Un bulo viral asegura que habrá una pérdida de gravedad durante 7 segundos en el momento del eclipse total de 12 de agosto, que la NASA lo sabe y lo oculta

Quizá no te acuerdes de la física del colegio, pero te la recordamos: la gravedad no se toma vacaciones, ni siquiera durante un eclipse. La gravedad es el pegamento del cosmos en nuestra cabeza y en nuestros libros. Aun así, cada cierto tiempo resurgen bulos que prometen “apagarla” por un rato. Esta vez la fecha mágica es el 12 de agosto de 2026, que coincide con un eclipse total de Sol visible en Islandia y el norte de España. El eclipse es real, la idea de perder gravedad no. La fuerza que sentimos porque la Tierra tiene masa no se desconecta como una lámpara, y ningún alineamiento o moda viral lo cambia.

La historia nació en redes, con vídeos en TikTok e Instagram (ahora desaparecidos) que citaban una supuesta filtración de un documento de la NASA llamado “Project Anchor”. Afirmaban que el 12 de agosto a las 14:33 UTC la gravedad se esfumaría 7 segundos y que “las élites” estaban preparadas. El relato añadía cifras, como un presupuesto de 89 mil millones, para parecer creíble. Nada de eso existe. Investigaciones de medios y verificadores rastrearon el origen a cuentas que propagan bulos y no encontraron documento alguno.

La respuesta oficial es tajante: “La Tierra no perderá gravedad el 12 de agosto de 2026. La gravedad de la Tierra, o fuerza gravitacional total, está determinada por su masa”, según un portavoz de NASA en declaraciones al verificador Snopes. Es decir, la gravedad depende de la masa de la Tierra, que incluye núcleo, manto, corteza, océanos y atmósfera. Para que “desapareciera” tendría que desaparecer la Tierra. Un eclipse no altera esa masa. Y aunque el Sol y la Luna tiran de nosotros, eso se llama marea, no “apagado” de gravedad.

La pérdida de gravedad no es posible

¿Por qué justo esa fecha? Porque el 12 de agosto de 2026 sí ocurrirá un eclipse total de Sol. La sombra de la Luna cruzará Groenlandia, Islandia y el norte de España. En nuestro país la franja de totalidad atravesará, entre otros puntos, la cornisa cantábrica y parte del Valle del Ebro incluyendo Asturias, Teruel y Mallorca. Será un espectáculo precioso, pero no cambia la física de la gravedad ni un ápice. Los eclipses y las mareas se calculan con décadas de antelación y no implican apagones gravitatorios.

Otro gancho del bulo menciona “ondas gravitatorias” que chocarían y neutralizarían la gravedad. Las ondas gravitacionales son arrugas minúsculas del espacio-tiempo creadas por fenómenos extremos, como la fusión de agujeros negros. Las detectamos con interferómetros del tamaño de kilómetros y aun así la señal es diminuta. Pero no “apagan” la gravedad en la Tierra para nada, ni mucho menos de forma global durante segundos. Confundir ondas gravitacionales con un interruptor de gravedad es mezclar conceptos que no tienen relación.

¿Qué pasaría en caso de pérdida de gravedad?

¿Y si por una causa desconocida, la gravedad se apagase durante 7 segundos? No flotaríamos suavemente como astronautas. La gravedad se da entre dos masas que se atraen, y eso quiere decir que funciona en las dos direcciones. Sin gravedad, la atracción del Sol dejaría de tener efecto sobre la Tierra, que seguiría moviéndose en línea recta a la velocidad que ya llevaba por la rotación terrestre, saliéndose de la órbita alrededor del sol, el aire, los océanos y nosotros incluidos. En milésimas de segundo se produciría un escenario catastrófico, no cómico. Precisamente por eso los científicos insisten en que la premisa es imposible.

Entonces, ¿qué sí pasará ese día? Un eclipse total, y además con Perseidas en su mejor noche. Si te colocas en la estrecha franja de totalidad, el cielo se oscurecerá durante un par de minutos, verás la corona solar y, con suerte, un cometa o una estrella brillante cerca del Sol. Si estás fuera de esa franja, vivirás un parcial profundo. En ningún caso notarás cambios en tu peso por un “apagón” gravitatorio.

Los bulos triunfan porque explotan nuestro asombro ante fenómenos celestes y desconfianza hacia las instituciones. La receta contra la desinformación es la de siempre: contrasta fuentes, busca la explicación física más sencilla y pregunta a quien observa el cielo porque es su trabajo, no a un influencer. La gravedad no se toma vacaciones.