Un estudio sugiere que un chiste bien contado en redes sociales mejora la percepción de los científicos y la credibilidad de sus mensajes
El humor ha sido utilizado desde siempre como una herramienta persuasiva en política, publicidad y entretenimiento. En el ámbito de la comunicación científica, sin embargo, muchos expertos temen que usarlo pueda restarles autoridad y hacer que sus mensajes parezcan menos serios. Pero, según la ciencia misma, este miedo podría ser infundado. El humor, cuando se usa correctamente, puede fortalecer la conexión entre los científicos y el público, haciendo la información más accesible sin comprometer su credibilidad. En este contexto, se han estudiado distintas formas de humor, como la sátira o la antropomorfización, para analizar cómo influyen en la percepción de la información científica.
Un nuevo estudio, dirigido por Alexandra Lynn Frank, de la Universidad de Georgia, ha encontrado que el uso del humor en la comunicación científica puede mejorar tanto la simpatía del comunicador como la percepción de que su mensaje es legítimo y apropiado. Publicado en JCOM – Journal of Science Communication, el estudio se suma a un creciente cuerpo de investigaciones sobre el papel del humor en la divulgación científica, con un enfoque particular en su uso en redes sociales.
Ejemplos de los tuits vistos por los participantes. Crédito: Alexandra L. Frank, Michael A. Cacciatore, Sara K. Yeo y Leona Yi-Fan Su
El equipo de investigadores diseñó un experimento en el que los participantes vieron publicaciones en Twitter/X sobre inteligencia artificial, presentadas por un científico ficticio llamado Dr. Jamie Devon. Estas publicaciones incluían viñetas humorísticas que empleaban tres tipos de humor: sátira suave, antropomorfización (atribuir cualidades humanas a objetos o animales) o una combinación de ambas. Además, había un grupo de control sin humor.
Para llevar a cabo el experimento, se utilizó una encuesta en línea con 2.212 participantes seleccionados de manera representativa según datos del censo de EE.UU. Los participantes no sabían que formaban parte de un experimento; simplemente creían estar completando una encuesta. Tras ver una de las publicaciones, se les pidió que evaluaran cuánto humor percibían, qué tan simpático les parecía el científico y cuán legítima consideraban la información presentada.
Los resultados respaldaron la idea de que el humor puede ser una herramienta poderosa en la comunicación científica. Según Frank, “cuando la gente encuentra algo gracioso, es menos probable que rechace el mensaje o la persona que lo transmite. Esto es algo que políticos, publicistas y comediantes han sabido aprovechar durante mucho tiempo”.
Sin embargo, los investigadores también advirtieron que no cualquier tipo de humor funciona. Para que sea efectivo, debe generar una reacción positiva en la audiencia. Si el chiste no es percibido como divertido, podría incluso afectar negativamente la credibilidad del mensaje. Además, investigaciones previas de los coautores del estudio sugieren que el uso de sátira más agresiva puede percibirse como un ataque, reduciendo la confianza en la fuente de información científica.
En conclusión, un toque de humor bien aplicado podría hacer que la divulgación científica sea más accesible y efectiva. Pero como todo buen chiste, tiene que estar bien contado.
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