Un nuevo estudio en Finlandia con tres millones de personas revela que existe una fuerte relación entre quienes se apuntan al «yo no voto» y la mortalidad temprana

Los profesionales de la salud llevan varios años estudiando los efectos secundarios que tienen algunos factores sociales, económicos y ambientales sobre la salud. Ya se ha estudiado, por ejemplo, que tener una educación religiosa puede afectar a la salud mental en la vejez. Pero ¿votar es bueno o malo para la salud? Según un nuevo estudio, votar es un acto social que se relaciona con el bienestar de una persona por sentirse comprometida con su comunidad.

Los hombres que no votaron presentaron una tasa de mortalidad de un 73% respecto a los que sí votaron

En este estudio, un equipo de investigadores del Demography and Population Health de la Universidad de Helsinki, en Finlandia, investigó cómo el acto de votar estaba relacionado con la mortalidad. Los investigadores analizaron un conjunto de datos de Statistics Finland sobre las elecciones parlamentarias de 1999 de la totalidad del país, centrado en personas de 30 años en adelante. Después, se relacionó con los registros administrativos nacionales hasta finales de 2020. Así se consiguió un registro exacto de quién votó y quién no, y de cómo cada persona vivió durante las dos décadas siguientes, comparando así las tasas de mortalidad de un grupo y del otro.

Los expertos tuvieron en cuenta las edades y el nivel de educación de las personas para poder entender mejor las diferencias que encontraron. Los resultados fueron los siguientes: los hombres que no votaron presentaron una tasa de mortalidad un 73% más elevada respecto a los que sí votaron, y las mujeres que no votaron, tuvieron una tasa de mortalidad un 63% más alta en comparación a las que sí votaron.

¿El «yo no voto» acorta la vida?

Este estudio tuvo un mayor resultado de mortalidad en comparación al estudio que relacionaba una educación básica con la tasa de mortalidad. Esto demuestra la importancia que tiene participar en actos comunitarios para la salud de las personas. Cuando se analizaron los fallecimientos atribuidos a los accidentes, la violencia o el alcoholismo, se observó como resultado una mayor tasa de mortalidad en las personas que no votaron en comparación a las que sí lo hicieron.

También se consiguieron resultados relacionados con la edad y el género. Por ejemplo, las mujeres de 75 años o más que no votaron tuvieron un mayor riesgo de muerte que los hombres que sí votaron.

La mala salud puede impedir votar

El estudio tiene una limitación, no puede probar que el hecho de votar o no tenga una relación directa con la salud de una persona. No sabemos si, quizás, el hecho de que alguien no vote tiene relación con que ya tiene problemas de salud, o alguna desventaja social que limite su motivación a votar en unas elecciones. Por lo tanto, como el estudio se ha analizado solamente en una dirección, no se pueden determinar los hábitos de votación de una persona a largo plazo según su estado de salud.

En un próximo estudio se podrían tener en cuenta diferentes aspectos para verificar la relación de la alta tasa de mortalidad con los ciudadanos que no votan las elecciones. Se podrían analizar factores como el estado de salud, la cantidad de veces que votan o incluso su estilo de vida, por ejemplo, si comen bien o hacen ejercicio.

Si las personas que mueren antes, por temas de salud o por tener menos recursos, votan menos, sus ideas no quedarán representadas en las elecciones. Y esto, es una rueda, ya que los políticos escucharán las ideas de quienes votan, olvidando a veces a quienes no votan, que son los más necesitados.

REFERENCIA

Voting is a stronger determinant of mortality than education: a full-electorate survival analysis with 21-year follow-up Free