Un nuevo estudio desafía los sesgos de género en aviación mostrando que las mujeres cometen menos errores en condiciones críticas.
La aviación es un campo donde cada segundo cuenta, y donde las habilidades cognitivas como la atención visual y la toma de decisiones bajo presión pueden marcar la diferencia entre el éxito y el desastre. Las pilotos podrían tener una ventaja clara sobre sus homólogos masculinos en situaciones de vuelo bajo presión, según un nuevo estudio de la Universidad de Waterloo (Canadá). La investigación, publicada tras revisión por pares, arroja luz sobre las diferencias de rendimiento entre géneros en aviación, y pone en duda algunos supuestos profundamente arraigados dentro del sector aeronáutico.
El estudio fue liderado por Naila Ayala, investigadora postdoctoral en el Laboratorio de Cognición y Cerebro Multisensorial de dicha universidad, quien señaló: “Estos resultados son emocionantes porque nos obligan a replantear cómo evaluamos a los pilotos. No podemos asumir que dos personas que observan lo mismo reaccionarán igual. Nuestra investigación muestra que las mujeres pueden tener una mayor capacidad para mantener el control y tomar decisiones acertadas en escenarios de vuelo estresantes”.
La investigación se centró en 20 pilotos de aviación general con experiencia similar: 10 hombres y 10 mujeres. Todos ellos se enfrentaron a una serie de simulaciones de vuelo que incluían tanto escenarios normales como situaciones de emergencia, como fallos de motor o aterrizajes complicados. Para evaluar su rendimiento de manera objetiva, cada piloto usó unas gafas especiales de seguimiento ocular que registraban en todo momento hacia dónde dirigían su mirada durante el vuelo.
El análisis reveló que, si bien ambos grupos mostraban patrones visuales prácticamente idénticos, es decir, miraban a los mismos instrumentos e indicadores, las mujeres cometieron menos errores de control de vuelo cuando aumentaban los niveles de estrés. Esto sugiere que la clave no está solo en lo que se mira, sino en cómo se procesa y se responde a esa información. La coherencia y precisión en las respuestas fueron significativamente mayores en el grupo femenino, algo que podría tener importantes implicaciones para el entrenamiento y evaluación de pilotos.
“La comprensión de cómo diferentes personas rinden bajo presión nos ayuda a diseñar programas de formación más eficaces para todos, cabinas más seguras y sistemas de aviación más inclusivos”, explicó Suzanne Kearns, directora del Instituto para una Aeronáutica Sostenible de Waterloo, quien también participó en el estudio.
En un momento en que la industria aeronáutica global sufre una escasez creciente de pilotos, estos hallazgos adquieren una relevancia aún mayor. Según Kearns, es esencial aprovechar el potencial completo de todos los pilotos, sin importar su género. Reconocer que las mujeres pueden tener ventajas específicas en determinadas circunstancias no solo desafía estereotipos obsoletos, sino que también ofrece nuevas vías para mejorar la seguridad y eficiencia del vuelo.
El estudio apunta a la necesidad de modernizar los estándares de formación y evaluación, incorporando métricas que reflejen una gama más amplia de habilidades cognitivas y conductuales. De acuerdo con Ayala, medir únicamente la experiencia de vuelo o la atención visual superficial no basta: es necesario observar cómo se traducen esas percepciones en acciones concretas, especialmente bajo presión.
El equipo de investigación espera que estos resultados contribuyan a un cambio en la cultura de la aviación, donde tradicionalmente se ha privilegiado un tipo muy específico de comportamiento y perfil psicológico. En palabras de Ayala: “Cuanto más entendamos sobre cómo responden las personas a situaciones de alto estrés, mejor podremos preparar a los pilotos del futuro. Y eso, sin duda, beneficia a todos los que subimos a un avión”.
Este estudio, financiado por el Instituto para una Aeronáutica Sostenible de Waterloo, no solo propone revisar cómo se seleccionan y forman los pilotos, sino que también lanza una llamada de atención sobre los sesgos de género persistentes en uno de los sectores más críticos y regulados del mundo.
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