Les quitaron los móviles en clase, esto es lo que ocurrió con las notas
El mayor estudio sobre prohibir el móvil en los institutos detecta un primer año difícil y una mejora del bienestar a partir del segundo
Al entrar en el instituto, cada alumno mete su teléfono en una funda de tela que se cierra con un imán. Puede llevarla en la mochila todo el día, pero no abrirla hasta que suena el último timbre y pasa la funda por un desbloqueador situado en la puerta.
Este sistema, comercializado por la empresa estadounidense Yondr, se ha extendido a casi 5.000 colegios públicos de Estados Unidos. Ahora, el análisis más completo realizado hasta la fecha, publicado en The Quarterly Journal of Economics, ofrece una respuesta incómoda para quienes esperaban un milagro. Las fundas reducen drásticamente el uso del móvil, pero las notas apenas cambian.
Medir el efecto de una prohibición así es más complicado de lo que parece. No basta con comparar los centros que usan fundas con los que no, porque los primeros pueden ser distintos desde el principio (más ricos, más grandes, con más problemas de disciplina). Por eso los investigadores aprovecharon que cada colegio adoptó las fundas en un curso diferente. De este modo pudieron comparar la evolución de cada centro antes y después del cambio con la de colegios similares que no las usaban, un método que los economistas llaman diferencias en diferencias.
Del 61 % al 13 % de móviles en clase
El equipo reúne a algunos nombres muy conocidos de la economía y la psicología, como Matthew Gentzkow y Hunt Allcott, de la Universidad de Stanford, Brian Jacob, de la Universidad de Míchigan, o Angela Duckworth, de la Universidad de Pensilvania, autora del popular libro Grit sobre la perseverancia. Combinaron los registros de venta de Yondr en 4.608 centros con datos de geolocalización de teléfonos en más de 40.000 colegios, una encuesta a unos 108.000 profesores, resultados de exámenes oficiales de decenas de estados y cuestionarios de bienestar a los alumnos. El estudio se centró en centros de secundaria que adoptaron las fundas entre 2023 y 2025.
El primer resultado es evidente. Las fundas funcionan para lo que fueron diseñadas. Según los profesores, el porcentaje de alumnos que usaba el móvil en clase para cosas personales cayó del 61 % al 13 %. Los datos de geolocalización confirmaron una caída de la actividad de los teléfonos en horario escolar que se acentuaba con el paso de los cursos.
Un primer año de turbulencias
Quitar el móvil a cientos de adolescentes tiene un coste inicial. Durante el primer curso con fundas, las sanciones disciplinarias aumentaron y la tasa de expulsiones temporales subió alrededor de un 15 %. El bienestar que declaraban los propios alumnos también cayó con fuerza ese año. Es lo que cabría esperar ante un cambio de normas tan brusco, con chavales intentando saltarse el sistema y profesores aplicando las nuevas reglas.
La buena noticia llega después. El aumento de las sanciones desapareció a partir del segundo año. El bienestar de los estudiantes se recuperó y, al cabo de dos cursos, era incluso mejor que antes de las fundas, aunque los autores advierten de que este resultado es solo sugerente porque se basa en un número limitado de colegios. Los profesores, por su parte, lo tienen claro. La satisfacción con la política sobre móviles de su centro pasó del 26 % al 75 % tras la llegada de las fundas.
Las notas apenas se mueven
Lo que no apareció fue el gran salto académico que muchos esperaban. De media, el efecto sobre los resultados de los exámenes fue prácticamente nulo. Entre los alumnos mayores, de 14 a 18 años, se observó una pequeña mejora en matemáticas, equivalente a menos de un punto en una escala de percentiles. En los de 11 a 14 años, en cambio, las notas bajaron ligeramente. Tampoco hubo cambios claros en la asistencia, la atención en clase o la percepción de acoso en internet.
Los resultados tienen límites importantes. Los datos solo cubren hasta tres años después de la adopción, un plazo quizá demasiado corto para que una mejora del ambiente escolar se traduzca en mejores notas. Además, solo se analizó un tipo de prohibición especialmente estricta. Algunos analistas, como Meredith Coffey, del Instituto Fordham, han señalado que reducir el uso del móvil y mejorar el bienestar sin perjudicar el rendimiento, por unos 30 dólares por alumno, ya es un resultado bastante razonable. "Que las fundas de Yondr no sean una cura instantánea no significa que no merezcan la pena", escribe.
El debate es muy cercano. En España, el Ministerio de Educación y las comunidades autónomas acordaron en 2024 restringir el uso del móvil en los centros educativos, y varias regiones ya lo han prohibido durante toda la jornada. El estudio estadounidense sugiere que esas medidas pueden mejorar la convivencia y la tranquilidad de los profesores, siempre que se cuente con un primer curso complicado. Esperar que resuelvan por sí solas los problemas de rendimiento escolar quizá sea pedirles demasiado.
REFERENCIA
- The Effects of School Phone Bans: National Evidence from Lockable Pouches. Allcott H, Baron EJ, Dee T, Duckworth AL, Gentzkow M, Jacob BA. The Quarterly Journal of Economics, 2026.
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