Un ensayo preliminar sugiere que liraglutida, similar a Ozempic, podría combatir la migraña con un mecanismo completamente nuevo.
Un estudio preliminar presentado el 21 de junio en la conferencia de la Academia Europea de Neurología (EAN) y publicado en la revista Headache ha generado un gran revuelo entre la comunidad médica. En él, investigadores italianos demostraron que el medicamento liraglutida —utilizado habitualmente para tratar la obesidad y la diabetes tipo 2— podría reducir a la mitad los días de migraña en personas que padecen esta condición de forma frecuente o crónica.
Liraglutida pertenece a la clase de medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1, la misma que incluye a la semaglutida, ingrediente activo de fármacos tan conocidos como Ozempic y Wegovy. Aunque se les conoce sobre todo por ayudar a perder peso, en este estudio se observó que los efectos positivos sobre la migraña no estaban vinculados a una pérdida de peso, lo que sugiere que estos medicamentos podrían estar actuando a través de un mecanismo completamente distinto.
El ensayo fue liderado por el Dr. Simone Braca, neurólogo en la Universidad de Nápoles Federico II, y contó con la participación de 31 personas con obesidad que sufrían migrañas de forma frecuente. Los pacientes recibieron una dosis diaria de 0,6 miligramos de liraglutida durante una semana, seguida de 1,2 mg diarios durante las once semanas siguientes. Al cabo de tres meses, los pacientes pasaron de tener una media de 20 días de migraña al mes a solo nueve. Siete de ellos redujeron sus días de dolor en un 75 %, y uno experimentó una desaparición completa de sus migrañas.
Lo más llamativo es que, durante el estudio, los pacientes no perdieron peso, lo que permite descartar que la mejoría se debiera únicamente a un cambio en su índice de masa corporal. Además, todos los participantes habían probado sin éxito tratamientos anteriores, incluidos los que actúan contra el CGRP, una molécula asociada al dolor migrañoso.
Según el Dr. Braca, este dato refuerza la hipótesis de que el efecto no se debe al azar ni al conocido efecto placebo, que suele ser especialmente potente en estudios sobre el dolor. Sin embargo, otros expertos, como el neurólogo Dr. Alex Sinclair de la Universidad de Birmingham, señalan que el tamaño reducido del estudio y la falta de un grupo de control limitan la solidez de las conclusiones. «Este es un estudio absolutamente fascinante que ofrece una idea muy interesante de un nuevo mecanismo para tratar la migraña», dijo Sinclair a Live Science. «Pero es muy preliminar».
El mecanismo exacto por el que liraglutida podría estar funcionando aún no está claro, ya que los investigadores no recogieron datos que permitan probar una vía concreta. Una de las teorías es que este medicamento reduce la presión intracraneal al disminuir la producción de líquido cefalorraquídeo, el fluido que rodea el cerebro y la médula espinal. Esa reducción de presión podría, a su vez, disminuir la liberación de CGRP. Esta hipótesis se apoya en otro estudio previo, liderado precisamente por Sinclair, que sugirió que exenatida —otro fármaco GLP-1— también reducía la presión en el cerebro.
Por su parte, la doctora Chia-Chun Chiang, profesora de neurología en la Clínica Mayo, destacó que los efectos podrían deberse también a una regulación del metabolismo de la glucosa, ya que hay investigaciones anteriores que apuntan a una conexión entre las migrañas y alteraciones en el procesamiento de azúcar por el cerebro.
Aun así, tanto Chiang como Sinclair coinciden en que hacen falta ensayos clínicos más amplios y con grupos placebo antes de poder recomendar este tratamiento de forma generalizada. La esperanza, según Braca, es que si estos resultados se confirman, se abra una nueva vía de investigación para combatir la migraña, sobre todo en pacientes que no responden a los tratamientos actuales.
Este hallazgo, aunque incipiente, representa una posibilidad real de cambiar la forma en que entendemos y tratamos las migrañas crónicas. Podría marcar el inicio de una nueva generación de terapias que aprovechen las conexiones entre el metabolismo, la presión intracraneal y la neuroinflamación. Pero por ahora, como en toda buena ciencia, hace falta más evidencia.
REFERENCIA
The effect of GLP-1RA exenatide on idiopathic intracranial hypertension: a randomized clinical trial