Una investigación  encuentra que el bajo deseo sexual, el exceso de grasa abdominal y la depresión no solo se suman, sino que multiplican el riesgo de muerte.

La salud sexual, la forma del cuerpo y el estado de ánimo son tres áreas del bienestar humano que suelen analizarse por separado. Sin embargo, están estrechamente relacionadas. Por ejemplo, la actividad sexual puede influir en la salud cardiovascular, el sistema inmunológico y el bienestar emocional. La depresión, por su parte, no solo afecta el estado mental, sino también funciones corporales, como el metabolismo o el sueño. En cuanto a la grasa abdominal, esta es especialmente peligrosa porque se acumula cerca de órganos vitales y se asocia con un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Un estudio reciente publicado en Journal of Affective Disorders sugiere que tener poca actividad sexual, un perímetro abdominal elevado y síntomas depresivos podría reducir significativamente la esperanza de vida. El análisis se basa en datos de 4.978 adultos estadounidenses, de entre 20 y 59 años, que informaron haber mantenido relaciones sexuales (anales o vaginales) menos de doce veces al año. Este grupo fue seguido durante un máximo de quince años, y los resultados apuntan a una interacción alarmante entre los tres factores.

Aunque estudios anteriores ya habían vinculado la baja frecuencia sexual con problemas de salud como obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes y muerte prematura, esta nueva investigación se propuso identificar con mayor precisión qué características físicas o psicológicas señalan un mayor peligro y cómo interactúan entre sí. Al hacerlo, los investigadores buscaban establecer señales de advertencia modificables que puedan ayudar a médicos a intervenir antes de que se desarrollen problemas graves.

El estudio utilizó datos del National Health and Nutrition Examination Survey, un programa nacional de EE.UU. que combina entrevistas, exámenes físicos y seguimiento de mortalidad a largo plazo. Excluyeron a personas sin pareja sexual, con discapacidades intelectuales o con datos incompletos, para garantizar la coherencia del análisis.

Cada participante respondió al cuestionario PHQ-9, que identifica síntomas depresivos; una puntuación de 10 o más se consideró indicativa de una posible depresión. Además, se evaluaron cinco formas diferentes de distribución de la grasa corporal. Aunque el índice de masa corporal tradicional (IMC) se incluyó, el enfoque principal estuvo en el índice de forma corporal (ABSI), que ofrece una medición más precisa de la grasa abdominal.

El seguimiento reveló que 215 personas (aproximadamente un 4 % de la muestra) fallecieron antes del 31 de diciembre de 2019. El análisis estadístico, que ajustó por factores como edad, sexo, raza, tabaquismo, consumo de alcohol, presión arterial, diabetes y otros, concluyó que el ABSI era el predictor más fuerte de mortalidad. Aquellos con un valor de 0.082 o superior tenían casi el doble de probabilidad de morir que sus pares con cinturas más pequeñas.

La depresión mostró un peso similar en términos de riesgo: quienes presentaban síntomas depresivos tenían un 86 % más de probabilidad de morir que aquellos con puntuaciones bajas. Pero lo más sorprendente fue la combinación de ambos factores. Las personas con una cintura ancha y depresión tenían casi cuatro veces más probabilidades de morir que quienes no presentaban ninguno de los dos riesgos.

El análisis también estimó que casi la mitad de las muertes en este subgrupo de alto riesgo podían atribuirse a la interacción entre grasa abdominal y síntomas depresivos. Es decir, estos factores no solo suman riesgo, sino que lo potencian mutuamente.

Los gráficos de supervivencia mostraron un panorama aún más sombrío. Entre los hombres con ambos factores de riesgo, solo el 76 % seguía vivo a los quince años, frente al 91 % de las mujeres con los mismos riesgos. Esta diferencia de género podría explicarse por estudios en laboratorio que indican que las células endoteliales masculinas (las que recubren los vasos sanguíneos) en el tejido graso tienen más actividad genética relacionada con inflamación y envejecimiento. Además, los hombres suelen retrasar el tratamiento para la depresión y, cuando lo buscan, presentan síntomas más graves, lo que puede empeorar su pronóstico.

Para ayudar a los profesionales sanitarios, el equipo desarrolló una herramienta práctica: un nomograma que, a partir de diez variables fácilmente obtenibles (sexo, raza, hipertensión, diabetes, tabaquismo, ABSI, frecuencia sexual, antecedentes cardíacos, puntuación de depresión y edad), permite estimar la probabilidad de muerte a tres, cinco y diez años. Esta herramienta, basada en aprendizaje automático, tuvo una precisión del 78 % y podría ser útil para decidir en qué casos priorizar intervenciones sobre el peso, la salud mental o la actividad sexual.

Por supuesto, el estudio tiene limitaciones. La frecuencia sexual fue autoinformada, lo que deja margen para errores de recuerdo o subregistro, especialmente en un tema tan sensible. Además, la categoría de “menos de doce veces al año” incluye tanto a personas que no tienen relaciones sexuales como a aquellas que lo hacen mensualmente, lo que puede ocultar diferencias importantes.

Tampoco puede establecerse una relación causal directa. Es posible que la grasa abdominal y la depresión reduzcan el deseo sexual, pero también puede suceder lo contrario: que la falta de intimidad y sus beneficios psicológicos contribuya a un empeoramiento del estado de ánimo y la salud metabólica. Estudios futuros deberían explorar estas relaciones de forma más precisa y, sobre todo, examinar el efecto de intervenciones dirigidas.

Hay que destacar también que los resultados solo se aplican al contexto estadounidense. Las normas culturales sobre imagen corporal, salud mental y comportamiento sexual varían mucho entre países, por lo que se necesitarían estudios en otras poblaciones para confirmar los hallazgos. Además, las personas sin pareja sexual no fueron incluidas, a pesar de que podrían compartir los mismos riesgos.

Pese a estos inconvenientes, el estudio ofrece una idea clara: medir el perímetro abdominal (ajustado por estatura y peso) y detectar síntomas depresivos durante una simple consulta médica puede revelar un riesgo elevado de muerte en adultos con baja actividad sexual. Abordar ambos factores en conjunto podría ser una nueva vía para mejorar la esperanza de vida de quienes tienen una vida íntima menos activa, pero cuyas necesidades de salud merecen ser tomadas en serio.

REFERENCIA

Synergistic effects of a body shape index and depression on mortality in individuals with low sexual frequency