Un estudio ha analizado el corazón del tiburón de Groenlandia para saber cuál es el secreto para vivir más que esconde este animal centenario

Un animal que nació antes de que se fundara la ciudad de Nueva York, en la época de la ilustración, que vivió en la época de la revolución industrial y que continúa nadando tranquilamente por las gélidas y oscuras aguas del ártico.

El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), es el vertebrado más longevo de la Tierra, con una esperanza de vida que puede alcanzar e incluso superar los 400 años. Un gigante marino que no alcanza su madurez sexual hasta los 150 años, lo que lo convierte en un organismo único para estudiar la base biológica de la longevidad, es decir, cómo es posible vivir tanto tiempo.

Un reciente estudio internacional, publicado en la revista Aging Cell, ha analizado el corazón de este escualo para entender cómo resiste el paso del tiempo para descubrir, que al contrario de lo que creían, la fuente de su juventud no proviene de su corazón, que muestra signos de envejecimiento que serían mortales para cualquier otra especie.

El corazón de un tiburón centenario

Los científicos han creído hasta ahora que el secreto de la longevidad del tiburón se basaba en la capacidad de mantener sus órganos intactos a nivel celular, sin embargo, al analizar muestras de tejido cardíaco el equipo descubrió que los corazones de estos tiburones presentaban una fibrosis extensa, que es una acumulación excesiva y generalizada de tejido cicatricial (conectivo), que normalmente endurece el músculo cardíaco y reduce su capacidad de bombeo, al menos en la mayoría de los vertebrado conocidos.

Hallaron acumulaciones masivas de lipofuscina, que es un pigmento ce color pardo amarillento, conocido como “pigmento del envejecimiento” o de “desgaste”, que se acumula en las células a medida que envejecemos, es decir, que es un marcador de envejecimiento celular progresivo.

Se observaron también mitocondrias dañadas y lisosomas, los centros de reciclaje de la célula, anormalmente agrandados y niveles elevados de 3-nitrotirosina, señales de estrés metabólico y oxidativo acumulado durante siglos. Unos niveles de deterioro estructural que normalmente serían incompatibles con la vida, y sin embargo estos animales estaban vivos, sanos y eran plenamente capaces de cazar.

Los científicos compararon el corazón del tiburón de Groenlandia con el de otras dos especies como el tiburón sable negro (Etmopterus spinax), un pariente de aguas profundas que vive solo unos 10 años, y el pez killifish turquesa (Nothobranchius furzeri), conocido por su envejecimiento acelerado. Ninguno de estas especies mostró los mismos niveles de deterioro, lo que es una característica específica de su longevidad.

El secreto para vivir más del tiburón de Groenlandia

Los investigadores se dieron cuenta de que el tiburón de Groenlandia no sobrevive evitando el daño celular, sino mediante una resiliencia biológica extraordinaria. Este tiburón ha conseguido evolucionar a través de adaptaciones fisiológicas que le permiten compensar el daño causado por el envejecimiento.

Con un metabolismo extremadamente bajo y un ritmo de natación que denominan “marcha lenta” ya que se desplaza a una velocidad media de 0,3 metros por segundo, el estrés mecánico sobre su corazón se reduce de forma drástica, lo que se suma a que posee una aorta ventral con una elasticidad excepcional que mitiga la rigidez del músculo cardíaco, permitiendo una circulación eficiente incluso a presiones arteriales muy bajas, y además, poseen mecanismos de reparación del ADN y genes supresores de tumores que protegen la estabilidad de sus células durante cientos de años.

Por lo tanto, el secreto para vivir más no está en detener el envejecimiento, sino en aprender a desarrollar mecanismos que resistan el desgaste natural de los órganos. El tiburón de Groenlandia nos demuestra que la vida puede persistir y florecer a pesar de las cicatrices del tiempo, ofreciendo una perspectiva sobre la importancia de un envejecimiento más saludable y funcional.

REFERENCIA

Resilience to Cardiac Aging in Greenland Shark Somniosus microcephalus 

Imagen: National Geographic