¿Por qué no se ha podido volver a la Luna hasta ahora y, sobre todo, por qué volver ahora? Esta vez, la política y la economía son las que mandan

«El último que apague la luz», parece que dijo la NASA hace más de 53 años. Ese es el tiempo que ha pasado desde que el comandante Eugene Cernan dejó la última huella humana en el polvo lunar durante la misión Apollo 17, en diciembre de 1972.

Durante décadas, nuestro satélite pareció ser un capítulo cerrado de la Guerra Fría, un trofeo en una vitrina geopolítica que estaba acumulando polvo (lunar). Sin embargo, hoy el motor del cohete más potente del mundo vuelve a rugir en Cabo Cañaveral. Con el programa Artemis 2, la humanidad no solo busca volver a visitar la Luna; esta vez, el plan es quedarse. Pero, ¿por qué ahora? ¿Es una misión científica o una simple carrera por el control de recursos estratégicos?

Cinco décadas de desinterés: ¿por qué dejamos de ir a la Luna?

Entre 1969 y 1972, doce astronautas caminaron sobre la Luna. La carrera espacial original entre Estados Unidos y la Unión Soviética no nació de una curiosidad académica pura, sino de una necesidad geopolítica: demostrar la superioridad ideológica y tecnológica. Una vez que el presidente Kennedy cumplió su promesa de poner a un hombre en la Luna antes del fin de la década de 1960, el interés político se desvaneció.

misión Apollo a la Luna

Misión Apollo a la Luna. NASA

El principal motivo de la suspensión de las misiones fue el económico. El coste fue, nunca mejor dicho, astronómico: se estimaron 7.000 millones de dólares, pero el programa Apollo terminó costando 20.000 millones. En dinero de hoy, serían cerca de 160.000 millones.

Al mismo tiempo, EE. UU. se enfrentaba a los crecientes gastos de la Guerra de Vietnam y tensiones sociales internas que restaron apoyo público a la inversión espacial: la contracultura de los años 70 y la llucha por la igualdad de la minoría negra.

Por su parte, la Unión Soviética, tras perder la carrera por el primer alunizaje, también perdió el impulso. Con el tiempo, la NASA redirigió sus fondos hacia el transbordador espacial y la Estación Espacial Internacional (ISS), priorizando las operaciones en la órbita baja terrestre, que, en comparación, son mucho más baratas.

El nuevo interés por la Luna: geopolítica, dinero y China

La actual misión Artemis II, programada para llevar a cuatro astronautas (incluyendo a la primera mujer y a la primera persona de color en este tipo de misiones) a orbitar la Luna, es un cambio, sobre todo por la motivación. El interés en la Luna ahora responde a tres factores clave: la ubicación estratégica de la Luna, los recursos naturales que contiene y la competencia con China.

EE.UU. ya ha perdido la carrera contra China en inteligencia artificial, coches eléctricos, tecnología de baterías y control de tierras raras, transición energética e influencia global

Políticamente, el panorama ha cambiado. China se ha consolidado como una potencia espacial con planes de poner astronautas en la Luna para 2030 y construir su propia infraestructura. Para Estados Unidos, no regresar significaría ceder el liderazgo en el espacio profundo. Otro golpe, sobre todo si se tiene en cuenta que EE.UU. ya ha perdido la carrera contra China en inteligencia artificial, coches eléctricos, tecnología de baterías y control de tierras raras, transición energética a las renovables e influencia global en zonas como África y Latinoamérica.

Ilustración: El rover Chang'e-4 explorará una enorme cuenca de impacto en la cara oculta

Ilustración: El rover Chang’e-4 explorará una enorme cuenca de impacto en la cara oculta

Económicamente, el programa Artemis ya ha costado más de 93.000 millones de dólares desde 2012. Sin embargo, la NASA argumenta que esta inversión no «se lanza al espacio», sino que impulsa la industria terrestre, acelerando tecnologías en robótica, inteligencia artificial y medicina que luego se aplican en nuestra vida cotidiana. Si parece mucho dinero, hay que ponerlo, como siempre, en contexto: el gasto militar en EE.UU. es de 900.000 millones al año. Diez veces más.

El plan de colonización y explotación de la Luna

A diferencia de las misiones Apollo, que eran visitas breves de pocos días, Artemis busca una presencia humana sostenida. El plan de colonización tiene varias partes:

  • La Estación Gateway: una estación espacial que orbitará la Luna, sirviendo como centro de transporte y lugar de residencia para los astronautas antes de descender a la superficie.
  • El Polo Sur lunar: el objetivo es establecer una base en esta región porque se cree que contiene agua helada. Este recurso es vital: no solo para beber, sino para descomponerlo en hidrógeno y oxígeno para fabricar combustible para cohetes.
  • Minería espacial: la Luna es rica en metales raros y Helio-3, un isótopo escaso en la Tierra que podría ser clave para el desarrollo de futuras tecnologías energéticas (fusión nuclear) y cuánticas.

La Luna se ve ahora más como una «gasolinera» y un puerto de salida hacia destinos más lejanos, como Marte. Lanzar misiones desde la Luna es mucho más barato que hacerlo desde la Tierra debido a su baja gravedad.

¿Es la ciencia lo que menos importa en la Luna?

Ante este despliegue de intereses económicos y estratégicos, es fácil pensar que la ciencia ha quedado en segundo plano. Sin embargo, los expertos sostienen lo contrario. La Luna es un archivo intacto y sin explotar del sistema solar. Al no tener erosión meteorológica como la Tierra, sus rocas de hasta 4.500 millones de años actúan como cápsulas del tiempo que pueden explicarnos el origen de nuestro propio planeta.

Si bien los robots son útiles, los astronautas son entre 100 y 1.000 veces más eficientes realizando trabajos científicos de campo. Pueden tomar decisiones rápidas, identificar rocas inusuales y realizar experimentos complejos que una máquina no podría. Si fuera solo por los recursos, los robots bastarían. Aunque la competencia por explotar la Luna es un motor innegable de la misión, la ciencia sigue estando ahí.

Una nueva era de cooperación (y competencia)

El éxito de Artemis dependerá de una delicada alineación de intereses políticos, económicos y científicos. A través de los Acuerdos de Artemis, más de 60 países se han unido a EE. UU. para establecer normas comunes sobre el uso del espacio. Esta vez, la Luna no es la meta final, sino el campo de entrenamiento para aprender a vivir en otros mundos.

Estamos presenciando una carrera, sí, pero una carrera que podría definir el futuro tecnológico de la humanidad en la Tierra. Como dijo el administrador de la NASA: «Esta vez, cuando vayamos a la Luna, vamos para quedarnos».

REFERENCIA

Programa Artemis de la NASA

Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).