La misión EscaPADE de la NASA con rumbo a Marte ha despegado a bordo del cohete Blue Origin New Glenn, de la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, con las dos sondas gemelas que analizarán la atmósfera marciana
Las primeras misiones de la carrera espacial tenían en común que, una vez utilizados, los cohetes de despegue caían al mar y se destruían. No estamos para desperdiciar, y la reutilización de cohetes es la nueva moda. La compañía de Elon Musk, SpaceX, convirtió la recuperación por aterrizaje propulsivo en una rutina. Sus cohetes despegaban y después de poner en órbita la carga, volvían y aterrizaban suavemente (al menos al final, tras multitud de intentos fallidos y explosiones).
Ahora Blue Origin, la empresa de Jezz Bezos competencia de SpaceX, ha completado su primer retorno de un lanzador orbital en servicio y se suma a ese club. Lo hace con New Glenn, un coloso de 98 metros capaz de poner 45 toneladas en órbita baja, y con una la misión científica EscaPADE de la NASA como pasajera rumbo a Marte. De paso, prueba su flota para contratos institucionales y para la megaconstelación Kuiper de Amazon. En Marte, por su parte, el gran objetivo es entender cómo el viento solar fue arrancando la atmósfera del planeta, algo que misiones como MAVEN han documentado durante los últimos años.
Blue Origin lanzó las dos sondas de la misión ESCAPADE, acrónimo de Escape and Plasma Acceleration and Dynamics Explorers, el 13 de noviembre, desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral. Tres minutos después llegó la separación de etapas. La segunda etapa siguió su rumbo para inyectar la carga, mientras el propulsor de la primera etapa inició su coreografía de frenado sobre el Atlántico, a unos 604 kilómetros de la costa.
La inusual misión del Blue Origin New Glenn
Siete minutos tras el despegue, el booster encendió tres de sus siete motores BE-4 para una quema de reentrada. Dos minutos después realizó el encendido final y se posó en vertical sobre la plataforma Jacklyn, bautizada en honor a la madre de Jeff Bezos. “¡Un cohete orbital aterrizado! Qué día increíble para Blue Origin”, celebró en la retransmisión Ariane Cornell. En el primer vuelo de New Glenn, en enero, la empresa ya había ensayado una maniobra similar sin éxito, con el objetivo de recopilar datos. Esa estrategia ha dado frutos.
El aterrizaje no era la meta principal, claro. El objetivo era que las dos naves, Blue y Gold, quedaran en trayectoria correcta, y así ocurrió. Se separaron en una secuencia de 30 segundos que comenzó 33,5 minutos tras el despegue. Con este retorno, Blue Origin se convierte en la segunda compañía de la historia que recupera un lanzador durante una misión operativa, una práctica que SpaceX domina con Falcon 9.
New Glenn, diseñado para que cada primera etapa vuele al menos 25 veces, aspira a disputar parte del mercado de Falcon 9 y a complementar a Falcon Heavy. Su capacidad casi duplica la del nuevo Vulcan Centaur de ULA. El éxito de hoy acerca al cohete a la certificación para cargas de seguridad nacional de la Fuerza Espacial y la Oficina Nacional de Reconocimiento. En este vuelo también viajó un secundario para ViaSat, una demostración del servicio InRange de telemetría en apoyo al programa Communications Services Project de la NASA, pensado como relevo del histórico sistema TDRS.
Tormentas, tempestades y otros retrasos de la misión
El camino hasta el lanzamiento no fue sencillo. La misión perdió varias ventanas por mal tiempo, por una potente tormenta solar y por un parón diurno temporal de lanzamientos comerciales anunciado por la FAA. La NASA, además, retrasó su despegue inaugural en 2024 para esperar a que New Glenn completara al menos un vuelo con éxito, lo que añadió 7 millones de dólares al coste del proyecto universitario.
ESCAPADE inaugura una forma barata de hacer ciencia planetaria. Construidas por Rocket Lab para la NASA y la Universidad de California en Berkeley por menos de 80 millones de dólares, las dos sondas idénticas emplearán cuatro instrumentos para cartografiar en 3D el entorno de plasma de Marte y medir cómo el viento solar contribuye a la fuga atmosférica. “Creo que ESCAPADE es emocionante porque abre camino a una nueva forma de hacer misiones de ciencia espacial”, dijo Robert Lillis, investigador principal. Shaosui Xu, física espacial y responsable adjunta, recordó la gran pregunta: “La evidencia geológica muestra que Marte tuvo agua, y para mantenerla necesitas una atmósfera densa. Solo hay dos vías para que la atmósfera desaparezca, ir al suelo o escapar al espacio”.
Las sondas no viajan directas. New Glenn las dejó rumbo al punto de Lagrange Sol-Tierra L2, a 1,5 millones de kilómetros. Permanecerán allí un año y, tras un sobrevuelo a la Tierra en noviembre de 2026, pondrán rumbo a Marte para llegar en septiembre de 2027 y operar unos once meses en tándem. Si todo sale bien, el primer aterrizaje de New Glenn no será lo más memorable de este viaje.