Un nuevo estudio revela que muchos vegetarianos sienten un asco visceral hacia la carne, comparable al rechazo que generan los excrementos, la carne humana o la de perro

El asco es una emoción compleja que ha evolucionado para protegernos de sustancias potencialmente peligrosas, como alimentos contaminados o portadores de enfermedades. Se distingue del simple “desagrado”, que es más una aversión al sabor, olor o textura. Esta diferencia entre “asco” y “desagrado” es clave en el estudio de las reacciones alimentarias. Mientras que el desagrado puede surgir por razones sensoriales, el asco está relacionado con la idea de que algo es moral, higiénica o biológicamente inaceptable para ser ingerido.

Un nuevo estudio de la Universidad de Exeter ha revelado que muchos vegetarianos experimentan un rechazo emocional hacia la carne que va mucho más allá del simple desagrado por su sabor o textura. En cambio, su reacción se alinea con la repulsión que los consumidores de carne sienten ante la idea de ingerir carne humana, excrementos o carne de perro. La investigación, publicada en la revista científica Appetite, examinó las razones psicológicas detrás del rechazo a ciertos alimentos, diferenciando entre el asco y el desagrado.

El estudio se llevó a cabo con la participación de 309 personas, en su mayoría vegetarianas, que completaron una encuesta en línea sobre sus reacciones a diferentes tipos de alimentos. Se les presentaron imágenes de carnes apetitosas desde el punto de vista de los omnívoros (como pollo asado o filete de ternera), así como vegetales comúnmente rechazados, como las coles de Bruselas, berenjenas crudas, aceitunas o remolacha. Además, se incluyeron imágenes de sustancias universalmente consideradas repulsivas, como la carne humana, los excrementos y la carne de perro, pero estas últimas solo fueron mostradas a los participantes omnívoros.

Los resultados mostraron que cuando las personas rechazaban vegetales, su respuesta emocional predominante era el desagrado: no les gustaba el sabor, el olor o la textura. Sin embargo, cuando los vegetarianos rechazaban carne, lo hacían principalmente por asco, una emoción más compleja y profunda. Esta reacción se asemejaba notablemente a la de los carnívoros ante alimentos claramente repugnantes como los excrementos. Es decir, la carne no solo les resultaba poco apetitosa, sino que les generaba una fuerte aversión emocional asociada a algo considerado sucio o moralmente inaceptable.

El asco a la carne, una reacción emocional

La profesora Natalia Lawrence, investigadora principal del estudio en la Universidad de Exeter, explicó: “Este es el indicio más sólido hasta la fecha de que rechazamos la carne y los vegetales repulsivos por procesos subyacentes distintos. Evidentemente, encontrar la carne repugnante puede ayudar a las personas a evitarla, lo cual tiene beneficios para la salud y el medioambiente. En investigaciones previas hemos visto que estos sentimientos de asco pueden desarrollarse cuando alguien reduce o evita deliberadamente el consumo de carne, como ocurre durante el Veganuary”.

El equipo identificó 557 casos de rechazo hacia la carne (con hasta tres rechazos por cada uno de los 252 participantes que no consumen carne) y 670 casos de rechazo hacia vegetales (con hasta dos rechazos por cada uno de los 309 participantes). Para cada alimento rechazado, los participantes respondieron preguntas diseñadas para distinguir si la causa era el asco o el desagrado. Por ejemplo, si alguien afirmaba que no podría comer ni una mínima cantidad de cierto alimento, incluso si no podía olerlo ni saborearlo, esa respuesta indicaba asco. Si, en cambio, su rechazo se basaba únicamente en el mal sabor o textura, se clasificaba como desagrado.

La doctora Elisa Becker, autora principal del estudio y actualmente en la Universidad de Oxford, añadió: “Los carnívoros respondieron a la idea de comer sustancias verdaderamente repugnantes como excrementos de la misma manera en que los vegetarianos reaccionaron a las imágenes de carne que no querían comer, y esto fue muy diferente a cómo reaccionaron ante los vegetales que no les gustaban. Aunque pensemos que rechazamos un alimento simplemente porque no nos apetece, en realidad mostramos que el motivo de ese rechazo puede ser muy distinto, y creemos que esto ha evolucionado para protegernos de patógenos que pueden pasar desapercibidos en la carne”.

Estos hallazgos ofrecen nuevas perspectivas sobre las raíces psicológicas del vegetarianismo y sugieren que, para muchos, el rechazo a la carne es tan visceral y emocional como el rechazo a sustancias consideradas universalmente repugnantes. Además, subrayan cómo los hábitos alimentarios pueden moldear nuestras emociones con el tiempo, transformando lo que antes era apetitoso en algo moral y físicamente inaceptable.

REFERENCIA

Disgust and Distaste – Differential mechanisms for the rejection of plant- and animal-source foods