Un yacimiento con casi 18.000 huellas de dinosaurios en Bolivia nos cuenta cómo era un día cualquiera en la orilla de un lago del Cretácico
Los huesos no es todo lo que nos queda de los dinosaurios. Sus huellas, llamadas icnitas, registran momentos de vida que los esqueletos rara vez cuentan. En España hay notables yacimientos de icnitas, huellas de dinosaurio de distintos tipos y épocas.
Ahora, en Torotoro, un parque nacional de gran altitud en los Andes bolivianos, un pavimento de roca ha resultado ser el mayor yacimiento de huellas de dinosaurio del que se tiene noticia. La cifra impresiona, pero lo importante es lo que revela del comportamiento de estos animales.
Una pequeña muestra de algunas de las pistas del sitio. (Esperante et al., PLOS One, 2025)
Los investigadores han catalogado en Carreras Pampa casi 18.000 huellas, formadas por dinosaurios que caminaban, corrían y también nadaban hace unos 70 millones de años, justo al final del reinado de estos animales. El recuento incluye 16.600 huellas tridáctilas, distribuidas en 1.321 rastros y 289 pisadas aisladas, y además 1.378 marcas de natación en 280 rastros. Todas pertenecen a terópodos, el grupo que incluye a los carnívoros clásicos (como el tiranosaurio) y, hoy, a las aves. Es un registro abrumador que pulveriza marcas previas y, sobre todo, documenta una variedad de conductas inusual en un solo lugar.
Las huellas de dinosaurios en Bolivia que baten todos los récords
El equipo liderado por Raúl Esperante describe el yacimiento como una concentración excepcional de icnitas de dinosaurios y aves, con huellas de cola, arañazos y trazas de pataleo sobre el fondo somero de un lago. Explican que Carreras Pampa era la orilla de un lago de agua dulce, poco profundo y cargado de carbonatos. Este entorno favoreció una preservación fuera de lo común. El barro estaba lo bastante blando para hundirse con firmeza y lo bastante cohesivo para mantener el relieve hasta que otro sedimento selló las marcas. La superficie, al no ser pisoteada de nuevo de forma intensa, quedó congelada en el tiempo.
Algunas de las huellas de terópodos encontradas en el yacimiento. (Esperante et al., PLOS One, 2025)
La microestructura del sedimento también es importante. La capa con huellas se compone en gran parte de granos ovalados de carbonato, con caparazones de ostrácodos y ooides, y el resto de finas partículas silíceas. Ese cóctel creó una especie de alfombra plástica cuando estaba húmeda, ideal para registrar el paso de animales de distintos tamaños sin que las marcas se colapsaran de inmediato. La orientación de los rastros se organiza en dos direcciones dominantes, lo que sugiere idas y venidas a lo largo de la costa del lago, quizá en busca de agua o alimento.
Dinosaurios del tamaño de una persona
Las huellas varían desde menos de diez centímetros hasta más de treinta. La mayoría corresponde a pies de terópodos de entre 16 y 29 centímetros, animales pequeños o medianos que, como mucho, alcanzarían la altura de una persona adulta. En varios puntos, los investigadores identifican giros bruscos que delatan carreras y cambios de rumbo. También abundan las trazas de cola, que rozan la superficie cuando el animal se hunde y compensa su equilibrio. Estas señales permiten inferir ajustes locomotores sobre un sustrato traicionero, un detalle que rara vez aparece en el registro fósil.
El conjunto se reparte en nueve sectores de una misma superficie de pisadas, con unos 7.485 m² expuestos. Los autores describen once morfotipos de huellas de marcha y tres de natación, además de ocho estilos de preservación. A partir de las zancadas calculan velocidades, andares y tallas de los productores de huellas. Llama la atención la proporción alta de zancadas con longitud relativa superior a 2, un valor asociado a desplazamientos más rápidos que en otros yacimientos comparables. Este mosaico de tamaños y formas apunta a una comunidad diversa de terópodos que compartían la ribera en distintos momentos.
Por número y conservación, Carreras Pampa se une a los llamados Lagerstätten, yacimientos de preservación excepcional. Ostenta la mayor cifra registrada de huellas de terópodos, el mayor número de marcas de natación y una combinación de trazas que desvela cómo se comportaban los animales en un entorno concreto. Es difícil pedir más a un pavimento fósil. Este paisaje de pisadas no solo bate un récord. También ofrece una ventana directa a la ecología de un lago cretácico, con sus orillas transitadas, sus chapoteos y sus resbalones. Una escena cotidiana, detenida para siempre en piedra.
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