Investigadores de la Universidad de Florida demuestran en modelos animales que la privación crónica de sueño altera la microbiota intestinal, acelerando el crecimiento tumoral y reduciendo la eficacia de la quimioterapia más empleada contra este tipo de cáncer.
El cáncer colorrectal ya es la causa de muerte por cáncer más frecuente en menores de 50 años en Estados Unidos, y su incidencia sube también en España. Lo que hasta ahora no teníamos era una explicación molecular clara de por qué dormir mal lo empeora todo. Un equipo del UF Health Cancer Institute acaba de presentar esa explicación, y el culpable inesperado es el microbioma intestinal.
El microbioma, eslabón entre el sueño y el tumor
El microbioma intestinal es el conjunto de billones de microorganismos (bacterias, hongos, virus) que habitan en nuestro intestino. Su relación con el sistema inmunitario es tan estrecha que algunos investigadores lo describen como un segundo sistema nervioso. Christian Jobin, catedrático de Medicina en la Universidad de Florida y codirector del programa de Inmuno-Oncología y Microbioma del UF Health Cancer Institute, lleva años estudiando cómo los microbios intestinales modulan la respuesta al cáncer. La pregunta que su equipo quería responder era concreta: ¿puede la falta de sueño alterar el microbioma de una manera que favorezca al tumor?
Para responderla, los investigadores utilizaron ratones sometidos a privación crónica de sueño, imitando lo que ocurre en humanos con insomnio persistente o turnos nocturnos prolongados. Luego recogieron muestras de heces de esos ratones y las trasplantaron a ratones sanos cuya microbiota había sido eliminada previamente. Este diseño experimental es clave: al transferir solo la microbiota, los investigadores pudieron aislar su papel específico, sin que interfirieran otros factores del sueño como el cortisol o la melatonina.
El tumor crece más y la quimioterapia pierde fuerza
Los resultados presentados el 20 de abril en el Congreso Anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (AACR) en San Diego fueron contundentes. Los ratones que recibieron la microbiota de individuos con privación de sueño mostraron mayor volumen tumoral que los controles. Además, el 5-fluorouracilo (5-FU), el fármaco de quimioterapia más utilizado en el cáncer colorrectal, fue significativamente menos eficaz en estos animales. Y no solo eso: las poblaciones de células inmunitarias con actividad antitumoral en el microentorno del tumor estaban reducidas, y los genes que regulan el ritmo circadiano aparecían alterados.
«La privación de sueño alteró la composición de la microbiota y, más allá de eso, creemos que modifica el comportamiento de las bacterias», explicó María Hernández, estudiante de posgrado del laboratorio de Jobin y autora principal de la presentación. «Demostramos que esos cambios tienen efectos funcionales tanto en la progresión del cáncer como en la respuesta a los tratamientos. Algo está ocurriendo en el microbioma que provoca la disminución de la eficacia terapéutica».
Una advertencia para pacientes y para la medicina oncológica
Los trastornos del sueño son extraordinariamente frecuentes entre los pacientes con cáncer. La ansiedad ante el diagnóstico, los efectos secundarios de los tratamientos, la hospitalización prolongada y el dolor contribuyen a que muchos de ellos duerman mal durante meses. Sin embargo, rara vez se recogen datos de sueño de forma sistemática en los ensayos clínicos, y su influencia en los resultados oncológicos ha estado infraestudiada. Este trabajo pone sobre la mesa una conexión que no puede seguir ignorándose.
«La privación de sueño es muy común entre los pacientes con cáncer, pero a menudo se pasa por alto en la atención clínica, y faltaba evidencia molecular que la vinculara con los resultados de la enfermedad», señaló Hernández. «Este estudio subraya la importancia de mantener un microbioma sano durmiendo bien y con una alimentación adecuada. Nuestro hallazgo es relevante porque pone el acento en la necesidad de evaluar al paciente de manera integral e identificar cómo podemos apoyar mejor estos sistemas para mejorar los resultados».
El microbioma es plástico, y eso es una buena noticia
La parte alentadora de estos hallazgos es que el microbioma no es estático. A diferencia del genoma, que no cambia, la comunidad bacteriana intestinal responde a la dieta, al ejercicio, al estrés y, precisamente, al sueño. «Sabemos tanto sobre el microbioma que necesitamos empezar a cuidarlo, a tratarlo con respeto», dijo Jobin. «Como decía tu madre: duerme bien y come bien. Lo entendemos de forma intuitiva, pero ahora sabemos que puede estar mediado por el microbioma. Podría ser algo que está en sintonía con tu estilo de vida».
El equipo trabaja actualmente para identificar el mecanismo exacto y localizar la molécula específica implicada. El laboratorio de Jobin ya tiene experiencia en este tipo de aproximación: recientemente identificó una molécula producida por bacterias intestinales capaz de potenciar la respuesta al tratamiento del cáncer de pulmón, y ahora quiere aplicar una estrategia similar a los cambios provocados por la falta de sueño. El objetivo a largo plazo es desarrollar intervenciones (probióticos dirigidos, moduladores del microbioma o fármacos específicos) que puedan reequilibrar la microbiota de los pacientes oncológicos que no pueden dormir bien, y así recuperar parte de la eficacia terapéutica perdida.
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