No se puede decir en general que a las mujeres les gustan las barbas en los hombres, las mujeres jóvenes ven menos atractivo el vello facial que las mayores
¿Qué hace a un hombre más atractivo físicamente para las mujeres? Depende. Las preferencias sobre barbas, musculatura y silueta masculina cambian con la edad y el estado reproductivo de las mujeres, desde la premenopausia hasta la posmenopausia, según nueva investigación.
La atracción física humana se apoya en señales biológicas, los llamados caracteres sexuales secundarios. El ancho de hombros, la mandíbula marcada o la barba transmiten información sobre las hormonas y la salud del portador.
Durante décadas la psicología evolutiva ha sugerido que las mujeres en edad fértil priorizan rasgos asociados a “buenos genes”. La mayoría de estudios, sin embargo, se ha centrado en mujeres jóvenes y ha dejado en segundo plano cómo evolucionan estas preferencias con la edad. La transición de la menopausia implica cambios hormonales profundos y, con ellos, posibles ajustes en la estrategia de pareja, un terreno que empieza a cartografiarse con más detalle.
A las mujeres les gustan las barbas cuando cumplen más años
El nuevo trabajo, publicado en la revista Adaptive Human Behavior and Physiology, examinó si la edad y el estado reproductivo de las mujeres se relacionan con su valoración de rasgos masculinos. El equipo, integrado por investigadoras e investigadores de universidades de Wroclaw y Varsovia, reclutó a 122 mujeres polacas de 19 a 70 años mediante un cuestionario en línea. Clasificaron a las participantes en tres grupos: premenopausia, con ciclos regulares; perimenopausia, con síntomas y ciclos irregulares; y posmenopausia, con al menos un año sin menstruación.
Para evaluar las preferencias, el estudio partió de fotografías de un único modelo masculino de 22 años. Con edición digital crearon versiones que manipulaban varios rasgos. En el rostro, generaron variantes feminizado, intermedio y fuertemente masculinizado. También modificaron el vello facial para presentar cara afeitada, barba incipiente y barba completa. En el cuerpo, ajustaron la relación hombros-caderas para obtener siluetas en V, H y A, y alteraron la musculatura para mostrar constitución no musculada, moderadamente musculada o muy musculada. Las participantes puntuaron cada imagen del 1 al 10 en tres dimensiones: atractivo físico, agresividad percibida y dominancia social percibida.
La musculatura, menos atractiva en la menopausia
Los resultados indican que el estado reproductivo influye en la percepción del atractivo. Un hallazgo llamativo apareció en la forma del torso: las mujeres posmenopáusicas calificaron como menos atractiva la silueta en V, típica de hombros anchos y caderas estrechas, frente a otras formas. Ese patrón contrasta con la expectativa evolutiva de que la V sea el marcador clásico de aptitud masculina, lo que sugiere que, al salir de los años reproductivos, ese “señal” pierde tirón.
La edad también se asoció de forma clara a la valoración de la barba. Las mujeres mayores otorgaron puntuaciones más altas a barbas medias y completas que las mujeres jóvenes, que mostraron menor preferencia por el vello facial. El equipo propone que las barbas podrían comunicar madurez y estatus social, más allá de la simple “potencia genética”. En las participantes jóvenes, la barba quizá oculte rasgos faciales que ayudan a evaluar la calidad del posible compañero.
El análisis de la masculinidad facial fue más complejo. La edad cronológica mostró una ligera asociación positiva con la preferencia por caras feminizadas, coherente con una mayor valoración de rasgos “suaves” ligados a cooperación. Pero al aislar la menopausia como factor biológico, emergió un patrón distinto: las mujeres posmenopáusicas consideraron menos atractivos los rostros feminizados que las premenopáusicas. La relación entre edad, estatus reproductivo y preferencias faciales, por tanto, no es lineal.
En cuanto a la agresividad percibida, las mujeres posmenopáusicas calificaron a los hombres con musculatura media como más agresivos que a los de otras constituciones. Ese vínculo no apareció en los grupos más jóvenes. Los autores plantean que con la edad, la musculatura visible podría interpretarse como amenaza potencial en lugar de protección. Por su parte, no hallaron asociaciones entre estos rasgos físicos y la dominancia social percibida, ni variaciones por edad o menopausia en esa dimensión, lo que sugiere que la dominancia se evalúa con señales que no capturan bien las fotos estáticas.
El estudio reconoce limitaciones. El muestreo en cadena, donde las participantes reclutan a nuevas participantes, puede sesgar la muestra. El formato en línea puede excluir a mujeres mayores menos familiarizadas con la tecnología. Además, todas las imágenes derivaban de un único modelo de 22 años, una edad quizá poco relevante para mujeres de 50, 60 o 70 años. Trabajos futuros deberían incluir modelos de distintas edades para captar mejor las preferencias a lo largo del ciclo vital.
En conjunto, los datos apoyan que los cambios biológicos ligados a la menopausia y el simple paso del tiempo ajustan los criterios con los que muchas mujeres juzgan el atractivo masculino. Lo que resulta deseable a los 25 no tiene por qué serlo a los 65.
REFERENCIA