Aunque se pueda pensar que los hijos acaban con el matrimonio, un estudio comprueba que matan chispa en la cama, pero no necesariamente la decisión de seguir juntos
Muchas parejas casadas confiesan que después de tener niños, su vida sexual se fue al traste. Sin embargo, un nuevo estudio confirma que eso no significa necesariamente el el fin del matrimonio.
El amor romántico ha intrigado a psicólogos y biólogos durante décadas. Se ha descrito como un «dispositivo de compromiso» que ayuda a las parejas a permanecer unidas el tiempo suficiente para criar a su progenie. También se ha observado que la llegada de los hijos coincide con más estrés y menos tiempo en pareja.
Un trabajo publicado en la revista Human Nature analizó datos de 3.187 personas en relaciones consolidadas de 25 países y observó que quienes tenían hijos informaban niveles más bajos de amor romántico, intimidad y pasión que quienes no los tenían. La cifra de hijos no cambió la asociación, lo relevante fue tener o no tener descendencia.
El compromiso, entendido como la decisión cognitiva de mantener la relación, no mostró diferencias. La investigación usó la Triangular Love Scale de Sternberg, una escala clásica que evalúa tres componentes del amor romántico, intimidad, pasión y compromiso, y permitió desmenuzar cada uno por separado.
Menos intimidad y pasión, el mismo compromiso
Los autores partían de hipótesis matizadas por trabajos previos, incluso de sociedades tradicionales donde más hijos se asociaban con más pasión en mujeres y más compromiso en ambos sexos. Con datos contemporáneos, y en contextos con anticoncepción disponible, el patrón cambió. La paternidad, pero no el tamaño familiar, se relacionó con menos amor global, menos intimidad y menos pasión. El componente estable, el compromiso, permaneció intacto, lo que sugiere que, pese a la erosión de lo romántico y lo erótico, muchas parejas siguen eligiendo el proyecto común.
¿Por qué podría ocurrir esto? La transición a la maternidad y la paternidad trae noches cortas, nuevas cargas económicas, malabarismos entre trabajo y cuidados y, a menudo, menos tiempo para cultivar la complicidad. El propio artículo lo resume así: estas «demandas vitales» pueden disminuir la sensación de cercanía y atracción entre los miembros de la pareja. No hablamos de una condena, sino de fricciones previsibles que requieren estrategias activas para proteger el vínculo, por ejemplo reservar tiempo exclusivo para la pareja o apoyarse en redes de cuidado.
Los hijos no acaban con el matrimonio, pero sí con la intimidad
El diseño del estudio aporta pistas y límites. La muestra es amplia y multicultural, con edades de 18 a 99 años y un 82% de personas casadas, lo que mejora la generalización respecto a trabajos universitarios de conveniencia. Aun así, no es representativa a nivel nacional y carece de datos sobre el número de hijos deseado o la satisfacción con el tamaño de la familia, dos factores que podrían modular el amor romántico. También conviene recordar que los cuestionarios capturan percepciones subjetivas, valiosas, aunque no equivalentes a observaciones conductuales o biomarcadores.
La intimidad recoge la cercanía emocional, el calor y la autoapertura. La pasión se centra en atracción física y deseo sexual. El compromiso mide la decisión de iniciar y mantener el vínculo. En parejas con hijos, la intimidad puede resentirse porque la atención se desplaza hacia el cuidado, y la pasión, porque el cansancio y el estrés reducen el deseo y la oportunidad. El compromiso, en cambio, puede sostenerse por valores, responsabilidades compartidas y beneficios percibidos de la estabilidad familiar. La foto que emerge no es la de un amor condenado, sino la de un amor que cambia de forma y que exige mantenimiento.
Los autores no dan recetas, pero su conclusión es clara: apoyar las relaciones románticas durante la crianza ayuda a «sostener la conexión emocional y física bajo las demandas de la vida familiar». Es un recordatorio útil para políticas públicas, terapeutas y, sobre todo, para las parejas que desean que el proyecto de familia no se coma a la pareja.
REFERENCIA