Aunque parezcan solitarios e independientes, los hongos son unos chismosos, una reciente investigación llevada a cabo en Japón ha estudiado el sistema de comunicación de los hongos en los bosques
Cuando pensamos en comunicación en la naturaleza, los primeros ejemplos que se nos vienen a la mente son el canto de las aves o las danzas de las abejas, pero incluso organismos como los hongos se comunican entre sí.
El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, revela que los hongos no son organismos pasivos que simplemente esperan a que la comida les caiga del cielo. En realidad, poseen una red de comunicación electroquímica que les permite compartir información crítica sobre la ubicación de nutrientes en tiempo real.
Esta red está hecha de micelios fúngicos, que es el verdadero cerebro del hongo, una estructura subterránea formada por filamentos finos llamados hifas. El micelio es la parte “viva” de los hongos, su cerebro, y la red que utilizan para hablar entre sí. Las setas, en realidad, son solo órganos reproductores que vemos de vez en cuando.

Red de comunicación de hongos a través del micelio. Imagen: Rainbo
El organismo más grande del mundo por su superficie es un hongo, el Armillaria ostoyae (hongo de la miel), situado en las Montañas Azules de Oregón, cuyo micelio subterráneo se extiende a lo largo de más de 9,6 kilómetros cuadrados y tiene entre 2.400 y 8.650 años de antigüedad y funciona como un único organismo clonal interconectado, matando árboles a medida que se expande.
El hallazgo, liderado por Yu Fukasawa, profesor de la Universidad de Tohoku, muestra que estas redes fúngicas no solo reaccionan al entorno, sino que modulan la intensidad de su “conversación eléctrica” respondiendo de formas diferentes según lo que ocurre a su alrededor.
Cómo funciona el sistema de comunicación de los hongos
Los investigadores se trasladaron a un bosque en la ciudad de Kami en Japón, donde seleccionaron 37 ejemplares de hongos ectomicorrícicos de dos especies del género Hebeloma: H. danicum y H. cylindrosporum. Estos hongos son conocidos como «hongos del amoníaco» porque florecen en suelos con altas concentraciones de este compuesto.
El equipo instaló electrodos en el sombrero y el tallo de cada seta para medir el potencial eléctrico cada segundo durante varios días. El objetivo era observar cómo fluía la información a través del micelio dependiendo de cómo cambiaba el entorno.
Hongos con electrodos conectados. Créditos: Yu fukusawa
El experimento consistió en ver cómo reaccionaban los hongos a estímulos diferentes, se roció agua en zonas concretas cerca de la base de una seta, lo que provocó que el flujo de información eléctrica hacia las demás aumentará significativamente. La conclusión de los científicos fue que el agua activa procesos fisiológicos que hacen que las setas envíen señales y nutrientes a través de las hifas.
Sin embargo, cuando regaban toda la zona donde se encontraban estos hongos, el flujo de información era mucho menor, como si al recibir todos la misma noticia ya no hubiera necesidad de pasar el mensaje.
Los científicos también utilizaron orina para regar los hongos
Los investigadores usaron también la orina como estímulo simulando cuando personas o animales orinan al aire libre, algo que ocurre a menudo en el bosque. La orina contiene urea, que es una fuente rica en amoniaco, una sustancia que algunos hongos necesitan para crecer pero que rara vez encuentran en abundancia en estado puro.
Lo sorprendente es que descubrieron que la red eléctrica del micelio no responde igual frente al agua que frente a la orina, cuando aplicaban orina, el flujo tendía a reducirse, lo que sugiere que el sistema se adapta según el estímulo, reaccionando más a pequeños cambios localizados, como una lluvia puntual que, a una saturación química general, como una gran cantidad de orina.
Además, estás señales se producían de forma direccional, algunos hongos parecían actuar principalmente como emisores de información, mientras otros funcionaban como receptores, pudiendo cambiar de roles según las condiciones ambientales y su estado fisiológico. Estas señales se transmiten independientemente de la especie, entre hongos que conviven en el mismo suelo, y con mayor intensidad cuanto más cercan están los unos de los otros.
Este estudio nos ayuda a entender cómo funciona este sistema vivo de intercambio de información y cómo responde a diferentes estímulos y cambios en el entorno. Aunque aún queda mucho por investigar, se ha podido confirmar que el bosque es un lugar mucho más conectado de lo que imaginamos.
La próxima vez que orines al aire libre en un bosque recuerda que, bajo tus pies, las setas lo saben y están “cotilleando” entre ellas sobre lo que acabas de hacer.
REFERENCIA
Electrical information flows across sporocarps of two ectomycorrhizal fungi in the field