Un estudio en Canadá constata que el consumo de alcohol se disparó durante la pandemia, con un aumento del 18 % en muertes y un 8 % en hospitalizaciones

El consumo de alcohol tiene efectos profundos en la salud pública, desde enfermedades hepáticas hasta trastornos por consumo de alcohol (AUD, por sus siglas en inglés). Durante la pandemia de COVID-19, las restricciones y el aislamiento social cambiaron los patrones de consumo, generando un aumento en el abuso del alcohol. En Canadá, los datos ahora reflejan una preocupante alza en muertes y hospitalizaciones relacionadas con el alcohol, un fenómeno que también se observó en otros países como Estados Unidos y varios países europeos.

Un nuevo estudio publicado en el Canadian Medical Association Journal (CMAJ) ha revelado que las muertes relacionadas con el alcohol en Canadá aumentaron un 18 % durante la pandemia de COVID-19. Este incremento se observó principalmente en los años 2020 y 2021, donde la tasa de mortalidad fue un 24 % mayor que en los años previos a la pandemia. En total, se registraron 1.600 muertes más de lo esperado debido al consumo de alcohol.

Además de las muertes, las hospitalizaciones relacionadas con el alcohol aumentaron un 8 % en general durante el período pandémico, con un aumento más pronunciado (14 %) en 2020/21. Estas hospitalizaciones se debieron principalmente a enfermedades hepáticas causadas por el alcohol y a trastornos por consumo de alcohol.

El estudio analizó los patrones de consumo y sus efectos entre los años 2016 y 2022, comparando el período prepandémico con los años en los que se desarrolló la crisis sanitaria. Uno de los hallazgos más alarmantes es que el aumento en las muertes y hospitalizaciones fue más marcado entre los adultos jóvenes. Las tasas de mortalidad excesiva fueron más altas en personas de entre 25 y 44 años, mientras que las hospitalizaciones se dispararon en el grupo de 15 a 44 años.

Los investigadores también encontraron diferencias regionales significativas. Las provincias de las Praderas (Alberta, Saskatchewan y Manitoba) y Columbia Británica experimentaron los mayores aumentos en muertes relacionadas con el alcohol, con incrementos del 28 % y 24 %, respectivamente. En comparación, Ontario y las provincias del Atlántico registraron tasas de exceso de mortalidad tres veces menores, mientras que Quebec presentó tasas entre seis y siete veces menores. En cuanto a las hospitalizaciones, los territorios y las provincias de las Praderas también lideraron el aumento.

Un dato particularmente preocupante es que las hospitalizaciones aumentaron tres veces más en mujeres que en hombres. Esto podría ser una señal temprana de un incremento en enfermedades hepáticas graves en la población femenina en los próximos años.

Los investigadores sugieren que el aumento en el consumo de alcohol durante la pandemia podría haberse debido a una combinación de factores, como el estrés, el aburrimiento, el deterioro de la salud mental y la facilidad de acceso al alcohol. En Canadá, las ventas minoristas de alcohol aumentaron un 2 % en 2020/21 en comparación con 2019, el mayor incremento en una década. Más de una de cada cuatro personas (26 %) reportó haber bebido más durante la pandemia, y un 18 % admitió haber participado en episodios de consumo excesivo, definidos como cinco o más bebidas en una sola ocasión para los hombres y cuatro o más para las mujeres.

Estos hallazgos coinciden con los reportados en otros países. En Estados Unidos, las muertes relacionadas con el alcohol aumentaron un 29 % en 2020 y 2021, mientras que en Europa el incremento fue del 18 %, cifras similares a las de Canadá.

Ante esta situación, los autores del estudio enfatizan la necesidad de intervenciones urgentes para prevenir el desarrollo de trastornos por consumo de alcohol y enfermedades hepáticas relacionadas. “Nuestros hallazgos destacan la importancia de intervenciones oportunas para evitar que el consumo de alto riesgo evolucione hacia AUD o ALD. Una estrategia integral para prevenir y manejar el consumo problemático de alcohol debe incluir tanto medidas de salud pública como intervenciones clínicas”, concluyen los investigadores.

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