona se obsesiona con defectos de su aspecto que los demás apenas perciben. La versión algorítmica añade un nuevo ingrediente. El modelo de belleza con el que se compara el paciente es un avatar con simetrías matemáticamente perfectas, una piel sin poros y volúmenes que no existen en la naturaleza.

En 2018, un grupo de dermatólogos de la Universidad de Boston lo bautizaron como dismorfia de Snapchat. Poco podían imaginar que la IA iba a hacer los filtros mucho más convincentes.

Índice
  1. Una nariz imposible
  2. Narices que no parecen operadas
  3. Cuando el problema está en el espejo
  4. Simulaciones en 3D en lugar de filtros
  5. REFERENCIA

Una nariz imposible

Un filtro mueve píxeles. No sabe nada de los vasos sanguíneos que alimentan la piel, de las capas de tejido que se superponen bajo ella ni de que la nariz, antes que nada, sirve para respirar.

"Un patrón algorítmico puede crear una nariz o unos pómulos perfectos en una pantalla, pero en un rostro real, forzar la anatomía para perseguir ese estándar genera estructuras inestables, problemas funcionales a futuro y, sobre todo, una apariencia artificial que borra la identidad de la persona", advierte el doctor Gustavo Sordo, cirujano plástico especializado en rinoplastia y organizador del congreso Rhino 360, celebrado recientemente en Madrid.

El doctor Gustavo Sordo
El doctor Gustavo Sordo

Con todo, Sordo pide no exagerar. En su experiencia, quienes muestran esas caras de filtro en redes son, a la hora de operarse, pacientes corrientes. "Yo creo que ahí es gente que está canalizando su imagen personal a través de un avatar, más que nada en redes sociales", explica. Los que de verdad exigen lo imposible son pocos, y para ellos la respuesta está clara. "Hay que saber a quién no hay que operar".

Narices que no parecen operadas

La paradoja es que la cirugía de nariz nunca había sido tan buena imitando a la naturaleza. Las técnicas ultrasónicas (que esculpen el hueso con instrumentos que vibran, en lugar del cincel y el martillo) acortan la recuperación. Las técnicas de preservación respetan las estructuras propias de la nariz en vez de desmontarla y reconstruirla desde cero, que era la receta del temido efecto Michael Jackson.

"La cantidad de cirugía de nariz que hacemos se ha multiplicado por 10", asegura Sordo. Según él, el resultado son narices indistinguibles de las originales, hasta el punto de que a veces lo único que delata la operación es la perfección. "A veces se sabe que el paciente está operado porque es demasiado bonita para ser real".

Lo que pide la mayoría tampoco es una nariz de avatar. El cirujano lo resume con una imagen muy de nuestro tiempo. Los pacientes quieren "una versión 2.0 de la nariz que ellos tienen". Tampoco hay grandes diferencias por generación, porque los pacientes eligen cirujano por su estilo. "Hay gente que se cruza el Atlántico porque le has gustado", cuenta.

Cuando el problema está en el espejo

El trastorno dismórfico corporal es mucho más frecuente en la consulta del cirujano que en la calle. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2023 en Health Science Reports calculó que casi uno de cada tres candidatos a rinoplastia (el 32,7%) presenta síntomas de este trastorno.

Sordo relaciona la dismorfia con experiencias de la infancia como el acoso escolar o familiar, y por eso da tanta importancia a la primera exploración. La clave está en detectar el desajuste entre lo que el paciente tiene y lo que siente. "Tener una nariz francamente inestética y sentir que esa nariz a uno no le corresponde es perfectamente normal, pero tener una nariz normal que a uno le está generando un trastorno inmenso, eso es una bandera roja".

Simulaciones en 3D en lugar de filtros

Para bajar las expectativas a tierra, el cirujano propone sustituir los filtros por simulaciones biométricas en 3D hechas sobre la cara real del paciente, con fotografías y mediciones precisas. La idea es que la persona vea los límites de su propia anatomía antes de entrar en el quirófano. En la primera consulta hay que "definir qué se va a cambiar, cuánto, qué se va a conservar y cómo se va a sostener ese resultado con el paso de los años", detalla.

¿Tiene que ejercer el cirujano plástico de psicólogo? Sordo no lo duda. "En muchas ocasiones en cirugía estética sí es así". Frente a la dismorfia algorítmica, su papel pasa por "saber decir no a peticiones técnicamente inviables y guiar al paciente hacia una versión armoniosa de sí mismo".

REFERENCIA

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